Martes 27 de julio de 2021
TURISMO | 23-02-2021 17:41

República Dominicana: mil maneras de surfear en sus playas

Una playa que otrora fue tranquila es el destino favorito de deportistas de todo el mundo. Además, mantienen la propuesta del seguro de salud gratuito para los turistas internacionales.
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El gobierno de República Dominicana puso en marcha el plan “Vacúnate RD” a partir de la llegada de un cargamento de 110 kilos de vacunas. Para fines de 2021, el 70 % de los dominicanos mayores de 18 años (7.8 millones de personas) estarán vacunados. El país insular está considerado un caso de éxito por la reactivación responsable del turismo bajo estrictos protocolos de seguridad que protegen la salud de visitantes y locales. Además, hasta el 31 de marzo de 2021, todos los turistas internacionales que lleguen por vía aérea y se hospeden en un hotel tienen un plan de cobertura médica gratuito que cubre todo tipo de emergencias, incluido un posible contagio de Covid-19.

Seguramente seguirá siendo un destino soñado para muchos, sobre todo para los amantes del surf en todas sus variantes. Y prueba de ello es la playa de Cabarete. Cuando Marcus Böhm llegó allí, surfeó durante 60 días hasta que las ampollas en sus manos lo obligaron a hacer una pausa. Fue en el verano de 1990. “El windsurf era entonces el deporte más cool del mundo -relata Böhm, foto abajo-. Y con 20 años yo era el más joven aquí”. Hoy Böhm, que creció en la ciudad alemana de Neu-Ulm, tiene 50 años y sigue viviendo aquí en la costa norte de la República Domincana su sueño surfista en el Caribe con sus rulos rubios debajo de una gorra de camionero, el rostro curtido y los ojos azules como el mar.

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”Por la mañana, puedes barrenar olas, al mediodía comer y luego practicar windsurfing o kitesurfing”, explica. A esa hora soplan los vientos alisios de manera confiable y en el ángulo justo hacia la playa. Además, hay una escollera que protege de las olas: condiciones
ideales para la singular competencia en cuatro disciplinas a la que se dedica Böhm. En el Master of The Ocean que se desarrolla allí los participantes compiten en surf, windsurf, kitesurf y SUP (stand up paddleboarding o surf de remo). Quien quiera conquistar el título, debe dominar las cuatro disciplinas. ”Por deporte hay unas 200 a 300 personas en Cabarete”, aclara el experto. Los mundillos apenas se mezclan. La competencia pretende reunir a los deportistas de las cuatro disciplinas. “Y poner freno a los grandes egos”.

Paraíso del turismo

Además, el evento pretende mejorar la reputación de Cabarete en el mundo del surf y atraer visitantes. Y es que las épocas en que era
un romántico pueblo de pescadores ya pasaron. Es desde hace tiempo un destino turístico totalmente desarrollado. Quien en la actualidad pasee a lo largo de los muchos kilómetros de la bahía pasa delante de numerosas escuelas de surf. En el medio de la playa, hay una mezcla salvaje de restaurantes y bares. Y hoteles de varias plantas se aseguraron un buen lugar detrás de las elegantes palmeras.

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Rolf Kientsch llegó a Cabarete en 1979. “Por amor -asegura-. Las casas entonces eran de troncos de palmera”, relata este hombre de 68 años. ”El agua se sacaba de pozos. Por la noche prendíamos lámparas de queroseno”. Ese tiempo idílico terminó en los años 1990. Cuando empezaron a llegar turistas a los alojamientos de Playa Dorada en vuelos chárter, también empezó el auge de la zona.

Nuevo deporte, nueva felicidad

En algún momento aparecieron los tipos que se dejaban llevar por cometas acrobáticas por sobre el mar. Los aficionados al
windsurf no estaban para nada felices, salvo Marcus Böhm. A un novato le compró su equipo y comenzó a practicar. El deporte es mucho más rápido de aprender que el windsurf, el equipo es más barato y es más liviano. Los turistas lo pueden traer en el avión.

”Las chicas adoraban volar por el aire", recuerda Wilson Taveras con una sonrisa amplia. Este rastaman robusto, de 37 años, fue uno de los primeros practicantes de kitesurf en República Dominicana. Sobre todo porque creció en la playa a la que los practicantes de
windsurf confinaron a los nuevos con sus cometas. “Después de un par de semanas, ya podíamos saltar por encima de las olas. Cada día descubríamos trucos nuevos” -relata Taveras-. Quien paraba unos días, perdía la conexión”.

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Hoy su playa natal se llama Kite Beach. También aquí se sucede un hotel detrás de otro. El kitesurf conquistó todo Cabarete. Böhm
estima que hoy en día más del 90 % de los surfers lo practican. Un cambio que fue una bendición para Cabarete. ”El kitesurf abrió las puertas del océano a todos”, dice Taveras. Previamente, los instructores de surf eran francocanadienses, europeos o estadounidenses. Ahora los dominicanos tomaron el mando y tienen sus propias escuelas.

Trabajadores lejos de casa

Marcus Böhm ya se había mudado entonces. A la siguiente playa, al siguiente deporte. En la Playa Encuentro, donde la escollera llega
hasta cerca de la playa, abrió un campamento para surfistas. El mar aquí es más áspero. La playa aún no tiene construcciones. Es
cool y alternativo. A la sombra de los almendros de los trópicos, los huéspedes descansan en hamacas entre filas de tablas de colores.

Böhm parece conocer a todos aquí. Saluda a los huéspedes, le hace una broma a un viejo amigo y charla con un rico banquero de inversiones, que prefiere dirigir su empresa desde Cabarete que desde Wall Street. Pero también el refugio en Encuentro parece amenazado. ”Está floreciendo el mercado del lujo”, dice el agente inmobiliario Anton Lvov, de 36 años, en su oficina climatizada en el medio de la ciudad. Ahora hay muy buenos restaurantes en los que se consigue champán. Algunos de sus clientes vuelan por un fin de semana desde Nueva York o Miami.

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Solo la mitad de los huéspedes viene a surfear, estima Böhm. En estos días sin viento parecen incluso menos. En la bahía de Cabarete, unos barrigones se tiran a la espuma de las olas. Niños y niñas juegan al vóley. La mayoría de los turistas simplemente pasean por la bahía o descansan en sus reposeras. Y sueñan, quizá, con cómo será deslizarse por encima de las olas del mar allá afuera.

dpa

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