Sábado 8 de agosto de 2020
TURISMO | 20-02-2020 14:01

Esquel: destino ideal para un safari fotográfico

Una excusa para realizar turismo familiar, este tipo de experiencias compartidas tienen en la zona una multitud de especies de animales, especialmente de aves, para descubrir y guardar en la cámara.
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Es uno de los destinos del verano argentino y, por ser poco explorado, Esquel siempre tiene una propuesta nueva para los visitantes. Ahora es la posibilidad de hacer un safari fotográfico, pues en esa zona del oeste patagónico se cruzan tres ambientes cuya flora y fauna deslumbran por su diversidad.

La ciudad está ubicada en un ambiente de ecotono, punto medio entre el húmedo bosque andino patagónico (unos 30 kilómetros hacia el oeste) y la estepa (que se extiende como meseta árida descendiente hacia el Atlántico). Cerros y espejos de agua armonizan la convivencia entre estos ambientes tan opuestos y cercanos, dotando a Esquel de una singular diversidad de especies residentes y migrantes, que no se repite en otras localidades de la región. Durante el año, la vida silvestre muta con la llegada de cada estación, generando novedades permanentes para los gustosos del avistaje y toda la variedad de actividades del ecoturismo. Un paraíso intermedio entre los colores intensos del bosque de lengas, con sus arroyos y cascadas que se esconden y el horizonte insondable de la estepa, transmitiendo libertad y esperanza.

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Guías expertos

Si bien cada uno puede salir a caminar a su ritmo, munido de binoculares y cámara, en la ciudad hay guías especializados que trabajaron en el diseño de recorridos que permitan acercarse a la diversidad de la vida silvestre en una o dos jornadas, una semana e incluso quince días.

Para quienes centran su mirada en las aves, de octubre a marzo está la posibilidad de acceder a excursiones de jornada completa para conocer la diversidad de aves que conviven entre el bosque andino patagónico, el ecotono, la estepa, el humedal y la alta montaña.

Cada año también se ofrecen safaris fotográficos estacionales de cinco días en los que se recorren 1.200 km en camionetas 4x4, para reconocer la transición bosque - estepa para observar la evolución anual de las especies, las adaptaciones para sobrevivir y los cambios que se producen en el paisaje. Se priorizan los horarios de luz natural para capturar las mejores postales. En la unión de los océanos se recorren ambientes contrastados de bosques, volcanes, glaciares colgantes, con la selva valdiviana en el oeste y la árida costa atlántica en el Este.

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Caminos de ripio secundarios llevan a sitios poco visitados y paisajes vírgenes que, fuera de los circuitos turísticos habituales, desbordan la capacidad de asombro de los aventureros exploradores. Empero, los lugares más característicos de este recorrido no quedan excluidos: el Parque Pumalin en Chile, el Parque Nacional Los Alerces (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), Piedra Parada y la Bahía Bustamante, entre otros atractivos.

El tesoro de la diversidad

Uno de los pájaros que se pueden divisar es el carpintero gigante, una de las especies más buscadas por los visitantes que arriban a Esquel. Mide unos 35 centímetros y es el más grande de Sudamérica; tiene un canto característico y a veces es posible llamarlo golpeando un árbol con una piedra para imitar su pico buscando larvas y gusanos en las cortezas. Prefiere los árboles añosos, ya que al estar más podridos, se le vuelve más fácil escarbar los huecos donde anida y busca su alimento. El macho tiene cuerpo negro y la cabeza roja con el típico copete, igual al “pájaro loco” del dibujo animado. La hembra es toda negra, con un dejo de rojo sólo en la base del pico.

También se puede ver al loro del bosque denominado cachaña, que es la cotorra más austral y primitiva del mundo, y flamencos, el aguilucho andino en la alta montaña, ave escasa y exclusiva de la cordillera patagónica; y los rinocríptidos, aves con forma de gallinita, haraganas para volar y que en América son 59 especies distribuidas en 12 géneros, muchas de las cuales habitan la zona cordillerana. Entre otros rinocríptidos, se puede mencionar a los huet huets, los churrines andinos y los chucaos; todos ellos muy solicitados por los observadores más avezados.

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Y sin dudas el cóndor es el favorito, ave singular de la Patagonia que anida en la cordillera y puede recorrer hasta 600 kilómetros en un mismo día para alimentarse en la costa atlántica y volver a su hogar aprovechando las corrientes térmicas.

Cada zona tiene sus ventajas para la observación En la estepa, los arbustos miden menos que una persona, por lo que el registro fotográfico es más accesible. El bosque andino patagónico, en tanto, con su frondosa e irregular geografía, ofrece postales más vistosas. El ecotono en el que está emplazado Esquel posee las especies más plásticas y dúctiles de ambos ambientes extremos. Un ejemplo de ello son los zorzales patagónicos y también el fío fío silbón, que pesa 12 gramos, migra todos los años a Brasil y regresa en primavera para anidar en los mismos árboles que supo dejar antes de su exilio climático.

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En la ciudad se ven también cabecitanegras australes, tordos, cachuditos pico negro, raras, diucones, jotes cabeza negra, carpinteros pitíos, diucas, bandurrias, chingolos, gorriones, y el picaflor rubí, que llega en invierno cuando escasean las flores en el bosque y con la primavera emprende la vuelta

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