sábado 4 de abril de 2020
04-02-2020 13:12 | TURISMO

Así se vive el verano en las playas del río Paraná

A través de más de 200 km conectamos las ciudades de Paraná y Gualeguay para disfrutar de los mejores atractivos que cada una tiene para ofrecer. Ver galería de imágenes

El río Paraná nos acompaña en nuestro viaje de verano mientras pasamos el imponente puente Zárate-Brazo Largo. Nos depara un circuito donde hay pesca, paisajes privilegiados, sitios históricos, playas, naturaleza, carnaval, termas y cascos urbanos en un recorrido de un poco más de 200 km entre las ciudades de Gualeguay y Paraná. Al ingresar a la provincia de Entre Ríos, los verdes reductos lacustres se vuelven más intensos, surcados de islas y superficies inundables. En la cercana Ceibas arranca la RP 11, que pronto se extiende entre parcelas y campos cultivados. Vamos hacia el gran Paraná, a la vez que cruzamos algunos arroyos por un trayecto que va sumando lomadas y ondulaciones. “Son las cuchillas entrerrianas”, acota Samuel, un baqueano de la zona que amablemente nos explica sobre esta geografía.

Primer destino

La ciudad de Gualeguay data de 1783 y aún conserva vestigios arquitectónicos de aquella época, sumado a sus calles de adoquines y casonas con rejas coloniales. “Su nombre proviene del término Guareguá –explica Nadia, guía local– que significa ‘río de las cuevas de los chanchos’ en homenaje a su río homónimo. Aquí hay buenas playas, tupida arboleda y sectores de camping y pesca. Gualeguay es, además, la Capital Provincial de la Cultura, por ser cuna de diferentes artistas como Juan Ortiz, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Carlos Mastronardi y Juan Bautista Ambrosetti, entre otros.

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Durante esta época del año, el famoso carnaval es un show apasionante, lleno de colores, música y alegría; y en este 2020 hay funciones durante todos los fines de semana de febrero y de marzo, donde las comparsas tiñen de colores el corsódromo local y las divertidas noches convocan a miles de personas.

Luego de pasar por el Rincón de Nogoyá, interesante zona pesquera, llegamos al segundo objetivo: Victoria, localidad que se asienta en pleno delta y está unida a Rosario por el moderno puente que cruza las aguas del Paraná y sus islas, a lo largo de 60 km. Debido a su irregular fisonomía es llamada la “ciudad de las siete colinas”, por sus calles de suaves subidas y pintorescas panorámicas que descuelgan desde miradores naturales. “También es ‘la ciudad de las rejas’ –aclara Juan, oriundo del lugar–: en muchas edificaciones del siglo XIX aún penden puertas y ventanales con rejas ornamentales realizadas por herreros italianos que trabajaron el metal con sus manos y sin remaches.

Victoria centro

Rodeando la plaza San Martín se encuentran la parroquia Nuestra Señora de Aranzazú (1875), el palacio municipal y el club Social (1883). En el cercano Cerro de la Matanza se levantan algunas cruces que simbolizan el escenario donde los españoles devastaron a los indios minuanes a mediados del siglo XVIII. Lindero al cerro se encuentra la Abadía del Niño Dios, recinto religioso de los monjes benedictinos, quienes conservan un voto fundado en la oración y el trabajo. Su tesonera labor dio origen a una reconocida industria artesanal de productos naturales. Miel, jaleas, dulce de leche, cerveza y el prestigioso licor monacal, cuya fórmula milenaria permanece en estricto secreto. Estos productos se pueden adquirir y, de paso, presenciar una misa con cantos gregorianos invocados por los propios monjes.

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Entre tantos atributos, Victoria además es “la capital provincial del carnaval”, y aquí también habrá desfiles durante los fines de semana. Finalmente nos acercamos al pintoresco paseo costanero con sus playas de arena firme, buena arboleda, paradores gastronómicos, el majestuoso casino spa Sol Victoria y el Parque Acuático Termal Victoria del Agua con sus piletas y las bondades de sus aguas mineralizadas. Muy cerca, la estancia turística Las Margaritas propone buenas jornadas campestres.

El circuito no da tregua y la ruta 11 sigue entregando más ondulaciones que le otorgan un toque muy particular a un trazado que exige circular con suma precaución. Así pasamos por Molino Doll, cuyas ruinas constituyen un atractivo turístico del lugar. Este molino hidráulico es del año 1877 y se conserva al borde del arroyo homónimo. A poco de andar está el ingreso al Parque Nacional Pre Delta, un amplio predio de 2.500 hectáreas que fue creado en 1992 para preservar ambientes típicos del delta superior. “Aquí tenemos –comenta Pedro, uno de los guardaparques– selva en galería, lagunas interiores y albardones ribereños que se pueden recorrer a través de senderos y pasarelas”. En el paraje La Jaula está el portal de acceso y desde allí arrancan las sendas de trekking, o desde La Azotea, que atraviesa el bosque de sauces criollos, como también los paseos náuticos guiados que permiten navegar los riachos y arroyos del parque.

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Un reflejo en el horizonte

Vecino al reservorio se encuentra nuestra próxima parada. Llegamos a Diamante, la “ciudad blanca”, denominada así por el reflejo blancuzco que se aprecia si uno la observa al ras y desde el río, producto de los yacimientos de piedra caliza que se encuentran en la ribera del Paraná. En esta fantástica costa resalta el amplio cauce fluvial, la zona de playas, las islas y el único puerto de ultramar de la provincia. Una recorrida por el casco urbano permite conocer su iglesia principal, el centro de artesanos y el museo municipal. El Cristo Pescador es el símbolo de Diamante, una escultura de 12 m situada en lo alto de una barranca, y si de historia se trata, habrá que llegarse hasta Punta Gorda, por donde el General Urquiza y su Ejército Grande cruzaron rumbo a Caseros para concretar la batalla.

Retomando la ruta provincial 11, a corta distancia aparecen las aldeas entrerrianas habitadas por aquellos inmigrantes europeos que se afincaron aquí con sus costumbres, gastronomía y danzas típicas. Vale la pena visitar estas colonias situadas a la vera del camino. Así Valle María, y sus orígenes en los alemanes del Volga, ofrece sus tradiciones y sus vistosas playas; Aldea Salto con sus cascadas y campestres paseos en carro; la Aldea Brasilera, curiosamente fundada por alemanes que estuvieron de paso por Brasil, posibilita la visita a la típica iglesia San José y la degustación de exquisitos platos en el comedor Munich; y Oro Verde con su profunda vida cultural ligada a los espectáculos folklóricos argentinos.

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Entramos en el último tramo, donde todo se vuelve más activo y el crecimiento poblacional es notorio. Desde las barrancas, el río luce en todo su esplendor. Estamos en la ciudad de Paraná, capital provincial, unida a Santa Fe por el emblemático túnel subfluvial que corre por debajo del cauce y vale la pena conocer.

Paraná posee muy variados estilos arquitectónicos, gran oferta gastronómica, artística y comercial; entretenida vida nocturna (casino, bares) y numerosa hotelería. Entre sus atractivos prevalece la renovada Avenida Costanera, el imponente Parque Urquiza sobre la costa de barrancas, el puerto, la colosal Catedral y el solemne Teatro 3 de Febrero, todo allí muy cerca de la concurrida peatonal. Varios balnearios, paseos, deportes náuticos y cruce a las islas completan este periplo que entendemos resulta ideal para un fin de semana o unos días de vacaciones, en especial en esta época del año, cuando todo este corredor enciende sus mejores galas.

Galería de imágenes

Etiquetas: Entre Rios Parana Gualeguay Playa Verano Pesca Carnavales Termas
Marcelo Ruggieri

Marcelo Ruggieri

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