Lunes 10 de mayo de 2021
TURISMO | 03-05-2018 11:29

Porto Santo, la hermana menor de Madeira

Una isla portuguesa pequeña, con 5.000 habitantes y playas paradisíacas, que sólo recibe turismo durante el verano europeo.
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Una antigua fragua, prensas de uva y una carreta

con ruedas de madera: José Cardina Melim ha reunido cientos de

objetos en su museo privado en la isla de Porto Santo. “Para

preservar una pequeña parte de nuestra historia”, explica

el obrero portuario de 59 años, en la foto de abajo.

Además, con su habilidad artesana hizo una réplica a pequeña

escala de los típicos molinos harineros de la isla. En el pasado

tenía unos 40 molinos, de los que pocos han quedado, tres

de ellos junto al ventoso mirador de Portela.

Preservar lo antiguo, conservar el carácter de la isla portuguesa:

son palabras que siempre se escuchan en conversaciones con los

habitantes de Porto Santo. En la isla no hay ostentosos complejos

hoteleros. Tampoco edificios altos, ya que está prohibido construir

casas de más de tres plantas.

La isla nació hace unos 14 millones de años. Sus orígenes volcánicos

son visibles en la pendiente del Pico de Ana Ferreira. Aquí, hace un

montón de tiempo, salía a borbotones a la superficie lava

incandescente. Posteriormente, la lava se enfrió formando extrañas

columnas pétreas.

Los navegantes portugueses João Gonçalves Zarco, Tristão Vaz Teixeira

y Bartolomeu Perestrelo descubrieron este punto hace exactamente 600

años (1418). Según la leyenda, querían explorar la costa

oeste de África. Sin embargo, los fuertes vientos arrastraron sus

veleros mar adentro, lejos de la costa, hasta la isla atlántica que

se convirtió en su salvación. Como agradecimiento, la bautizaron Porto Santo.

Actualmente, también la llaman la “pequeña hermana de

Madeira”. Hermanas cuyos paisajes difícilmente podrían ser más

disímiles. Mientras que Madeira, la isla de las flores, tiene una

exuberante naturaleza verde, Porto Santo, situada unos 42 kilómetros

al noreste, se caracteriza por sus formaciones rocosas peladas y un

paisaje escasamente arbolado.

En cuanto el sol ilumina las montañas sin vegetación, las pendientes

escarpadas se envuelven en una luz dorada. “Por eso, también llamamos

a nuestro pequeño paraíso Ilha Dourada (isla dorada)”, dice Sofia

Santos, de 32 años, que lleva a turistas en su jeep por caminos

pedregosos, llenos de baches, a los acantilados con sus

espectaculares miradores.

Ilha Dourada: un nombre especialmente adecuado por la playa de arena. La mayoría de los turistas viajan a la isla volcánica atraídos por estas costas. La playa Campo de Baixo, en la costa sur, tiene una extensión de nueve kilómetros y hasta 50 metros de ancho. Hasta donde alcanza la vista hay arena. Las olas del rompiente son suaves. El Atlántico, que en pleno verano puede alcanzar una

temperatura de unos 24 grados, resplandece en un tono azul celeste.

Científicos de las universidades de Aveiro, en Portugal, y de Oslo

han demostrado los efectos curativos de los finos granos de arena,

ricos en calcio, magnesio, estroncio, fósforo y azufre. Al parecer,

con esta composición especial, la arena alivia enfermedades

reumáticas, articulares, musculares y dermatológicas.

La mayoría de los 5.500 isleños viven en la apacible Vila Baleira, la

principal localidad de Porto Santo. Aquí también se afincó hace más

de 500 años el habitante más famoso de la isla: Cristóbal Colón. En

1479, el navegante genovés se casó aquí con Dona Filipa de Perestrelo

e Moniz, la hija del gobernador de la isla.

Escondida detrás de la iglesia de Nossa Senhora da Piedade, blanca

como la nieve, se encuentra la pequeña casa en la que supuestanente

vivió el descubridor. Esto no se sabe a ciencia cierta, aunque el

edificio efectivamente data del siglo XV. Hoy alberga el Museo Colón,

una de las atracciones turísticas de lugar.

La temporada alta para el turismo en Porto Santo son los meses de

junio, julio y agosto. La isla es un popular destino entre

los propios portugueses, que viajan a Porto Santo desde el Portugal

continental o desde la vecina isla de Madeira, que prácticamente no

tiene playas.

Miles de turistas se toman, durante los meses de verano, un baño de sol

en la playa. Sin embargo, fuera de la temporada alta, la isla es muy

tranquila. “No queremos un turismo de masas durante todo el año. La

naturaleza y la tranquilidad son importantes para nosotros”, dice

Sofia Santos, la guía turística.

Información básica:

Destino: la isla atlántica de Porto Santo, situada al noreste de

Madeira, tiene 11 kilómetros de largo y seis de ancho. Allí viven

5.500 personas, más de 4.000 de ellas en la principal localidad, Vila Baleira.

Cómo llegar: desde Lisboa y Madeira hay vuelos a Porto Santo. También

hay ferris desde Funchal, la capital de Madeira.

Clima: En pleno verano, las temperaturas superan los 25 grados

centígrados, con una elevada humedad del aire. Por la noche bajan a unos 20 grados. En invierno, las temperaturas se sitúan alrededor de 17 grados y existe riesgo de tormentas.

Informaciones: Direção Regional do Turismo, Funchal (Madeira), Tel.:

00351/291 211 900, www.visitportosanto.pt, email:

info.sretc@madeira.gov.pt.

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