lunes 16 de diciembre de 2019
30-07-2019 16:53 | TREKKING

Naturaleza salvaje para los amantes del trekking

Una reserva sanjuanina abre sus puertas dos veces al año para permitirle a los turistas efectuar un exclusivo trekking de avistaje de flora, fauna y restos fósiles casi vírgenes a través de una puna prehabitada por los indios capayanes. Ver galería de imágenes

Es difícil conocer lo que no se sabe que existe. Y la reserva privada estancia Don Carmelo estaba en esa lista de inexistentes sino fuera porque me encontraba hurgando por “turismo científico”, una modalidad en pleno auge que permite conocer los secretos profundos de nuestra tierra, descubrir qué somos y de dónde venimos. Basta viajar un poco para darse cuenta de que la gran riqueza geológica, paleontológica y arqueológica argentina convoca cada vez más a familias interesadas en descubrir patrimonios de la humanidad, dinosaurios, flora y fauna autóctona: naturaleza en estado puro. Y de eso se trataba esta aventura: de conocer una reserva de 40.000 hectáreas ubicada en el departamento de Ullum, San Juan, a unos 165 km de la capital provincial, en plena puna con todo lo que ella implica: aridez, desconexión, silencio potenciado...

Entrando en clima 

Los 35 km de tierra que la separan de la ruta 149 corren entre las sierras del Tigre y de la Invernada, y son el perfecto preludio de lo que vamos a encontrar. En lontananza al abrir la tranquera, los mendocinos Aconcagua y Cordón del Plata exhiben su esplendor en el horizonte. Durante el camino, tropillas de guanacos correteando en inmensa soledad, término –este último– que multiplica de manera exponencial su semántica a medida que avanzamos, porque en los alrededores no hay nada, literalmente, excepto terreno virgen para descubrir en trekking, única actividad permitida a los turistas ocasionales que pueden visitar la zona con reserva previa en alguno de los eventos gratuitos que se realizan en septiembre y febrero. No hay otras fechas previstas para explorar esta exclusiva región de virginidad extrema.

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La actividad puede comenzar con un recorrido hasta la cumbre del cerro El Mirador, a 3.220 metros de altura, para observar vizcachas de la sierra (o chinchillones), lagartos cola de piche (especie endémica) que viven entre los grandes roquedales de las vegas, algunos zorros colorados, cóndores, suris, halcones peregrinos, águilas moras, con suerte algún puma y más guanacos que atisban nuestro caminar.
Es notable cómo un lugar que hasta hace 25 años era utilizado por cazadores furtivos para capturar animales autóctonos, y por pobladores locales para pastorear vacas, caballos y cabras que contribuían a la desertificación de la zona, recuperó su cuasi virginidad y textura agreste, típica de la puna, donde las precipitaciones son muy escasas y las temperaturas rigurosas en invierno (con frecuentes nevadas) y moderadas en verano, con gran amplitud térmica y mínimas debajo de los 0 °C casi todo el año.

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El guía se detiene. Es el momento didáctico de la flora: quinchamalí, una hierba muy común, de hojas carnosas y siempre verde; ajenjo, de color gris ceniza; y los llamativos cactus Lobivia formosa (tuna) y Pterocactus reticulatus se destacan entre las plantas autóctonas más importantes. Pero hay otras, porque la cobertura vegetal evidencia la transición de ecorregiones con arbustos típicos de monte –como la jarilla– y las especies de puna adaptadas: tomillo mocho y tramontana. También hay presencia de yerba loca, leña piedra, hierba santa y coironcito. 
Cuando pensábamos que ya era momento de regresar por el asado, el guía nos vuelve a sorprender con un registro arqueológico en el que se detectaron casi 20 sitios con fragmentos de cerámica incaica y otros de posible filiación capayana (estilo angualasto), artefactos líticos y rocas con petroglifos, algunas de las cuales observamos en la zona de La Leona. La conclusión final: es posible que el lugar haya sido ocupado por indios capayanes, allá por el 1400. Estupefactos cruzamos comentarios y ahora sí bajamos a la estancia en busca del almuerzo.

Instalaciones

don carmelo

Las brasas crujen en la parrilla del comedor, punto de encuentro de la vivienda de 600 m2: un refugio antisísmico que comenzó a construirse en 1993 con el objetivo de preservar el patrimonio natural de la región y realizar estudios científicos, motivo por el cual fuera de las fechas mencionadas sólo admite visitas de estudiantes universitarios, docentes o investigadores con fines académicos. Para ellos posee dormitorios, mirador, aula, cocina-comedor, telescopio, microscopio, biblioteca y hasta un sismógrafo conectado con la Universidad de San Juan. 
Como se trata de una reserva sostenida por empresas privadas (Arcasu S.A. y Melenzane S.A.) que no efectúa trabajos de explotación ni turismo masivo, sus instalaciones son autosustentables: energía solar y eólica, aguas surgentes y estufas a leña. Para comodidad suma TV e internet (Wi-Fi) satelital, telefonía IP y repetidoras de VHF enlazadas a la red de emergencia provincial. Concluir que uno se encuentra en la frontera de la soledad requiere solo segundos.

Comedor Don Carmelo

El regreso en 4x4 por el camino toma casi una hora. Y llegar a las minas de Hualilán (“tierra de oro”), apenas 10 minutos más. Las construcciones abandonadas (habitaciones, oficinas, celdas, piletones) se aprecian desde la ruta y la imaginación comienza a volar. Allí vivieron los incas, quienes no contaban con los elementos necesarios para extraer oro en cantidad. Pero en 1872 desembarcó una compañía inglesa que llegó a procesar 200 toneladas por día y que abandonó el lugar a mediados del 1900. El tiempo se ocupó de cubrir cada rincón con leyendas. Hoy ya no quedan habitantes, solo sombrías ruinas y truculentos misterios que lugareños y guías (no es obligación contratarlos) saben cómo transmitir para atrapar a los turistas. El lugar es Patrimonio Cultural y Natural de San Juan, de acceso gratuito y merecedor de un alto en la ruta para aquellos que disfrutan al descubrir tesoros que pocas veces aparecen en los mapas.

Cocina solar

Para el final, y próximos a la capital, en la bitácora quedaban los diques Ullum y Punta Negra. Ambos son, en realidad, represas hidroeléctricas sobre el río San Juan, que para disfrutarlas a pleno es conveniente dejarlas para el día siguiente, porque son un programa en sí mismo: cuentan con varios circuitos de trekking, sectores para picnic, mountain bike, kayak y están habilitadas 
para la pesca de pejerreyes y truchas (con permiso de pesca obligatorio). El mejor cierre para un viaje sin planes fijos, que comenzó hurgando territorios desconocidos de nuestra tierra.

minas de hualilan

Cómo llegar: la reserva Don Carmelo se ubica a unos 165 km de San Juan capital, por rutas 40, 436 y 149. Los últimos 35 km son por camino de tierra para 4x4. No se permiten perros, gatos ni el ingreso a quienes no hayan solicitado autorización previa.

Informes: en Facebook: Reserva Don Carmelo. Por e-mail: arturocuratola@gmail.com. Próximos eventos: www.festeca.sanjuan.gob.ar

 

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Etiquetas: San Juan Ullun Estancia Don Carmelo Trekking
Marcelo Ferro

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