lunes 18 de marzo de 2019
25-02-2019 13:35 | TRAVESíAS

Salta a puro 4x4, una aventura entre chamanes y cardones

Travesía de baja dificultad a través de paisajes salteños, con base en Cachi, para descubrir lugares y personajes maravillosos. Ideal para disfrutar en familia. Ver galería de imágenes

Salta la linda. Una expresión que indudablemente le hace justicia al paisaje y a lugares maravillosos de esta provincia. Cafayate, sus bodegas y su entorno serían la base de esta caravana, de dificultad baja y para disfrute de toda la familia. Saldríamos a la búsqueda de restos incaicos y paisajes únicos. Dejamos atrás la ciudad y comenzamos a transitar hacia el Norte. Luego de la alameda se acaba el asfalto y los colores comienzan a pintar a su gusto el entorno. Allí los vientos y los años tallaron la débil estructura de los cerros sedimentarios, dándole curiosas y caprichosas formas. Luego de unas curvas y contracurvas entre cañadones, un largo puente nos hace desembocar en el comienzo de la conocida Quebrada de las Flechas. Los movimientos orogénicos quebraron la entonces plana superficie, elevando sus puntas hacia el cielo, en amenazante pose hacia las nubes.

El cura Juan

Seguimos. Los carteles indican que estamos llegando a Angastaco. Ingresamos a la pequeña población, casi hasta la base del cerro que la respalda, y donde termina la calle. A la izquierda, una pequeña capilla parece desangrarse bajo el sol. A su pies y a su alrededor, miles de pimientos se van secando poco a poco. Descendemos y nos acercamos. Es lo que queda de una vieja bodega familiar. Los gruesos pilares de la entrada sostienen su precaria galería de cañizos. Ingresamos y el cura Juan, reconvertido en padre de familia, nos estira la mano. Detrás, niños corretean por el patio. Otros pisan las uvas en la pileta. Inmensas vasijas y prensas arrumbadas en rincones son dejos de un pasado glorioso. La visita a una o dos bodegas de la zona no deja de ser un obligado, pero los pequeñas establecimientos tradicionales tienen siempre ese no sé qué. Aprovechamos para aprovisionarnos de botellas de mistela y otras variedades. El sol entra por una pequeña ventana y juega en los vidrios de las damajuanas y objetos de la pequeña habitación donde se dispensan.

Salta en 4x4, una aventura entre chamanes y cardones

Ahora vamos bordeando el río Calchaquí (el más largo de la Argentina, aunque con distinta denominación en su curso), que nace un poco más adelante y que supera los 4.000 msnm en el Acay. Tras casi 50 km cruzamos un largo puente y llegamos a Seclantás, donde doblamos en la plaza hacia la izquierda. La caravana de camionetas serpentea como un ciempiés hasta la puerta de la Finca Montenieva. Allí, con una gran sonrisa y sombrero de ala ancha nos espera Fido Aban, nuestro guía local, quien se trepa al vehículo. Siguiendo sus indicaciones ingresamos en un cauce, el del arenoso piso del río Montenieva. Por momentos estamos acompañados por arbustos y monte bajo, minutos después se destacan altos cardones e igualmente altas paredes rojizas, que tras 15 km se van cerrando hasta casi tocarse, dejando sólo un estrecho paso entre sí que impide el avance los vehículos.

Es hora de caminar

Las camionetas quedan allí. En algunas ocasiones debemos trepar por las piedras. Cada tanto el curso de agua aparece y desaparece, e incluso en ocasiones forma pequeñas y vistosas cascadas. En angostas quebradas las paredes de roja arenisca semejan haberse derretido bajo el sol abrasador, a tal punto que exhiben gotas y corridas de material suspendidos en el tiempo y espacio. Nos detenemos varias veces para recuperar el aire. Estamos a casi 3.000 msnm. El río se abre en brazos, lo que podría confundir fácilmente de camino a quien no es conocedor del lugar, pero Fido se crió entre esos cerros.

Pide que nos detengamos porque debemos agacharnos y pasar gateando por un angosto pasadizo que desemboca en un embudo de piedra. Unos pasos más y tras casi dos horas de caminata, de dos en dos, somos invitados a atravesar otro angosto paso. La bóveda formada por angulosas piedras deja entrar por una ventana natural un furioso rayo de sol que tiñe de luz y magia el entorno. Es difícil expresar lo que allí se siente. Su nombre –Acsibi– significa “lugar de fuego”. Se cuenta que allí se reunían los chamanes, habiéndose encontrado pipas ceremoniales de la tribu de los malcachiscos. En los alrededores existen vestigios del Camino del Inca. Maravillados, comemos el picnic recostados a la sombra.

Salta en 4x4, una aventura entre chamanes y cardones

Regresamos a las 4x4 y los que aún quedan con fuerzas son invitados a llegarse a la mística laguna Brealito. Cruzamos el puente nuevamente, mientras el sol ya va acercándose al filo de las montañas y las tiñe de contraste. Avanzamos por una huella en mal estado, que sube y baja sorteando espinosas quebradas. Al doblar a la derecha vemos el brillo del agua de la laguna al atardecer. Son muchas las anécdotas e historias. Estacionamos y trepamos a una ladera. Bajo un alero, típicos petroglifos dan testimonio del pasado. Fido se arrodilla, respetuosamente lo imitamos y nos sentamos a su alrededor. Cada uno, como si de un ritual cotidiano se tratara, agradece a la Pachamama tirando unas hojas de coca y unas gotas de vino.

La bella Cachi nos acoge por la noche y la mañana nos encuentra transitando la 40 hacia el Norte, la que dejamos una decena de kilómetros después. Avanzamos por huella y lecho de río alternativamente durante varios kilómetros. Cruzamos el hilo de agua de un arroyo y nos detenemos. Cientos de cardones, como personajes con sus brazos abiertos, parecen darnos la bienvenida. El cerrado monte esconde su secreto y nada parece diferenciarlo de cualquier otro alrededor. Sólo una centena de metros más adelante se comienzan a ver piedras que no están ubicadas al azar, sino prolijamente acomodadas desde hace cientos de años, conformando recintos de los que fueran casas habitaciones. Pero este lugar se distingue de otros yacimientos arqueológicos por una curiosa forma que sobresale del monte y se destaca por su regular forma de cuña. Es una de las paredes de los extremos de una kallanka (ver calle lateral), la más conservada en su forma original de la Argentina. Fotos obligadas, picnic gourmet y nuevamente a la R 40.

La tarde avanza

Nos detenemos en la desembocadura de uno de los tantos ríos que nacen en las quebradas. Caminamos por su cauce. Un enrejado que cierra un gran alero sobre el alto de la ribera nos indica que hemos llegado a los graneros incaicos, lugar donde los pueblos originarios guardaban su producción agrícola para que no le sea arrebatada por otras tribus, guarecerla de las alimañas o simplemente administrar su uso. La 40, con su fina y serpenteante figura, invita a seguir al Norte, pero el día se va y debemos regresar.

Salta en 4x4, una aventura entre chamanes y cardones

En el paraje Sausalito nos detenemos frente a un típico rancho de adobe a saludar a Tomasa Tapia, lugareña que conociéramos en pasos anteriores. Ella nos recibe con alegría, como siempre, y repite sus andanzas de joven, con Eulogia Tapia, la de “La Pomeña”, una de “las tresitas que andábamos a caballo por acá”… Tesoros que se hallan a lo largo de los caminos.

El mate pasa de mano en mano, las ruedas giran devorando kilómetros, el nevado nos acompaña con sus picos destellando con los últimos rayos de sol y Cachi nos recibe para el descanso. El tintineo de las copas al chocar durante la cena pone música a la promesa de seguir descubriendo huellas y paisajes.

 

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Etiquetas: Salta Cachi Laguna Del Bealito Quebrada De Las Flechas Cafayate Angastaco Cuevas De Acsibi Camino Del Inca Sausalito Kallanka Bodegas Vino Patero Petroglifos
Marcelo Lusianzoff

Marcelo Lusianzoff

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