Miércoles 12 de agosto de 2020
SALUD | 29-04-2020 13:00

Hantavirus, dengue y coronavirus: el triple desafío de vivir en la Argentina

Cuál es la situación real en la Argentina del hantavirus, dengue y coronavirus. Diferencias y similitudes con las plagas bíblicas y las de la antigüedad. Desde tiempos inmemoriales hay algo que tienen en común: matan personas y se contagian rápidamente.

Según el libro del Exodo, cuando los israelitas estaban esclavizados en Egipto, Dios encomendó a Moisés la misión de liberarlos. Pero como el faraón se negaba a dejarlos partir, Moisés desencadenó 10 plagas sobre ese país:

Todo esto, según la religión ocurrió hace más de 2.000 años. Pero si nos remitimos a otras pestes, desde la antigüedad hasta el siglo XX encontramos otras 12 variantes más o menos "modernas":

  • Peste de Atenas, la plaga más devastadora del mundo griego que fue documentada al detalle por el historiador Tucídides. Aparentemente, llegó desde Etiopía y según investigaciones actuales pudo tratarse de fiebres tifoideas. Una de sus primeras víctimas fue el gran Pericles y en total pudo afectar a unas 50.000 personas, aunque algunos historiadores hablan de 300.000.
  • Peste antonina, devastadora en Roma, se extendió por toda Italia. Causaba ardor en los ojos y en la boca, sed y abrasamiento interior, fetidez en el aliento, piel enrojecida, tos violenta, gangrenas, delirios y muerte a los nueve días.
  • Peste justiniana. Comenzaba por una fiebre súbita, seguida de hinchazones en las axilas, los muslos y detrás de las orejas. Se cree que se trataba de una mezcla de varias, plagas como la peste bubónica y quizás la viruela o el cólera. Terriblemente letal, mató a más de 600.000 personas, a razón de unas 10.000 al día.
  • Peste bubónica o peste negra. Fue la gran epidemia de la Edad Media y asoló todo el continente europeo desde mediados del siglo XIV. Se estima que pudo llegar de la India y lo habría hecho a través de los comerciantes italianos que mantenían relaciones mercantiles con el continente asiático.
  • Viruela. Introducida por los conquistadores españoles en América, fue aliada de Hernán Cortés en la época de la conquista de América, y se calcula que pudo esquilmar hasta un tercio de la población indígena del continente americano a fines del 1700.
  • Cólera. Epidemia de origen asiático que llegó a Europa en 1830 y causó 30.000 muertes en Londres en menos de dos décadas. Cuando llegó a España fue aún más devastadora, y los dos primeros brotes (1843 y 1854) causaron más de 300.000 muertos. Luego se trasladó a Asia y África, donde continúa activa.
  • Escorbuto. Una enfermedad endémica en los viajes transoceánicos, que acompañó a los marineros españoles y portugueses durante años. Hasta mediados del siglo XVIII no se relacionó con la falta de vitamina C.
  • Fiebre amarilla. Provocada por un mosquito transmisor, se conoció en la época de la conquista y sigue vigente hasta nuestros días, aunque ahora es posible aplicarse una vacuna de modo preventivo para evitar el contagio.
  • Sífilis. Sus primeras referencias se remontan al Renacimiento y el organismo que la causa es el Treponema pallidum. Se propagó por Europa tras el sitio de Nápoles en 1495. Fue contagiada por los españoles a las prostitutas italianas y tras aquello, se propagó por toda Europa. Se estima que a comienzos del siglo XX, el 15 % de la población europea la padecía, entre ellos Beethoven, Oscar Wilde, Hitler, Colón, Baudelaire, Van Gogh y Nietzsche.
  • Poliomielitis. Se la conoce desde hace 3.000 años, pero su vacuna tiene un poco más de medio siglo. Causó grandes epidemias, entre ellas una muy famosa que se desarrolló en nueva York.
  • Malaria. Gracias al DDT desapareció de Europa, donde era endémica en Grecia e Italia, pero todavía mata más de medio millón de personas al año, principalmente en África.
  • Sida. Comenzó oficialmente en junio de 1981 cuando se atribuyó a cinco casos de neumonía en Los Angeles y a otros casos de sarcoma de kaposi. La mayoría de los pacientes eran hombres homosexuales y sexualmente activos, muchos de los cuales sufrían otras enfermedades crónicas. En 1982 la enfermedad fue bautizada con el nombre de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).

Si después de todo esto creíamos que las pestes habían terminado, nos equivocamos... 

Ayer se confirmaron dos muertes y 13 casos afirmativos de hantavirus en Buenos Aires, sobre 195 casos sospechosos, de los cuales 156 fueron descartados y 24 continúan en estudio. Los confirmados pertenecen a los municipios de Berazategui, Olavarría, Las Flores, Azul, Chivilcoy, el barrio El Peligro y la localidad de Lisandro Olmos de La Plata; La Matanza, Pinamar, General Alvarado y Marcos Paz. Todos requirieron internación, 10 de los cuales tuvieron buena evolución y sólo uno continúa internado. El análisis de la situación epidemiológica de esta enfermedad en la provincia de Buenos Aires demuestra que se trata de un proceso endémico estacional (primavera-verano), cuyo mayor porcentaje de casos (alrededor del 70 %) se presenta entre noviembre y marzo.

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Recordamos que el hantavirus es una enfermedad que se transmite a los humanos a través de la orina, la saliva y las heces del ratón colilargo. Los síntomas son similares a los de la gripe, con fiebre, fuertes dolores musculares, vómitos y diarrea.

El otro dilema que enfrentamos los argentinos es el dengue. Según el Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación, desde la semana 31 de 2019 hasta el 25 de marzo de este año se notificaron al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud 26.351 casos con sospecha de dengue u otros arbovirus, de los cuales 7.862 resultaron confirmados y probables para dengue, mientras que 353 están en investigación. El Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires había informado al 4 de abril 5.446 reportes (3.173 confirmados y 2.897 sin antecedente de viaje; los barrios más afectados son los del sur porteño, los de la Comuna 8 (Villa Soldati y Lugano); la Comuna 4 (Parque Patricios, Barracas, La Boca y Pompeya); y la 10 (Floresta, Monte Castro, Versalles, Villa Luro).

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Sin embargo, lo más grave no es eso, sino dos cuestiones vinculantes al tema. La primera, que este año empezó a circular una nueva variedad que portan los mosquitos Aedes aegypti: el serotipo DEN-4, sumándose al DEN-1 y DEN-2. Por lo tanto, personas que ya superaron la enfermedad pueden ser nuevamente infectadas, aumentando así el riesgo de que se produzcan casos graves, ya que cuando cambia el serotipo hay mayor probabilidad de cuadros más agudos y posibilidad de muerte.

La segunda problemática tiene que ver con un estudio reciente realizado por científicos del Grupo de Mosquitos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde descubrieron que especímenes de la familia Aedes aegypti oriundos de la provincia de Buenos Aires lograron adaptarse al clima en función de las horas de luz. Esto tiene que ver con la cantidad de horas que están expuestas a la luz las madres de las crías, y es un indicador mucho más confiable que la temperatura, que es fluctuante y podría confundir a los bichos. Por otra parte, se supone que el mosquito no desaparecerá totalmente durante el invierno. Si bien el Aedes aegypti no resiste temperaturas por debajo de los 15 o 16 grados, como hay una superpoblación, ellos compiten por el alimento y muchos buscarán el calor de las casas para refugiarse. Y el problema no es solo de Buenos Aires o del norte del país: ya se hallaron vectores en La Pampa, Mendoza, San Juan, Neuquén y Río Negro.

Al igual que para el hantavirus, hasta el momento no existen vacunas ni terapias efectivas contra el dengue, cuyos síntomas incluyen fiebre elevada, dolores de cabeza (principalmente detrás de los ojos), musculares y articulares, náuseas, vómitos, cansancio intenso y manchas en la piel. Estadísticamente se calcula que por cada persona con síntomas clínicos, hay entre 8 y 15 que se infectan y perpetúan el ciclo de transmisión a través del mosquito Aedes aegypti.

Finalmente, no solo tenemos hantavirus y dengue, sino que simultáneamente combatimos contra el coronavirus, del cual sobreabunda información y no vamos a redundar. Solo recordar que por el momento no hay vacunas ni medicación, que estamos en cuarentena obligatoria según decreto presidencial, que es obligatorio el uso de barbijos o tapabocas y que ante cualquier síntoma como fiebre, tos y dolor de cabeza hay que notificarlo a estos teléfonos, según la provincia en la que estemos.

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Como vemos, las 10 pestes bíblicas de Egipto no terminaron. Simplemente se reconvirtieron. Ahora tienen nombre científico, posibilidad de rápida información para prevenirnos, busca de antídotos a mayor velocidad, pero continúan matando gente todos los días. El Coronavirus fue descubierto hace apenas cuatro meses y ya contabiliza más de dos millones de infectados y 200.000 muertos.

Marcelo Ferro

Marcelo Ferro

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