Viernes 2 de diciembre de 2022
PESCA | 29-10-2022 15:00

Truchas en el lago Futalaufquen: estirando la temporada

Pesca de salmónidos en época infrecuente –antes de que se inicie la temporada– y en ambientes habilitados todo el año, para ver cómo se comportan las truchas. Qué moscas y estrategias son las que mejor funcionan.
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A correrlo un poco nomás. Las temporadas de pesca en el sur cordillerano tienen sus fechas preestablecidas de comienzo y fin, pero algunos ámbitos permanecen abiertos todo el año. Y la idea esta vez fue sondear la actividad en una época infrecuente, cuando casi nadie lo hace, para ver el estado de las truchas, su reacción ante nuestras moscas y qué posibilidades brinda este recurso tan valioso de ampliar su oferta para el pescador deportivo. Recurso que en la provincia de Chubut es celosamente monitoreado y cuidado por la Dirección de Pesca Continental a través de su cuerpo de guardapescas. Casualmente nuestra visita coincidió con el “Curso de capacitación y actualización para inspectores de recursos naturales renovables 2022” realizado en el Parque Nacional Los Alerces.
Con un clima bien invernal que incluía manchones de nieve en las orillas, viento y lluvia, nos calzamos los waders, las botas, mucho abrigo, armamos los equipos # 6 y nos aventuramos con Martín Molina como timonel a las aguas bastante movidas y gélidas del lago Futalaufquen. Partimos de la orilla del complejo Pucón Pai y, tras una corta navegación, comenzamos los intentos con líneas de hundimiento y estrímeres en la bahía del Club de Pescadores Esquel, casi hasta la desembocadura del río Centinela. La lucha contra viento y oleaje fue muy desigual. Y a pesar de que registramos un tímido pique y una tomada que no se llegó a clavar, resolvimos buscar sectores del lago más reparados. Así fue cómo cruzamos el gran espejo hasta las costas de enfrente de Punta Mattos. El agua más serena permitía ver los fondos ribereños y lanzar desde el bote hacia esas orillas accidentadas.  Lugares que habitualmente patrullan las truchas en busca de algún bocado.

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 Las respuestas a los lances bien orilleros fueron casi nulas, por eso en primer término fuimos cambiando moscas en tamaño, diseño y color, buscando con qué poder seducirlas. Pero fue cuando probamos un poco más retirados de la orilla y un tanto más abajo, el momento en que  empezamos a tener respuestas positivas y buenos piques. Hay que tener en cuenta que la termoclina (estratificación lacustre con diferente temperatura) que en verano es cálida arriba y fresca abajo, en invierno se invierte. Es decir, el agua superficial por contacto con una atmosfera helada baja mucho más su temperatura que las aguas más hondas. Probablemente, esto haga que las truchas encuentren una zona de mayor confort por debajo de ese primer estrato tan frío y las localicemos no tan en la orilla. Incluso lanzando y dejando profundizar el conjunto –línea, leader, mosca– por un lapso de tiempo antes de empezar a recoger, movimos o pinchamos interesantes ejemplares de trucha marrón. Notamos también que la cadencia y la velocidad del estripeo (recogida) funciona mejor un poco más pausada y lenta. El medio acuático más frío tal vez reduzca, no solo el metabolismo de las truchas, sino también el de sus potenciales bocados. Y una mosca en natación muy activa, si no les pasa cerca o no les resulta creíble, la descartan en su ecuación energética de costo-beneficio (gasto de energía para ir a buscarla versus aporte que les pueda proporcionar ese bocado). 

Los engaños 

Pusimos en juego estrímeres de pluma marabou como Woolly Bugger y sus variantes, Marabou Muddler, Marabou Damsel y de pelo de conejo, como Zonker, Bunny Leech y Striptease. Estos materiales se mueven con una atractiva ductilidad en el agua mansa de un lago y, gracias a los impulsos que se les da en la recogida –se expanden al detenerse y se pliegan al avanzar–, confieren una apariencia de ser vivo pulsando y nadando naturalmente. Además del material con que se confecciona un estrímer, el lastre en la cabeza de la mosca le agrega una suerte de cabeceo ondulante hacia arriba y hacia abajo (tipo jig) al recogerlas, que es súmamente atractivo. Se puede agregar peso en la cabeza mediante: una cuenta metálica tipo bolilla (bead head), ojos de cadena (bead chain), ojos torneados de bronce o cobre (brass eyes) o una cabeza cónica (cone head). 
Veamos los pesos específicos de algunos metales y aleaciones en kg/dm3: acero, 7,80; bronce, 8,80; cobre, 8,92; plomo, 11,37; tungsteno, 19,10. Está claro porqué el tungsteno es el que más rápido profundiza. Un beneficio extra puede ser el brillo, el color o el aspecto de ojos que puede agregar motivos gatilladores de ataques por parte de las truchas. Toda la costa que fuimos recorriendo, pescando y prospectando hasta la playa de Arenas Blancas es de fondos cambiantes y con muchos accidentes, veriles marcados y muy hondos, piedras, troncos sumergidos, vegetación subacuática, juncos, chorrillos de agua y arroyos. Todos lugares ideales para tentar a una trucha. 

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Salvo una pequeña arcoíris que se soltó del anzuelo durante la pelea, fueron todas truchas marrones las que capturamos. Una sola un poco flaca, el resto en excelente forma física y muy bien recuperadas de su freza invernal. Es probable que las arcoíris que están enfocadas en la reproducción primaveral se encuentren menos interesadas en la alimentación y ubicadas en otros lugares del lago, como próximas a las bocas o ya remontando los cursos para cumplir con su ciclo reproductivo. Entendemos que esta es la razón por la que la preeminencia de capturas en este relevamiento fue de truchas marrones.
Ya sobre el final de la tarde cesaron la nevisca y la lluvia, se abrió un poco el cielo y dejó ver un paisaje de bosque blanqueado por nieve recién caída en cumbres y laderas. En ese momento observamos, cerca de unos juncos, movimientos en la superficie. Quedó pendiente esta vez el hacer unos intentos con líneas de flote, ninfas y secas, el frío de todo un día que nos expuso al rigor del clima invernal nos mitigó las ansias y nos llevó a la decisión de navegar de vuelta con luz diurna y buscar imperiosamente el calor de una salamandra y un plato de comida caliente. Un placer casi comparable al del pique de una linda marrón.

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Empujamos esta vez un poco el límite temporal y nos fuimos de Chubut altamente satisfechos. Dimos con truchas con ganas de atacar nuestras moscas, fuertes, bien nutridas, salvajes y hermosas. Cada escaramuza, cada acción de pesca y cada liberación, nos emocionó más de lo habitual. Estar disfrutando por anticipado lo que será la temporada que pronto se viene fue un plus. Cumbres bien cargadas de nieve, cuencas con mucha agua, truchas bien dispuestas e infinidad de buenos pesqueros son motivos más que suficientes para dejar de soñar y empezar a materializar los anhelos. Convencidos de que empujar un límite no es transgredirlo, es correrlo un poco para que otros también puedan acceder a ese nuevo espacio y estirar la temporada de lo que tanto nos gusta.

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Alejandro Inzaurraga

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