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PESCA | 05-11-2017 08:46

Nuevos rincones para la variada

Un pesquero poco conocido que nos permitió obtener excelentes dorados y cachorros de surubí en un entorno agreste y tranquilo. Galería de imágenes.
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Un lugar que reúne la pesca y condiciones favorables para realizar jornadas inolvidables junto a la naturaleza es el pueblo de Las Cuevas o Puerto Las Cuevas. Un destino único en la provincia de Entre Ríos, donde nos vamos a encontrar con paisajes pocas veces vistos. Es una localidad con centro rural en el departamento de Diamante, ubicada en a 35 kilómetros de la ciudad de Diamante y a 45 de Victoria. Se halla a 5 km de la ruta provincial 11. ​Para tener una idea de su dimensión, la localidad cuenta con 5 escuelas primarias y 2 secundarias, 3 centros de salud y una parroquia católica que abarca 7 capillas. El puerto de Las Cuevas es muy visitado por turistas que llegan desde distintos lugares de las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, principalmente, para realizar excursiones de pesca y otras actividades.

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El comienzo de la aventura

Temprano por la mañana del día siguiente, luego de haber descansado en cómodas cabañas, emprendimos rumbo al puerto, en donde cargaríamos todo lo indispensable en la embarcación para comenzar la primera jornada de pesca.

Nuestros amigos Hernán y Panchi, guías en el lugar, nos pusieron a tono de cómo este ambiente agreste se despertaba cada mañana para la pesca deportiva. El plan era recorrer sectores que suelen ser pocos visitados  y, durante el trayecto, diferentes riachos y lagunas que no son de fácil acceso si no se llega con los guías.

Durante la navegación al primer lugar elegido, comenzamos a armar nuestros equipos que consistían en cañas de 2,10 m y de 15 a 35 lb (1 libra = 0,354592 kilo), reeles frontales y rotativos cargados con multifilamento del 0,28 mm, líneas con bajadas de acero de 40 lb y anzuelos N° 8/0 y 10/0. Como carnadas utilizaríamos morena, y señuelos de media agua y profundidad.

Primeros lances

La zona elegida por Hernán y Panchi era una laguna que se formó por la gran cantidad de agua que trajo el río Paraná, lugar donde en días anteriores se venía dando muy buena calidad y cantidad de dorados y doradillos.

Comenzamos con los primeros lances en una de las correderas a la entrada de la laguna. Los tiros fueron cortos y dejando derivar la carnada con la correntada. En esta ocasión no usamos plomo en las líneas y los piques fueron al instante, con doradillos tan agresivos al tomar la carnada que no daban tiempo a los dorados más grandes.

Empezamos con piezas que oscilaban entre 1,5 y 4,5 kg. Fueron muchísimos los ejemplares obtenidos en ese lugar, pero la expectativa era poder pinchar dorados más grandes, por lo que decidimos recorrer la corredera y ponernos bien a la entrada de la laguna, ya que en ese sector apreciábamos mucha actividad de mojarras y mojarrones, y se veían dorados de buenos portes cazando.

Luego de varios lances fallidos y las carnadas devoradas por las palometas, di con un ejemplar que superó los 7 kg de peso, y que tomó la carnada con total voracidad. Después de una gran batalla llegó el momento de acercarlo a la embarcación y tomarle fotos a este hermoso pescado y enseguida hicimos la pronta devolución a su hábitat.

La pesca siguió con mucha continuidad de piques de buena calidad de dorados y las infaltables palometas que nos sacaban por completo las carnadas. Hernán nos aconsejó cambiar de lugar y buscar otras correderas e intentar hacer comer a algún surubí.

Nuevamente equipos preparados y comenzamos a lanzar las líneas, a las que le agregamos plomo para que se mantuvieran más pegadas al ras del fondo. Pescamos anclados y bien en la costa. Luego de varios minutos de espera aguardando que tomaran nuestro cebo, Hernán obtuvo una linda llevada. La clave era dejar comer y luego concretar el pique. Así logró una atractiva pieza de cachorro de surubí, que rondaba los 8 kg. Mientras tanto, Nicolás y Panchi seguían con piques de dorados uno tras otro. La jornada iba tomando color con piezas de todos los tamaños. A las 14 horas hicimos un descanso para almozar en una de las islas.

Tarde a pura variada

Navegando unos 20 minutos desde donde habíamos almorzado, los guías nos llevaron a otro lugar rendidor en variada. Dimos con correderas no tan profundas, donde se encontraban comiendo los dorados.

La opción elegida era pescar tanto con señuelos como con carnadas, así que empezamos los lances. Las respuestas fueron de inmediato, de las dos maneras. Era evidente que había mucha actividad y que se encontraban cazando los dorados y doradillos. Concretamos piezas de buena calidad y en cantidad, así que de a poco decidimos dar por finalizada la jornada en nuestro primer día de pesca con total éxito y súper felices.

A las 8 de la mañana siguiente y luego de desayunar en las cabañas, aprovechamos el sol que brillaba anticipándonos otra jornada más que excelente. Partimos rumbo a la bajada del río en donde estaba la embarcación preparada, con todo listo para la salida.

Segundo día

Navegamos aproximadamente unos 15 minutos y comenzamos a practicar la modalidad de trolling con señuelos, que eran de media agua y profundidad. Luego de un par de pasadas por la misma cancha, se empezaron a activar los dorados, y concretamos piezas que iban desde los 4 a los 7 kg de peso. En los cuatros equipos tuvimos respuestas al unísono. Era impresionante la cantidad de dorados y doradillos comiendo en esa zona. Volvimos hacer una pasada más con las mismas respuestas, obteniendo también varias palometas de buenos portes que atacaron vorazmente nuestros señuelos.

Llegando casi al mediodía y cuando la temperatura se elevaba cada vez más, fuimos a probar una costa muy rendidora para las tarariras. Decidimos pescar desde la costa porque las condiciones de este bello lugar nos permitían ejercer esta modalidad.

Armamos líneas con todas las opciones: unas con plop, otras con carnada –morena– y otras con señuelos. Comenzamos los lances bien cortos y pegados a los juncos y gambarrusa en superficie. Las respuestas fueron más que inmediatas, con tarariras muy combativas e irritantes al momento de tomar la carnada o señuelo. Atacaban con total voracidad, dándonos ejemplares de todos los tamaños, pero sobresalieron piezas que superaron los 4 kg de peso. Luego de haber concretado muchísimas, que devolvimos en su totalidad al agua, hicimos un parate para almorzar en la isla en donde degustamos un riquísimo asado.

Cerrando la jornada

Volvimos nuevamente a la embarcación y esta vez fuimos a buscar una laguna con cachorros de surubí, implementando nuevamente la modalidad de fondo con carnada. Nos anclamos en un lugar elegido por los guías a la espera de esta especie.

Mientras aguardábamos al surubí, entreverados veníamos levantando ejemplares de dorados, palometas y apretadores, hasta que a una de las líneas llegó el cachorro atigrado que pesó aproximadamente unos 9 kg.

Así transcurrió la tarde, seguíamos con los dorados y doradillos completando un cierre de jornada más que excelente. Volvimos a tener otro pique de cachorro atigrado que rondó los 7 kg. La salida llegaba a su fin, con un cierre más que exitoso, dándonos una rica variedad en los dos días de pesca.

La variada está muy presente en Las Cuevas, donde también podemos obtener otras especies, como bagres, amarillos, mandubíes, patíes, pacúes, etc. En los próximos meses, todo promete mantenerse. Vale la pena agendar este lugar único y soñado en donde el pescador y la familia, podrán disfrutar unos días más que inolvidables.

Nota completa publicada en revista Weekend 542, noviembre 2017.

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Marcelo Ferro

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