miércoles 19 de diciembre de 2018
02-12-2018 10:39 | KAYAK

Cómo remar con chicos

Qué pasos imprescindibles hay que seguir para iniciarlos en la actividad y cuáles son las medidas de seguridad que se deben tomar.

Salir a remar en kayak con los chicos es un programa que difícilmente ellos olviden. Desde muy temprana edad pueden disfrutar de la remada porque, contra lo que muchos suponen, los peques a partir de los cinco años pueden remar sin inconvenientes, sobre todo si navegamos en canales angostos y con aguas tranquilas. Sin embargo, debemos considerar que es a partir de los diez años cuando se logra un mejor y más rápido aprendizaje, aunque la edad ideal para iniciarse dependerá del grado de entusiasmo que despierte el remo, de la coordinación física, de la falta de temor al agua y de la buena o mala experiencia con la salida. Lo ideal es estar completamente tranquilos en la remada y no desesperarnos si los chicos tardan en tomarle el ritmo; jamás presionarlos para que remen más tiempo o con mayor fuerza.

Salvavidas. Durante la navegación, tanto adultos como jóvenes deberán colocarse el chaleco salvavidas, que deberá ser acorde al físico de cada uno, poseer un silbato y ceñirse sin generar molestias al remar. Siempre utilizaremos chalecos especialmente diseñados para remar, que en general tienen menos volumen y permiten un movimiento libre de los brazos. En el caso de los menores, es aconsejable que sean modelos para chicos y tengan una cinta de sujeción –tipo cincha– que va entre las piernas, para evitar que en caso de caída al agua se salga por la cabeza.

Palas. Deben ser del largo proporcional a la altura de los remeros. Para un adulto rondan los 2,20 metros y para un chico de 10 años no debería superar 1,60 m, esto facilita la tracción y reduce el peso. En cuanto a los kayaks, es preferible empezar las remadas con modelos abiertos dobles, del tipo sit on top para dos tripulantes. Al principio los chicos siempre tienen que estar en la misma embarcación del adulto, y este último será el encargado del timón (es decir que irá en el asiento trasero), de instruirlo en el movimiento de remada y de lo que no se debe hacer en un kayak (pararse sobre el asiento, escorar súbitamente, molestar con la pala...). En cualquier actividad náutica, incluido el canotaje, resulta de gran importancia tener un conocimiento de la natación, principio básico que depende del sentido común. Por ende, no son aconsejables las navegaciones en kayak de aquellas personas que no sepan nadar.

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Zarpamos. Elegiremos un día con buen clima y cálido en lo posible. Antes de ingresar al agua, podemos realizar en tierra varias remadas en el aire hasta que los chicos comprendan cual es el movimiento deseado. Una vez arriba de los cockpits, trataremos de que mantengan una postura de sentados a 45º. A continuación efectuaremos varios ejercicios que nos brindarán seguridad a bordo. El primero es balancearnos con el cuerpo hacia uno y otro lado, buscando escorar levemente la embarcación, también nos ayudará remar con las manos, lo cual permite establecer un contacto pleno con el agua. Los chicos en los kayaks logran una estabilidad notable y esto es así porque tienen un centro de gravedad más bajo y una flexibilidad corporal muy marcada comparada con una persona adulta, por eso es tan fácil que aprendan rápido a remar.

Más detalles. Sin embargo, el movimiento de remada y el sostenimiento de la pala agota a los chicos con bastante facilidad. Teniendo en cuenta esto, no es conveniente alejarse demasiado de la costa o del punto de regreso. Estas primeras navegaciones tienen que ser lo más placenteras posibles, con recorridos con poco oleaje, cortos y con varias paradas para estirar las piernas y, de paso, comer algo rico, de manera tal que los chicos lo vivan como una experiencia divertida y no como una obligación extenuante. Si el clima acompaña y las aguas están cálidas, es una buena idea buscar algún sitio tranquilo y permitir que los chicos se zambullan al agua desde el kayak, para enseñarles a subir a bordo desde allí con tranquilidad y sin desesperación. Este simple ejercicio, además de divertido, amplía en mucho el margen de seguridad porque, en caso de vuelco, adquieren la habilidad para subirse nuevamente al esquife. En estas primeras remadas hay que armarse de paciencia y, si escuchamos las frases “¿cuándo llegamos?”, “tengo ganas de hacer pis” o “tengo mucho calor”, será momento de dirigirnos a tierra y buscar algo para entretenerlos.

Por: Patricio Redman

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