Sábado 24 de julio de 2021
FIN DE SEMANA | 27-02-2020 13:12

Pigüé, una escapada con acento francés

La pequeña localidad bonaerense ofrece circuitos serranos y gastronomía con la impronta de sus fundadores, provenientes de la región de Aveyron, en Francia.
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No es un lugar como cualquier otro. Quizás por sus bulevares, porque aquí se realiza la Fiesta de la Omelette para la cual se usan más de 20 mil huevos o porque posee un toque francés; lo cierto es que Pigüé (Partido de Saavedra) tiene propuestas de turismo diversas y con algo en común: la capacidad que tienen los pigüenses de hacer sentir al visitante como en casa. En esta nota proponemos un recorrido de la mano de los grupos de turismo del INTA Sierras y Pampa y Raíces de Campo.

Historia interactiva y trufas

“Ya tengo preparado el mate”, nos dice a modo de recibimiento Itziar de Chacra 51, un emprendimiento turístico a apenas 10 km del centro de Pigüé pero en un entorno agreste, rodeado de sierras y con un arroyito a pocos metros de la casa.”Nuestra propuesta es que el visitante venga a pasar el día, hacer un retiro de descanso o quedarse un fin de semana”, cuenta mientras recorremos el inicio del circuito que ya tienen armado entre las sierras y con distintos grados de dificultad.

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Nos gustaría hacerlo completo pero lo cierto es que nos esperan en el Museo de Pigüé, un lugar donde la historia de la ciudad está viva. “Tenemos una profunda relación con nuestros orígenes”, afirma Mariana Walter, guía del Museo, “por eso hemos buscado la forma de contarla de una manera interactiva”. Prueba de ello son los recorridos luminosos y que proponen actividades como cajones para abrir, fotos que van cambiando y vitrinas armoniosamente armadas. Aquí es posible conocer, entre otras cosas, cómo fue el proceso de fundación de esta ciudad por inmigrantes provenientes de la zona del Aveyron, en el centro de Francia.

A 30 km de allí se ubica el pueblo de Espartillar, punto de partida hacia varios lugares ya que está a 30 km de Epecuén, Carhué y Guaminí. Además, es el lugar donde se producen las famosas trufas que se pueden degustar (en invierno) en distintos platos en el complejo Peumayén, cuya propuesta estrella son los varenikes de ricota, manzana y nuez, con trufa rallada. “Hay mucho gusto y curiosidad por las trufas y con justa razón porque tienen un sabor que no se parece a nada”, cuentan Lili y Tito, los responsables de dar de comer a todo el que llega a la zona. “La trufa es marca registrada en esta área y además, se consigue a un precio que nada que ver con el de las grandes ciudades”.

Otra pascada, por favor

“Para la noche hay una sorpresa”, nos anuncia Marina Monje, nuestra guía y asesora de los grupos de turismo rural Raíces de Campo y Sierras y Pampa. Y así fue ya que nos estaba esperando un equipo para cocinar juntos platos pigüenses de origen averonés (del Aveyron, la región francesa antes mencionada). “El objetivo es recrear la cultura francesa en Pigüé y promover los intercambios entre nuestra ciudad y Francia”, explica María Amalia Rodríguez, presidenta de la Asociación Civil Amicale, impulsora de este rescate del patrimonio gastronómico.

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“Estamos muy agradecidos a todas las familias que aportaron sus recuerdos y sus conocimientos para que todo esto fuera posible”, explica mientras preparamos pascadas y papas trufadas, donde abundan los quesos, el ajo y las verduras. “Aunque somos una comunidad multicultural, se destacan componentes heredados de los colonos averoneses como estos platos que se elaboran desde 1884 y que fueron adoptando formas propias de nuestro país, como el uso de acelga y de quesos locales”, comenda Marcelo Champredonde, investigador del INTA y también gestor del proyecto. “Todo esto representa un valor muy atractivo dentro del turismo rural”.

Trekking por las sierras

Un damasco nos regala toda su carnosidad. Más allá nos observan los ciruelos y los cerezos. Hemos llegado a la estancia Las Grutas (a 30 km de Pigüé) muy conocida por quienes gustan del 4x4 en las sierras y acampar o también alojarse en unas bellas habitaciones de casa de campo. Todo depende del espíritu de cada grupo o familia. Lo que todo turista pide sí o sí es el asado de cordero para la noche y las viandas caseras en el caso de ir a pasar el día a las sierras.

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“También el flan relleno”, dice Negrita con orgullo, el alma mater de este lugar que ofrece escalada, trekking al Abra Encantada (de una hora) y caminata con recolección de frutas muy cerca de la casa. “Hay turistas que vuelven cada año, así que siempre me llaman para reservarse un lugar o elegir que quieren comer”. En verano, a toda la belleza paisajística de la estancia (las sierras están ahí nomás) se le suma la diversión de la pileta, enorme y bella para pasar las horas más calurosas.

Al rato nos viene a buscar Carlos Eckardt. Él es quien nos lleva a Cerro Áspero, su estancia donde históricamente se cría ganado y desde hace varios años ofrece recorridos para camionetas, cuatris, aventura en las sierras y ahora el refugio más alto de Buenos Aires, en el cerro Vigilante y a 670 metros de altura. “Si vamos por las sierras son sólo 7 km hasta mi chacra y por el famoso camino del abra del Hinojo son 30”, nos dice sonriendo debajo de su sombrero.

Almacén, picadas y aves

Almorzamos una vianda de wraps con verdura camino al refugio. Son sólo 40 minutos de marcha y, a medida que subimos, las sierras se abren para nosotros. Atardece y en el refugio nos esperan unas cervezas. Nos sentemos en la terraza de madera, con las piernas colgando y la mirada perdida ante una vista de 360º con muchísimos árboles y silencio. “Todo ese monte lo plantamos con mi hermano de chicos –recuerda Eckardt–. Vimos crecer a esos árboles… bueno, como ellos nos vieron crecer a nosotros”.

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El día siguiente nos encuentra en Dufaur, pueblo de 150 habitantes ubicado a 50 km de Pigüé por la asfaltada ruta 33 y a 80 km de Sierra de la Ventana. El reciclado almacén La Moderna es lugar de encuentro, de comidas y parte de la emocionante visita teatralizada que llevan a cabo los vecinos como una forma amena de contar la historia local y entretener a los turistas.

Apenas cruzando la ruta se encuentra el pueblo de Colonia San Martín, donde nos reciben Sergio y Mónica del criadero de cerdos Puesto El 17 que, además de comidas elaboradas con esta carne, ofrece un recorrido contando cómo se realiza la cría. “El visitante se entusiasma y pregunta de todo –dice Sergio–. Mucha gente de ciudad nunca estuvo en un lugar así y le da curiosidad, es lógico; la visita termina con empanadas, picada o un asado, depende del grupo”.

De las 181 especies de aves registradas en el Partido, 142 están presentes en el Club de Pesca y Turismo de Saavedra (20 km de Dufaur). El dato lo suelta con certeza Ricardo Fernández Cháves, guía de avistaje de aves que asegura que en apenas “una mañana se ven 70 especies sin mucho esfuerzo. Este es un lugar privilegiado –enfatiza–. La laguna para nadar, para pescar y para deportes y la posibilidad de ver tantas aves”.

Un balcón a la belleza

A las 17 es el ordeño, así que además de venir a comprar quesos, muchos turistas se quedan a ver cómo es el proceso de la extracción de leche en el tambo El Balcón del Arroyo, a 17 km de Dufaur. Mientras, Liliana Oustry y familia nos preparan una merienda de esas que ya los han posicionado como los gourmet de la comarca: además de todos sus quesos hay dulces, galletas, frutas, manteca, crema y yogures. “Todo se hace aquí y sale de nuestras vacas”, dice Liliana mientras acomoda trozos de queso intercalados con dulce de membrillo formando un damero y coloca la flor que le dará el toque a la mesa. Es tan linda que no sabemos por dónde empezar. Los ojos complementan el paladar y después del primer bocado todo es una fiesta.

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Lorena López

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