viernes 19 de julio de 2019
25-06-2019 13:26 | CAZA

La temporada de perdices está en marcha en Tapalqué

Con la asistencia de tres bretones nos enfrentamos a zonas de pastos altos y los primeros fríos entre rastrojos de girasol y potreros de hacienda. Trofeos hay de sobra. Ver galería de imágenes

Desde días antes de que fuera habilitada la temporada de caza menor ya tenía el visto bueno de Diego Agrelo y su padre –Elías– para concurrir a un campo de Tapalqué el sábado 4 de mayo. Previamente habíamos visitado otras localidades (Rauch, Ayacucho, Tandil) con el fin de efectuar esas charlas de tranquera en busca de permisos para otros terrenos, así como también lugares de alojamiento y un pronóstico cinegético. Para los primeros disparos contras las perdices elegí esta ciudad del centro de la provincia de Buenos Aires (ubicada a 273 km de la Capital Federal y a 52 de Azul), porque es ideal debido a la extensión de sus campos y buena pastura, zona de cría de ganado por excelencia. Allí nos encontraríamos con Feliciano Aguirre, quien oficiaría de guía y aportaría los perros para la jornada (tres bretones blancos y marrones: Roco de seis años, Frida de dos y Cielo de cuatro).

Comparativo en duplas

Decidimos emprender el viaje la tarde anterior con la intención de descansar bien para disfrutar de la cacería sin inconvenientes, sabíamos que los pastos estaban altos, según comentarios previos de Feliciano. Por otra parte, la experiencia iba a ser luego compartida con Horacio Gallo, amigo y gran colaborador de esta revista, quien simultáneamente se encontraba cazando en el partido de General Guido. La idea era comparar terrenos, cantidad y tipo de fauna de cada localidad.

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En la mañana, como es costumbre, nos dirigimos a la comisaría para registrar los permisos, armas y avisar dónde andaríamos cazando; esto es fundamental para evitar imprevistos, dado que el patrullaje de la policía rural es exhaustivo debido al cuatrerismo en la zona. Las escopetas utilizadas serían dos yuxtapuestas, una calibre 12 con choke 1/2 y full –que estaría en manos de Elías– y una calibre 16 de origen belga que usó Diego. Yo opte por mi legendaria Browning del 12 con chokes 1/4 y 1/2 . En cuanto a los cartuchos, de 30 gramos para la 16, y de 32 y 28 gramos para las 12, con cargas de 32 gramos y 28 gramos, todos con perdigones del 7,5.

La mañana se presentó fresca, con una temperatura de 12 grados, una neblina espesa que nos iba envolviendo con una leve llovizna y un viento tenue, pero constante. Hicimos un recorrido previo para verificar el tipo de terreno de dos potreros conocidos en otras temporadas, y notamos los pastos excesivamente altos por un lado, y con rastrojos de girasol y maíz por otro. En los rastrojos es bueno tener en cuenta la dirección en que fue cosechado el cultivo, dado que si se camina en sentido opuesto al que lo hizo la máquina se corre el riesgo de tropezar con facilidad con los tallos quebrados.

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Emprendimos caminos opuestos: Elías y Feliciano salieron con Cielo bordeando un rastrojo de maíz, y nosotros lo hicimos en dirección contraria con Roco en un potrero empastado, lo que hacía muy dificultoso el desplazamiento. Por suerte no tuvimos la presencia de mosquitos, que en los últimos años suele darse en las primeras salidas debido a la ausencia de heladas para ésta estación, producto del cambio climático y el retraso de los fríos.

Cuota en media jornada

Al poco tiempo de caminata tuvimos la primera marca del bretón. Diego asistió al can para que levante la pieza, el vuelo fue de fondo y hábilmente derribó la presa. En ese momento comprobamos la gran utilidad de perros aportadores de piezas abatidas, pues el 80 % del terreno estaba con el pasto por arriba de nuestras rodillas. Tampoco tardamos en darnos cuenta de que debíamos tomar referencia del lugar donde caían las piezas: mientras uno tiraba el otro observaba detenidamente para que la recuperación no se frustrara. Con el transcurso de la mañana la neblina se fue disipando, pero las perdices se levantaban poco para nuestro entusiasmo. Sin embargo, en el potero adyacente se oían las detonaciones que provenían de la escopeta de Elías, quien en media jornada cumplió la cuota de perdices por día/cazador.

Llegado el mediodía nos movimos de cuadro, a unos 600 metros del lugar donde estábamos, ya con sol, una temperatura agradable y los pantalones secos del rocío de los pastos de la mañana. Esta vez el potrero era de hacienda, con una pradera más soportable para el andar de la perra, y más fácil el cobro de las piezas abatidas. En esa oportunidad saldríamos con Frida, la joven bretona, que allí secuenció no menos de 10 muestras de perdices adultas.

Cabe mencionar que no vimos pichonaje, de la categoría “sin ruido”, así denominados porque al iniciar el vuelo carecen aun del estruendoso tableteo de las alas, característico de los ejemplares adultos. Como el terreno nos permitía desplazarnos sin dificultad, la táctica con Diego fue separarnos 30/40 metros uno del otro y conducir a la perra para que realizara un abanico delante nuestro en el sentido que barríamos el potrero, siempre buscando el viento en contra para favorecer el olfato de nuestra compañera.

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De esta manera, ante la marca de Frida uno se acercaba al otro para registrar referencias de donde caería la pieza y poder asegurarla, dado que habíamos perdido dos perdices entre los espesos pastos. De esta manera, rápidamente cumplimos nuestra cuota de ejemplares, a tal punto que mientras regresábamos capturamos con tiros certeros a dos liebres grandes que salieron de nuestros pies.

A medida que nos acercábamos al punto de llegada, el terreno se tornaba de nuevo extremadamente accidentado, por lo que debimos levantar bien las piernas para evitar tropiezos, y para nuestra sorpresa nos topamos con dos ejemplares de perdiz colorada, los cuales contemplamos en su explosivo vuelo.

Para completar el panorama de caza menor en Buenos Aires, bien positivo a mí entender, podemos afirmar que hay buena cantidad de perdices y pocas liebres, pero buen tamaño en todos los ejemplares de esta zona.

Podés leer más notas como esta en la revista Weekend de junio de 2019, n° 561.

Por: Daniel Callisto

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Etiquetas: Buenos Aires Tapalque Caza Menor Perdices

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