Monday 15 de April de 2024
AVENTURA | 29-07-2023 15:00

Trekking desde el Chaltén: atrapados por los témpanos

Dos circuitos de baja y media dificultad para recorrer a pie. En el que llega hasta Bahía de los Témpanos se puede hacer noche y acampar a orillas del lago Viedma. El otro es un gran punto panorámico a pasos del pueblo. Magia en estado puro. Por Dardo Gobbi.
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Llegar a El Chaltén es ingresar en un mundo mágico. Una escenografía natural digna del Señor de los Anillos o  Harry Potter. Cuando la ruta nos acerca a este lugar y nos permite descubrir el paisaje ya es tarde; ya estamos en esta aventura y quedamos atrapados por los senderos de la imaginación. El vuelo nos dejó en el aeropuerto internacional de El Calafate. Allí nos esperaba nuestro guía para trasladarnos a la Capital Nacional del Trekking. Así que salimos por la RP 11 y luego de 32 km tomamos la legendaria Ruta 40, por la que transitamos 95 km más, hasta desviarnos hacia la RP 23, directo a nuestro destino. La noche nos atrapó y disparó aún más nuestra ansiedad e imaginación. El cordón más icónico de la cordillera no se dejaba ver en la oscuridad. Recién al día siguiente pudimos conocerlo.

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El Chaltén es una pequeña villa que se encuentra en el Parque Nacional Los Glaciares, provincia de Santa Cruz. Está rodeada por un inmenso cordón cordillerano, en el que sobresale el legendario Chaltén o Fitz Roy (3.405 msnm), acompañado de otros importantes picos como el Poicenot, el Saint Exupery y el cerro Torre. La región también está atravesada por dos cursos de agua: el Fitz Roy y el río De las Vueltas. Chaltén es una derivación de aonikenk, que en lengua araucana significa “montaña que humea”, así los originarios llamaban a este cerro, porque las condiciones climáticas del lugar hacen que siempre esté rodeado de nubes en su cumbre, por lo que antiguamente lo consideraban un volcán, de ahí las ganas de descubrirlo en dos intensas jornadas.

 Día 1

Mientras desayunábamos en el hotel estudiamos bien las condiciones meteorológicas para toda la semana que nos quedaríamos en la zona. En este lugar, el clima es quien dirige las excursiones a realizar, ya que se torna muy cambiante. Como hay muchísimos senderos, sólo es cuestión de desarrollar el plan adecuado para aprovechar los días de la mejor manera. El lugar más importante lo queríamos visitar con el mejor clima de acuerdo al pronóstico de la semana. 
Esta primera jornada decidimos utilizar la mañana para abastecernos y conocer la villa, que cuenta con hermosos bares y confiterías. Y la tarde, que estaba con un cielo muy cerrado y lloviznaba, aprovecharla para hacer un sendero corto y cercano: el Mirador del Paredón, que no es el de mayor longitud, pero sí resultó el más oportuno (a tenerlo en cuenta para ocasiones así). Tras partir de la villa se sube caminando y se llega a un mirador, desde donde se aprecia todo el cordón cordillerano y los dos ríos que limitan la localidad. Esta dimensión permite ubicarse geográficamente en el paraíso llamado El Chaltén. El acceso es sencillo: tras cruzar el puente sobre el río De las Vueltas, enseguida encontramos el ingreso al sendero. Desde allí, para llegar al punto más alto de esa inmensa muralla se recorren 2,5 km. Es una caminata de casi 50 minutos rodeada de colores naranjas, amarillos y dorados si la realizamos en otoño. Al llegar a la cima veremos la villa perdida entre montañas, el Fitz Roy de fondo y el serpenteante río De Las Vueltas enmarcándolo todo.

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Todavía no podíamos ver a la gran montaña en su esplendor. Las nubes se movían rápidamente y debíamos esperar a que se generara alguna ventana que nos permitiera visualizar las agujas de los cerros. Nos refugiamos entre unas rocas a esperar mientras tomábamos unos mates y cada tanto veíamos parcialmente alguna silueta. Pero el día continuó cerrado y una llovizna nos obligó a volver por el mismo sendero. El clima y la seguridad siempre son prioridad.
Volvimos al hotel, merendamos y nos organizamos para salir a hacer fotos al atardecer. Estábamos optimistas, deseosos de que las nubes nos dejaran conocer el entorno. Y así ocurrió: nuestro guía Marcos nos llevó a conocer dos miradores desde donde hacer las mejores postales. Uno de estos paradores está sobre la ruta de ingreso, a un par de kilómetros de la entrada. Al acercarnos, nos sorprendió la cantidad de fotógrafos apostados para esperar el atardecer. Es que la postal está ahí, así que pudimos hacer imágenes de todo el contexto montañoso gracias a que las nubes se fueron abriendo en pequeñas ventanas. ¡Vimos las agujas de la cordillera!
Minutos después, Marcos nos propuso ir al otro lugar más inhóspito y de difícil acceso. La excusa: una vista realmente hermosa. Llegamos a un punto al lado del río desde donde la ciudad se veía iluminada de fondo y las siluetas de las montañas se dibujaban sobre el cielo. El atardecer se hizo noche. Ya estábamos atrapados por la magia del Fitz Roy. La primera jornada había resultado muy productiva. El Chaltén no es solo la Capital Nacional del Trekking, sino que para los fotógrafos es también un lugar muy importante e icónico. Todo amante de esta profesión –aficionado o reportero de algún medio– quiere tener la imagen del Fitz Roy y todo el contexto. Buscar el amanecer, el atardecer, su reflejo en un lago... hace que haya especialistas por todos los rincones. Al lugar acuden turistas y fotógrafos de todas las nacionalidades, lo que brinda una experiencia única. Es más, muchos de ellos suelen repetir la visita varias veces, hasta tener la imagen deseada. Es muy normal llegar hasta el mejor lugar para tomar la fotografía esperada, y que el clima o las nubes no permitan hacer esa toma.

Día 2

Hoy sí comenzaría nuestro primer trekking importante, uno de dos días hasta Bahía de los Témpanos. El plan original era hacer la Vuelta al Huemul, pero este recorrido se hace en 4 días y las condiciones meteorológicas no eran las mejores. Luego de un buen desayuno y de controlar que no nos faltara nada, partimos en vehículo por la Ruta 23 hasta Bahía Túnel, un antiguo muelle sobre el inmenso lago Viedma. Allí nos pusimos las mochilas y comenzamos a caminar atravesando una primera tranquera que nos llevaría hasta el sendero. La aventura había comenzado.
Por un camino rural caminamos con el espejo del lago a nuestra izquierda. Luego encontramos el sendero y nos alejamos de la costa. Un poco más adelante hallamos el caudaloso río Túnel, que cruzamos mediante una tirolesa armada y segura para continuar. Adrenalina y diversión que realmente se disfrutan. Subiendo hacia la derecha nos alejamos del lago y comenzamos a sentir el peso de las mochilas. Luego de ese primer ascenso tuvimos un poco de respiro y continuamos caminando sobre una meseta de altura. Pastizales amarillos, árboles con tonos otoñales y el lago que nuevamente se dejaba ver junto a un cielo con algunas nubes. Finalmente, luego de tres horas y tras una pendiente importante, apareció en el fondo el majestuoso glaciar Viedma. 

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Seguimos avanzando por el sendero. La gran masa de hielo era un imán que nos atraía y cada vez lo teníamos más cerca. En el lago comenzaban a aparecer algunos témpanos flotando: bloques de hielo que se desprenden del glaciar y se mueven con los vientos. Dos horas después estábamos llegando a Bahía de los Témpanos. Un bosque dorado nos recibió y entre sus hojas ocres logramos ver el azul del lago, con algunos bloques cristalinos flotando. De fondo, las paredes del Viedma. Descendimos dentro de un bosquecito y nos acomodamos en el lugar donde acamparíamos para pasar la noche. Ya estábamos en Bahía de Los Témpanos, así que tras dejar las mochilas fuimos hasta la orilla del lago. El cansancio por un momento desapareció. Nos invadió la inmensidad, el silencio y la belleza. Hicimos fotografías por doquier, tomamos mate e hicimos una pausa para armar nuestro campamento. Siempre es conveniente hacerlo con la luz del día.
El atardecer y la noche nos cautivaron. Los tonos naranjas del atardecer, junto al azul del lago y a los diferentes colores de los hielos nos deslumbraron. Algo que nos preocupó mucho –para bien– fue la temperatura de esa noche. Habíamos ido preparados para fríos extremos y, si bien estábamos frente al glaciar, un aire cálido nos acompañó toda la tarde y durante la noche. La calidez fue tal que dormimos fuera de nuestras bolsas de pluma. El cambio climático sin duda se hace notar, aunque sentados a orillas del lago el guía destacó que era muy rara esa temperatura en esta época del año.

Ruidos nocturnos

Mientras descansábamos pudimos escuchar como el glaciar rugía, tronaba realmente. Escuchábamos las estampidas de los desprendimientos al separarse de la gran masa de hielo y caer al agua. Pusimos nuestros despertadores temprano para capturar el amanecer, pero al levantarnos el paisaje había cambiado: la bahía estaba llena de témpanos. Una parte del glaciar estaba flotando en pedazos sobre el lago. Fotográficamente teníamos un motivo hermoso, pero el cambio climático nos hizo reflexionar nuevamente. 

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Luego de desayunar desarmamos el campamento, guardamos todo en las mochilas y emprendimos el regreso. Comenzaba a llover, nos equipamos bien y volvimos por el mismo sendero que nos había traído. El agua que caía cambiaba el paisaje a cada paso y una gran cantidad de arco iris aparecieron durante nuestro retorno. Eso nos motivaba para llegar nuevamente hasta el vehículo, tomar algo caliente y retornar al hotel. Habíamos pasado dos días increíbles de trekking a Bahía de los Témpanos. Sin duda, El Chaltén y su entorno tienen una infinidad de senderos por recorrer. Antes de aventurarnos debemos analizar el clima, considerar las precauciones y, de acuerdo a nuestros objetivos y estado físico, elegir el más adecuado en el momento más oportuno. 

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