Punta Indio: una escapada con todos los lujos

Una propuesta ideal para los porteños: muy cerca, que invita a disfrutar actividades, arte y paisajes de río.

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Las pisadas de nuestros caballos nos alejan del campamento. Es domingo a la mañana y venimos de hacer noche en el monte, algunos en carpas, otros al sereno, como hacían los antiguos reseros en sus largos recorridos. “La idea es que la gente recree la experiencia del hombre de campo, salimos a vivir la pampa argentina”, dicen Juan y Emilse, de Cabalgatas del Indio, que salen del caserío de Alvarez Jonte y suelen recorrer 25 kilómetros hasta Punta Indio, pueblo que se destaca por la presencia de monte, campo y río (¡todo junto!) y por estar dentro del área protegida Parque Costero Sur, que pertenece a la Red de Reservas de Biosfera de la Unesco.
La mañana es fresca, soleada y en el grupo de los que cabalgamos algo ha ocurrido porque los que ayer estaban inseguros o con recelos, hoy parece que han hecho esto toda su vida. “Las personas pierden el miedo porque al estar todo el día juntos durante 48 horas logran un vínculo con el animal… Hay quienes lloran cuando se despiden del caballo”, afirman. Será ese vínculo atávico que se despierta entre el hombre y su flete.

Kayak, paisajes y fotos

Además de las típicas actividades de kite surf, remo y windsurf, desde hace un tiempo el kayak ha tomado protagonismo. Y tal es así que los domingos los encuentros en el río ya son cita obligada. “Realizamos salidas de dos horas con una clase previa y excursiones los días de luna llena de forma gratuita”, explica Claudio Demarchi, de la Escuela de Canotaje de Punta Indio. “Todo comenzó cuando decidimos empezar a mirar y vivir el río, así que invitamos al turista a sumarse”, dice con una sonrisa y convencido de que cuando uno ve la costa desde “otro punto de vista”, muchas cosas pueden cambiar dentro de uno. “La gente goza del paisaje ya sea cuando remamos en las aguas abiertas del Río de la Plata, como en los arroyos de la zona. Además, disfruta de pasar un día en familia, con amigos o en pareja, ya que al finalizar la jornada se hacen fogones para el almuerzo o cena y se comparte una comida a la canasta”, sintetiza Julieta Brunero, instructora de kayak.
Nuestro recorrido continúa por el Sendero Villoldo, mil cien metros bordeando el arroyo del mismo nombre y que permiten conocer el bosque con sus árboles típicos, e ideal para el avistaje de aves donde se destacan la garza mora, el pato cutirí (a quien le encantan los arroyos selváticos), cigüeñas y alicucus. “Ahora nos toca el Sendero del Coronillo Abuelo, de más de 300 años de edad”, cuenta Pablo Canteros, nuestro guía. “Este es el árbol que le da hospedaje a la mariposa bandera argentina, que es el emblema de Punta Indio y nuestra especie protegida”. Otros de los árboles con resguardo por ordenanza municipal son tala, molle, sobra de toro y espinillo, que se ven en los recorridos. Es hermoso y tranquilizador para el espíritu el silencio y los aromas que nos rodean. La naturaleza se expresa con toda su intensidad, es por eso que Punta Indio se ha convertido en un lugar muy elegido por quienes necesitan hacerse una escapada fuera de la ciudad y mirar otras cosas, ya sea con sus ojos… o con sus cámaras.
“Mi idea es que cada visitante encuentre a través de la excusa de sacar fotos y viajar, una experiencia interior”, explica Laura Gravino de FocoNatura. “Cuando salimos en grupo siento que las personas logran sanarse de la ciudad, de la soledad y del apuro en que se vive… que aquí pueden experimentar de forma lúdica una manera distinta de viajar y de estar”, nos cuenta mientras describe que suelen hacer fogón por las noches y quedarse hasta tarde sacando fotos de las estrellas.

Pesca, quesos y mucho barro

Los 16 kilómetros que separan Verónica de Pipinas se hacen sin que nos demos cuenta, por lo tranquila que es la ruta 36. Estamos yendo para hacer el clásico de clásicos: comprar queso y dulce en uno de los carritos de la ruta, que ahora son confortables cabañas que también ofrecen salames, quesos saborizados y panes. “Estamos todo el año abiertos, en invierno de 7 a 21 y en verano todo el día, ya que hay muchas ventas de noche a los turistas que van a la costa”, dice Liliana, representante de una de las 12 familias que llevan adelante estos emprendimientos.
Así, con un queso con pimienta, un frasco de miel y una cremona, partimos hacia nuestro próximo destino que es Punta Piedras, un paraje ubicado a 25 kilómetros de Punta del Indio donde hay tres lugares a destacar: Rancho Castelli, un parador con camping pensado para los pescadores; Playa 3, ideal para pescar y caminar; y la Pulpería del Vasco. “Aquí se pesca todo el año”, explica Ezequiel Calvano, director de Turismo de Punta Indio. “En invierno hay mucho pejerrey y se pesca tanto de la costa como con servicios de embarque.” También salen corvina negra, lisa y carpa, y en verano patí y dorado.

Viaje en chata

Pero nosotros hemos venido hasta aquí para realizar otra actividad. Luego de tomar vino de bota en La Pulpería (¡excelente!), nos subimos a un vehículo muy especial y que resultará harto fiel en los barriales imposibles que debemos enfrentar: un Citroën 2 CV con una caja adosada, o sea hecha chata. Empezamos el recorrido y lo que vemos es increíble, porque basta prestar atención para observar el corte literal que se da entre el monte cerrado y el pastizal, para luego, apenas unos metros más allá, ver aparecer el río, que de tan ancho parece mar. Nos bajamos de la chatita y caminamos por el monte que se va cerrando, y ahí comprendemos de qué forma estos árboles que pinchan sirvieron de refugio para los antiguos querandíes.
Ya de nuevo en Punta Indio nos reciben en su taller Horacio y Clarisse, ceramistas que trabajan con los métodos precolombinos de los pueblos originarios y con la arcilla de la zona. “Todo ser humano tiene una veta artística aunque no la reconozca –sostienen–, por eso nos juntamos para rendirle culto a la Pachamama, agradecemos a la tierra la inteligencia para modelar y que nos haya permitido crear una pieza estética para el alma o utilitaria en la vida diaria”. Para el turista, la propuesta de Cerámica del Bosque consiste en realizar una experiencia con la arcilla, comer en el taller, conocer la naturaleza del entorno y compartir un día de agradecimiento a la tierra y a la capacidad creativa del ser humano.
Cae la tarde y lo que nos queda del día es un circuito de plantas nativas comestibles a cargo del naturalista Alejandro Galup, que también pertenece a la Red de Jardines Silvestres de Punta Indio. Caminamos por su jardín-vivero mientras nos ayuda a reconocer flores, plantas, cañas y árboles. “Esta planta se llama cerraja y, al igual que el bambú, es ideal para empanadas”, detalla. “El diente de león, la carne gorda y el vinagrillo son perfectos para una ensalada y lo mejor es que uno va cosechando y en 15 días ya hay hojas de nuevo”. Otras de las delicias nativas son los piñones de pino Paraná, que se tuestan 15 minutos de cada lado y tienen sabor a castañas.
Ya se ha hecho de noche y la jornada termina con una cena en La Betty, donde se combina lo tradicional y lo novedoso: tallarines caseros con salsa de hongos producidos en la zona, acompañados de una ensalada de los yuyos antes mencionados. Todo creado y producido en Punta Indio, muy cerca del Obelisco.

Nota publicada en Weekend 527, Agosto de 2016.

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