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Un circuito “de locos” en San Juan

Los bikers locales llaman “el neuro” a este entretenido y difícil camino en las afueras de la ciudad del norte del País. Galeria de imágenes.

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A veces un viaje sirve no sólo para el propósito turístico, sino también para entrenamiento. En este caso, la intención era visitar la ciudad de San Juan y alrededores, pero los bikers locales le dieron otro matiz. Es que en la zona se desarrolla el ciclismo con mucho entusiasmo, mediante diversas agrupaciones, y entre ellas se encuentra el grupo “A2MTB”, de Paula Arias y Pablo Aguilar, que se tomó el trabajo de armarnos un plan que iba desde pedalear liso en la zona de Pocito, a realizar trabajo técnico en la montaña, aparte de entrenar en el gimnasio.

Una de las grandes ventajas de SanJuan es la cercanía de los circuitos, lo que posibilita partir pedaleando desde el centro, sin recurrir al auto. Por eso me sorprendía que durante el mediodía de cualquier jornada, multitud de ciclistas, ya sean de ruta o de mtb, salieran a entrenar. “Aprovechamos que al mediodía cierran todos los comercios y oficinas, por eso tenemos hasta tres horas paraentrenar, ducharnos y un almuerzo ligero antes de volver”, dijeron los compañeros de pedaleada.

Camino al “Neuro”

En este caso, el grupo se congregó en las afueras y nos dirigimos a la Quebrada del Zonda por asfalto. Luego de un ripio parejo llegamos a “El Neuro”, una zona de entrenamiento llamada así por un neuropsiquiátrico cercano. A ellos les parecía común el nombre, pero “ir entrenar al Neuro” me resultaba “delirante”.

El suelo es demasiado árido y con centenares de piedras rodeadas por tortas de cactus, con abundantes subidas y bajadas. Sol al máximo y sombra… ¿Dije sombra? Estímulo no faltó: “Si salís de la senda, pinchás, y si te caés, te pinchás”, me dijeron. Me sentía como un futuro puercoespín. Como siempre, con el propósito de estudiar el terreno, voy último bicheando a los demás y copiando. En este caso se complicó, porque catorce bicis adelante levantaban una polvareda terrible, por lo que me intercalé en el medio.

El circuito es trabado, de allí que la exigencia era continua y divertida: subidas cortas y abruptas, seguidas de bajadas más que veloces y zigzagueos constantes. La clave es embocar bien la primera curva, para enhebrar las siguientes barriendocon la bici de lado a lado. Como algunos de ellos tenían que hacer tarea, Pablo les dio las indicaciones del tiempo de trabajo,mientras otros continuamos hasta un punto panorámico.

Con la adrenalina del camino sinuoso, los seguí a su ritmo. Fue un error,a mitad de camino tuve que hacer un “pase y descanse”, porque me estallaban la piernas.Tras un breve intervalo, llegué al punto panorámico a mi ritmo, donde se apreciaban las Sierras del Zonda y, a lo lejos, la represa de Ullum. La zona que siguióno era más que una meseta, y elpedaleo subsiguiente sirvió para recuperar las piernas… ¡pero había que bajarlo! Dejamos bastantediferencia entre ciclistas y nos tiramos. Lo de siempre: asiento bien abajo, la cola bien atrás, brazos semiextendidos y ¡a volar! Bajábamos levantando cascotes.

Sin embargo, todo puede fallar, a más de treinta sentí unchif lido y la rueda trasera se planchó al piso. “Chau cubierta”,pensé. La estrategia era no terminar igual que la rueda, por lo que desplacé unpoco el cuerpo hacia adelante, sin tocar los frenos y traté de no escuchar los golpes de la llanta contra las piedras. Unos 20 m adelante pude frenarla, al tiempo que el biker que me seguía exclamó:“¡Cómo la llevaste, culiao!”. Por dentro no podía creer que había terminado “sin comprar montaña”.El recuento de daños dio el resultado esperado: la cubierta de kevlar tenía un tajo lateralimportante, pero había resistido esos metros en llanta. La cámara estaba hecha flecos, pero mi preocupación era la llanta. Las de miMérida son de doble pared (más resistentes) y no habíansentido los impactos. Luego de cambiarla cámara e improvisar un auxilio (ver “Reparación…”), seguimos por asfalto rumbo al dique.

Cuesta bien arriba

Al llegar al asfalto, la subida hasta el paredón del dique se hizo interminable y, para colmo, llegamos hasta poco mas allá: el GPS marcaba 834 metros msnm. La frutilladel postre era un descenso de 125 m hasta la altura de 709 msnm. Matemáticamente hablando, eran 125 m de desnivel en casi 7 kilometros. Pero a nivel hormonal, en particular por la adrenalina, fue puro placer.

El parque natural Loma de las Tapias protege una zona árida y pintoresca en la cual predominan formaciones de arenisca de unos 10 m de altura, en sentido noreste. Entre ellas hay cañadones que se entrelazan formando un trazado muy divertido para hacer en bici. Para dispararel entretenimiento sólo me senté en mi Merida One Twenty y la empujé, la gravedad se encargó delresto.

A continuación vino una seguidilla de curvas, peraltes, derrapes y saltitos, exigiendo máxima concentración en la parte sinuosa,pero sintiendo aún que experimentaba momentos imborrables. Alfinal de la bajada nos reagrupamos y me preguntaron qué me había parecido ese circuito llamado “El trabado de los turcos”, sólo se me ocurrió una frase de la infancia cuando mis padres me llevaban a la calesita: “¡Otra vueltita por favor!”.

Nota publicada en la edición 478 de Weekend, julio de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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