Sábado 31 de octubre de 2020
TURISMO | 13-10-2020 08:34

Bonito, en Matto Grosso brasileño: la otra cara del paraíso

Utilizamos esta ciudad como base de partida para conocer las bellezas locales y atravesar una selvática ruta del sur amazónico, hasta el límite con Bolivia.
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Hay lugares de la tierra bendecidos o realmente afortunados por las bellezas naturales en su entorno. Este caso es el de la localidad de Bonito, en el Mato Grosso do Sul del Brasil. Ofrece múltiples atractivos para disfrutar en familia, angostas sendas de tierra colorada para adentrarse en la selva y llegar a profundas cavernas; saltos de aguas paradisíacos, ríos cristalinos y pasarelas para la observación de su extensa fauna salvaje en completa libertad, entre muchos atractivos más.

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También, como en nuestro caso, es la base para desandar la ruta BR 262 que atraviesa el Pantanal hasta el límite con Bolivia en Corumbá para adentrarse en la Chiquitanía (Weekend Nº 563, agosto 2019). El Pantanal es una de las reservas de agua más grandes del planeta, Patrimonio Natural de la Humanidad. Bulle de vida salvaje con guacamayos, tapires, enormes carpinchos, y abundantes y gigantescos yacarés, entre otros animales.

Migraciones

Salimos por el extremo noreste del país atravesando la Mesopotamia. Luego de un alto en la costa correntina seguimos al norte, para llegar al límite con la provincia de Misiones e ingresar al Paraguay, arribando al límite con Brasil en la siempre tensionada ciudad de Pedro Luis Caballero. Esta divide o, mejor dicho, une las dos naciones mediante un boulevard que la recorre de punta a punta. De un lado Brasil, del otro Paraguay; pero no hay que distraerse: hacer los trámites de aduana y migraciones si no se quiere pasar un mal rato del lado brasileño ante un eventual control. Uno podría ingresar al Brasil sin ningún control, por ello hay que buscar la oficina de la Policía Federal y registrar el paso. El trámite es un poco lento, se toman su tiempo, así que hay que preveerlo en la hora de salida. Sobre todo si se quiere aprovechar la visita al lugar con un paseo por alguna de las grandes tiendas que venden sin impuestos de importación.

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Mato Grosso do Sul

Ya del lado brasileño, el paisaje de los primeros cientos de kilómetros choca un poco con lo que uno espera ver. La selva fue desplazada de la escenografía, salvo en manchones y cordones continuos, fue suplantada por inmensas extensiones de soja. Esto decepciona un poco al principio, sobre todo a quienes por primera vez se llegan a estos lares y esperan que aparezca el Mato Grosso que da nombre a este estado del Brasil. No obstante, a medida que nos acercamos a nuestro objetivo, el paisaje cambia y, poco a poco, una selva cerrada y grandes palmeras asomando sobre él, comienzan a ser parte del entorno.

Bonito

La ciudad cuenta con una gran infraestructura turística y alojamiento de todo tipo: apenas al ingresar nos sorprenden dos gigantescas piraputangas. Son esculturas de estos peces que pululan en las aguas de sus ríos y que adornan la fuente central de la plaza. También sorprende la oferta gastronómica, que desde su cartelería ofrece platos exóticos a los que no estamos muy acostumbrados: yacaré, tortuga, carpincho, etc. El cuidado de la naturaleza y su patrimonio natural es tomado muy en serio. Las visitas a los atractivos está rigurosamente limitada, por lo que es necesario para el 90 % de los lugares sacar el ticket con anticipación.
Una de las excepciones es el Balneario Municipal, en donde es posible sumergirse entre enormes cardúmenes de piraputangas, visibles bajo el agua por su tamaño, brillo y destacadas colas rojizas. Al arrojársele comida, saltan fuera de la superfcie agitando sus plateados cuerpos con una voracidad e ímpetu que a muchos asusta. Antes de retomar el camino de selva, nos tomamos unos días para disfrutar de los atractivos de Bonito.

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Unos pocos se animan a bajar al Abismo Anhumas. Para ello primero hay que pasar una prueba de rappel. Sólo 16 personas pueden acceder en forma diaria. Un grupo lo hace y enfrentamos la prueba con éxito. Nos adentramos por un estrecho hueco entre piedras de unos dos metros de ancho. Descendemos más de 75 metros hacia el fondo de ese abismo: se asemeja a estar bajando desde la cúspide de la cúpula de una inmensa catedral de piedra. Debajo nos esperaban y entregan el equipamiento para realizar la inmersión. Lo que nos permitió observar a través del agua, completamente transparente, columnas calcáreas que, como gigantescos dedos, emergen del fondo de la caverna junto a pequeñísimos peces que brillan a la luz de las linternas. ¡Hay que experimentarlo! Es un momento único.
La totalidad del grupo, se prende para realizar la flotación por el Río da Prata; también se lo puede hacer por el Sucurí y otros. La naturaleza de estos ríos hace de sus aguas transparentes su principal característica. Permiten dejarse llevar por su corriente, mientras se observa su rica fauna ictícola. Estacionamos, nos vestimos con los trajes de neoprene y luego subimos a una camioneta que nos deja a la entrada de un sendero en la selva. Caminamos por él unos cientos de metros bajo la cúpula verde, hasta llegar al borde del río. Algunos prueban por primera vez un snorkel. Tras la charla de rigor, la caravana, ahora sin vehículos, se forma por figuras de negro en flotación a lo largo del río. Las sensaciones del mundo submarino nos invaden. Vamos flotando, dejándonos llevar por la corriente entre cardúmenes de piraputangas, dorados e inmensos pacúes, cuya redonda figura semeja un trozo de terciopelo tornasolado que brilla bajo los rayos del sol que penetran sin dificultad hasta el fondo, dibujando destellantes figuras en la arena.

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Una boa se suma al paisaje y un yacaré observa impávido desde una de las orillas… no pocos se asustan. Salimos del agua y un opíparo almuerzo pantaneiro repone nuestra energía. Los días son aprovechados para visitar algunas fazendas y sus sendas selváticas hacia las cachoeiras: saltos de agua altísimos, que caen a plomo en fuentes cristalinas. Las camionetas nos llevan por sendas rojas que destacan en el exuberante verde y atraviesan angostos puentes de madera sobre los ríos que serpentean bajo la selva. Por ellas llegamos hasta las profundas cavernas o grutas. Se destaca una que en el fondo posee como una gema engarzada en la piedra, una hermosa laguna, la que cerca del mediodía, al recibir los rayos del sol a través de su inmensa boca de piedra, brilla con una tonalidad profundamente azul.

Fazendas salvajes

Acercándonos ya a la ruta elegida, una fazenda nos recibe para navegar por sus riachos plagados de pirañas y recorrer en un periplo nocturno su territorio, pleno de fauna local. El silencio reina en el camión mientras observamos un ara guazu y varios ciervos del pantano. Una acallada exclamación se da ante el paso cansino de un oso hormiguero bandera, que lo hace flameando su inmensa cola. El éxtasis llega cuando la escurridiza reina de la selva, la onça pintada o yaguareté, se deja ver y nos gruñe con blancos dientes, asomándose detrás de unas hojas.

 

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El Pantanal

Las camionetas se acomodan en la forma acostumbrada y comenzamos a desandar primero la BR 178, luego la BR 339 para finalmente tomar la BR 262; con cuidado, ya que cada tanto podemos encontrar un yacaré cruzando. Si miramos al costado, vemos como algunas familias de monos se pasan de árbol en árbol con largos saltos; también algún tucán con su largo pico es fácil de distinguir en el cielo o al momento de llegar a la rama del árbol elegido.
De repente, la ruta se llena de una marea blanca. Es un inmenso arreo de ganado o boyada, como se la conoce aquí. Debemos esperar por largos minutos. Ahora toca andar por tierra: el camino en la seca está en buen estado; en la época de lluvias se transforma en un gran lodazal que hace que solo sea practicable en vehículos 4x4.

 

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Mientras avanzamos, vemos lagunas llenas de yacarés al sol. Nos detenemos en algunas para sacarles fotos. Los carpinchos también posan, mientras algunos guacamayos azules nos sobrevuelan. Seguimos avanzando hasta llegar al borde del río Paraguay. Una a una, las camionetas suben a la balsa que nos permitirá llegar a la otra orilla. Las casas a lo largo de la ruta están construídas al estilo palafito: montadas sobre troncos que les permiten quedar indemnes durante la temporada húmeda, en donde el río inunda gran parte de la selva por meses. Así, en medio de ese paisaje vamos desandando kilómetros; hasta que a la distancia vemos el puesto de control que dice “Bienvenidos a Bolivia”, más allá está la Chiquitanía, pero esa es otra historia.

Para agendar

  • Ygarape Tour: www. ygarape.com.br
  • Gruta Do Lago Azul: R$ 64; Rio da Prata con almuerzo: R$ 290; Boca da Onça  Ecotour: R$ 267, todos precios por persona.
  • Fazenda San Francisco: BR 262 Km 583, Miranda.
  • Dónde comer: Casa do Joao, Felicio dos Santos 664, Bonito.
  • Hotelería: Pousada Olho d’ Água, desde $ 3.800 la habitacion doble, https://www.pousadaolhodagua.com.br

Mapa de la zona

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  • Distancias: Puerto Iguazú (Argentina) - Ponta Porá (Paraguay): 604 km. Ponta Porá - Bonito (Brasil): 370 km. Bonito - Corumbá (Brasil): 350 km. Total Puerto Iguazú - Corumba 1.324 km.
  • Actividades Imperdibles en Bonito: Flotación (Rio da Prata o Sucurí), Abismos Anhumas, Gruta Lago Azul, visita a cachoeiras.

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Marcelo Lusianzoff

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