Viernes 23 de abril de 2021
TURISMO | 14-10-2018 08:41

Viaje en el tiempo entre palmeras: la Calera de Barquín

Desde la ciudad de Colón podemos llegar al Parque Nacional El Palmar, que además de sus grandes atractivos naturales también recibe a los viajeros con las ruinas de un pasado reciente que aún no ha sido completamente descifrado.
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Las ruinas de la Calera de Barquín se encuentran próximas a la intendencia del Parque Nacional y a unos 600 metros al sur del camping, a orillas del Río Uruguay. Los visitantes pueden acceder caminando a través de un soñado sendero entre selva de galería y bosque seco; también en auto, por un camino de dos kilómetros y medio. Frente a las ruinas, se encuentra el balneario del Parque Nacional. Se trata de un conjunto de edificios de piedra que representa uno de los más antiguos establecimientos coloniales entrerrianos.

Las historias que cuentan las ruinas. Con pasado de calera y de curtiembre, su origen preciso es desconocido. Se cree que la posteriormente conocida como “Calera de Barquín” data de antes del año 1700 y que no fue levantada de una sola vez, sino que tuvo por lo menos cuatro etapas de construcción en la época colonial. Entre los siglos XVII y XVIII, habría existido en ella una superposición de usos. Por un lado, el Colegio Jesuítico de Santa Fe, poseedor de una extensísima franja territorial ubicada transversalmente entre el Río Paraná y el Uruguay, le utilizaba como curtiembre para pelar cuero de vaca y también, en menor medida, como calera. Otro de los usos que se habría superpuesto en aquellos años, era el que hacía del puerto el Cabildo Indígena de Yapeyú, a partir de un permiso otorgado por el Rey de España. Desde unas 35 estancias que tenía en el norte de la hoy vecina República Oriental del Uruguay, se trasladaba por el río yerba, tabaco y azúcar de las misiones guaraníes hasta Buenos Aires.

A mediados del siglo XVIII, las monarquías católicas europeas expulsaron a los jesuitas de sus tierras, provocando la posterior supresión de la llamada “Compañía de Jesús”. Es en principio en 1768 cuando el Rey dispone su expulsión de la calera del palmar, la que es posteriormente ocupada por Manuel Barquín, designado por el gobierno colonial como veedor y custodio de la zona. Barquín se desenvuelve también como comerciante y compra a las Juntas de Temporalidades los derechos en un remate público. Las informaciones rescatadas por historiadores dan cuenta de que entre 1775 y 1810, Barquín hizo uso de la calera y mantuvo una relación conflictiva con los guaraníes, que participó del Cabildo Abierto de Buenos Aires en mayo de 1810 (manifestándose en favor de la Corona Española), y a partir de ahí no existen más rastros de él. Su esposa y cuatro hijas heredaron la calera.

Las continuas guerras que sucedieron a este período, llevaron a que se interrumpiera toda la actividad productiva en el lugar. El patriota oriental José Gervasio Artigas lo ocupó entre 1811 y 1819. Años más tarde, una heredera de Barquín la recuperó y la puso a disposición de la empresa británica River Plate Agricultural Association, que se instaló por poco tiempo con 50 colonos británicos abocados al cultivo del trigo. Posteriormente, lo hizo la sociedad Arcos, Bilbao y Bragge, con el cultivo de la palmera yatay. Años más tarde, Justo José de Urquiza le compró la calera a uno de los sucesores de Barquín, para utilizar el suelo en la cría de ganado, el comercio de cueros y el almacenamiento de vinos europeos. Tras su asesinato, fue ocupada por Ricardo López Jordán y durante la llamada Rebelión Jordanista, allí se produjo precisamente un combate al que se llamó precisamente “Calera de Barquín”.

Ya entrado el siglo XX, se utilizaba el sector como zona de pastoreo de ovejas y para la extracción de canto rodado y ripio, que se transportaba en barcos desde el mismo embarcadero. Estas actividades se sostuvieron hasta 1966, cuando dieron inicio las gestiones para la creación del Parque Nacional El Palmar, en un intento por resguardar la invaluable riqueza de palmeras yatay, especie prehistórica predominante y característica del lugar, reconocida como una de las formaciones vegetales más antiguas del planeta.

De la calera sobreviven dos hornos, que eran utilizados para la elaboración de cal viva, un embarcadero, tres edificios y un cementerio. Todos construidos con argamasa de cal, barro y arena, los edificios tienen aproximadamente unos cuatro metros de altura y denotan haber sido reforzados y modificados en sucesivas ocasiones, a lo largo de la historia. Desde los 90, se viene trabajando en el resguardo y la correcta señalética del lugar para bien de su conservación y de su exposición a los visitantes, a través del relato de guías capacitados.

Para mayor información:

Dirección Municipal de Turismo

+54 3447 423000 / 421233

info@colonturismo.tur.ar

www.colonturismo.tur.ar

www.parquesnacionales.gob.ar

 

Crédito fotos: Secretaría de Turismo de Colón

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