lunes 24 de febrero de 2020
08-05-2017 09:17 | TURISMO

Aruba: una isla all inclusive

Distinguido por sus playas, seguridad y propuestas, este paraíso holandés del Caribe cada vez atrae más argentinos. Descubrimos su fórmula de felicidad. Galería de imágenes y video. Ver galería de imágenes

Islas inútiles o inservibles. En 1499 así denominaron los españoles a Aruba, Bonaire y Curaçao, las actuales Antillas holandesas del Caribe más próximo a Sudamérica (24 km al norte de Venezuela). Si hubieran convivido con gerentes de marketing del nuevo milenio, los tripulantes de las carabelas de Colón seguramente no habrían trabajado de marineros nunca más.

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Es cierto que hace unos 500 años el turismo no existía (nace en el siglo XIX como consecuencia de la Revolución Industrial), pero en Aruba había oro. Y posteriormente hubo petróleo. Y en 1986 llegó el turismo para quedarse por siempre: 1,1 millón de pasajeros se disputan cada año las 9.000 camas de los 31 hoteles que habitan la isla; 18.500 de ellos son argentinos. Más de 300 días de sol al año y de 30 °C de temperatura promedio son garantía de satisfacción para el visitante y de futuro comercial para los emprendedores. Los indios caquetios que arribaron a la isla alrededor del año 1000 dC sin duda fueron unos visionarios.

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Que Aruba sea epicentro de una importante afluencia de turistas no es casualidad. Hay al menos una decena de tópicos que la posicionan como destino de privilegio en la brújula mundial: 1) falta de impedimentos lingüísticos para comunicarse (los arubianos hablan a la perfección español, inglés, holandés y papiamento -lengua local-); 2) una increíble oferta gastronómica: 200 restaurantes con platos locales e internacionales y multiplicidad de precios (además de las tradicionales cadenas de comidas rápidas); 3) playas de arena fina y blanca, con agua cálida y muy cristalina; 4) salidas y excursiones para no aburrirse jamás: 11 casinos, 4 shoppings, travesías en barcos piratas, pesca embarcada, avistaje de naufragios con snorkel, surf, trekking, cuatriciclos, buceo...; 5) amabilidad y buena predisposición de sus habitantes (110.000 de 97 nacionalidades).

Aún hay más: 6) limpieza, orden y respeto: no hay basura en las calles ni grafitis, indigentes, bocinazos ni apuro; 7) tampoco hay masividad de turistas, sino el número justo para que todo funcione sin hacer colas ni esperar más de la cuenta; 8) la isla es zona libre de impuestos y de huracanes; 9) variedad notable de alojamientos: a los tradicionales hoteles y 7 resorts all inclusive, se suman aparts hoteles, casas y condominios en alquiler, lo cual garantiza un amplio espectro de tarifas; y 10) fundamental: a diferencia de otros destinos, Aruba es 100 % segura: no es necesario quedarse encerrado en el resort, sino que uno puede moverse con total libertad a cualquier hora, sea a pie, en taxi o colectivo, y recorrer la isla de punta a punta sin la más mínima preocupación.

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Un día de vacaciones

La arena blanca es muy fina y –curiosamente– no quema los pies al caminar. El sol, implacable, obliga al protector, al chapuzón y a una Balashi (cerveza local) o un Aruba Ariba (trago típico). El aire caliente seca casi al mismo tiempo la piel y el traje de baño. Algunos desde la reposera bajo la palapa observan como otros tomaron la iniciativa de la acción en el parasailing, el stand up paddle o efectúan acrobacias sobre un inflable. Quienes no, se refrescan en la piscina o, simplemente, contemplan como se funden el verde turquesa del mar con el celeste del horizonte en una paleta cromática inefable. La felicidad no se analiza, se vive.

Un pianista anónimo arenga a los concurrentes de Soprano’s a cantar. La mesera de Boomba Beach se descalza sobre la arena e invita a imitar sus pasos de baile. El guardaparques del Parque Nacional Ariokok relata la historia de la mina de oro. Y Arthur Kelly, titular del restaurante Faro Blanco, arremete con una semblanza del California, el atalaya que este año cumple un siglo de vida iluminando el horizonte de este atolón caribeño de 193 km2: 30 km de longitud por 10 en el punto más ancho.

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A todos ellos los une algo en común: desde sus lugares tan disímiles ofrecen una perspectiva que permite descubrir a Aruba como una excelente anfitriona que contagia las ganas de venir y quedarse. Tal vez por eso los argentinos que la visitan se alojan en promedio dos semanas. ¡Y unos 400 ya se quedaron a trabajar! Tal vez por eso, también, casi el 90 % del PBI de la isla proviene del turismo: sus habitantes saben la joya que tienen y la exhiben con orgullo.

El autobús avanza por el Boulevard M.G. Smith. Con puntualidad suiza partió de la terminal de Oranjestad (capital de la isla). El chofer habla español, hace las veces de guía de turismo para los que estamos a bordo y sonríe ante alguna ocurrente picardía argentina. “Esta es Eagle Beach, una de las playas más lindas del mundo”, comenta, al momento que aclara: “No lo digo solo yo, tiene un reconocimiento internacional. Fíjense que en esta zona los hoteles están del otro lado de la carretera. Es una franja con poca gente, ideal para venir con una lona y hacer un  relajante picnic al sol”.

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Hacia el norte de la isla

Al tiempo que señala dos fofoti (árbol típico) y responde un par de preguntas, llegamos a Palm Beach: una franja contigua de 3 km donde –ahora sí– los glamorosos resorts se asientan sobre una costa alabastrina en cuya acera opuesta relucen bares, restaurantes y un pintoresco centro comercial en el cual es casi inevitable no tentar la tarjeta de crédito.

Si como dijo un célebre pintor español: “Solo lo que es intenso es bello”, Aruba está doblemente privilegiada: por su belleza inmanente y por su amplia diversidad de propuestas para familias, parejas y amigos. Será por eso que es tan posible la pesca de pez vela, marlin, barracuda y atún; como subir 640 escalones para hacer cumbre en el cerro Hooiberg, de 164 m; conocer la historia del aloe vera en una de las fábricas de productos dermocosméticos más importante del mundo, recorrer un mariposario, descubrir ancestrales cavernas, perderse en locales de selectas marcas de relojería e indumentaria, o disfrutar con los más chicos de Baby Beach: una playa sin olas de apenas 70 cm de profundidad.

Cuando el piloto del avión anuncie “10.000 pies” a través de los parlantes, faltarán apenas minutos para que el funcionario de migraciones sonría y selle el pasaporte. Su rostro contagiará alegría. El sello dirá: “One Happy Island” (una isla feliz) en tinta azul. El continuará sonriendo –es como un seteo por default de todos los habitantes de la isla–. Luego rematará: “Que tenga una excelente estadía”. Así de feliz y sencilla es la vida en este paraíso all inclusive donde todo está por descubrirse. ¡Bon vini (bienvenido ) a Aruba!

Nota completa publicada en revista Weekend 536, mayo 2017.

Cómo llegar: Avianca tiene vuelos diarios vía Bogotá, y Copa con escala en Panamá. Pasajes ida y vuelta desde $ 16.000. Webs: www.avianca.com y www.copaair.com

Dónde alojarse: RIU Palace Antillas (solo para adultos; el más alto de la isla con 18 pisos) o RIU Palace Aruba (para familias con chicos). Ambos, all inclusive y con 20% de sus pasajeros argentinos (la mayoría se aloja por dos semanas). Tarifa aproximada: U$S 3.600 por 8 noches para dos personas en agosto. www.riu.com | palace.antillas@riu.com

Más info: www.aruba.com. También disponible la App para smartphones: Aruba Guía de Viaje.

Disfrutá la isla en video:

https://youtu.be/EpWrg3Wlt1c

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Etiquetas: Caribe All Inclusive Aruba Playa Palm Beach Isla Paraíso Antillas Holandesas Arena Blanca Hooiberg Arikok Barefoot Oranjestad Mar Turquesa
Marcelo Ferro

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