Sábado 15 de mayo de 2021
TREKKING | 05-11-2020 07:26

Seis días a través de los hielos continentales

Exploramos a pie uno de los territorios más blancos y desolados de América del Sur, después de la Antártida. En el camino sorteamos grietas, ríos y alturas. Pero el esfuerzo bien lo vale.
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Más de 16.800 kilómetros delante de nuestros ojos, el mundo se abría en un blanco eterno e intrigante, delineado a sus lados por las puntas rocosas de montañas legendarias. Bajo nuestros pies, el planeta era hielo, quebrándose, crujiendo. Mostrándonos a través de anchas grietas las entrañas profundas y azuladas del agua. Avanzábamos encordados y atentos, inmersos en el sonido del silencio, en la brisa fresca que seca la boca, en la sorpresa constante de lo indescifrable.

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El Campo de Hielo Patagónico Sur es una gran extensión de hielos continentales ubicado en los Andes Patagónicos entre Chile y la Argentina. Es la tercera más grande del mundo y la más extensa de todas las de carácter continental no polar y con acceso terrestre. Junto a Yoda y Euge iniciamos la vuelta a este lugar desde El Chaltén, donde luego de algunas reuniones para chequear el clima, equipo y organizar la comida que llevaríamos, definimos fecha y horario de partida. Yoda contaba con experiencia en tránsito glaciar y técnica en hielo; en cambio, Euge y yo teníamos bastante experiencia en montaña y zonas agrestes, pero éramos unas novatas en cuestiones de hielo y grietas. A pesar de estas diferencias, el aspecto principal que compartíamos era que los tres teníamos muy en claro la responsabilidad que implicaba el aceptar y formar parte de una cordada en este tipo de travesías. 

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Día 1 - El Chaltén - La Playita

Me cargué la mochila, ajusté el cinturón para alivianar el peso y la abracé a Evan, mi gran amiga que nos había llevado en su camioneta hasta el puente del río Eléctrico, donde comienza el sendero, y que también había vivido durante todos esos días previos a la salida todos mis nervios, entusiasmo y ansiedad. El primer tramo de trekking hasta el refugio Piedra del Fraile es un sendero perfectamente marcado sin desnivel, por lo que llegar hasta él resulta un hermoso paseo por un bosque que no demanda esfuerzo. Luego del refugio, el recorrido comienza a bordear el río Eléctrico y se vuelve más rocoso e incómodo, pero mantiene un desnivel poco exigente hasta llegar al vadeo del río Pollone, donde la relajación con la que veníamos avanzando cobró una seriedad inesperada y el lugar comenzó a demandarnos los primeros indicios de respeto, porque el Pollone bajaba con una fuerza y caudal poco común, y lo que debía ser un vadeo sin mayores complicaciones se transformó en momentos de mucha tensión hasta que logramos estar los tres del otro lado.

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El día estaba soleado y sin viento, y en esas latitudes, donde la inestabilidad y la potencia de la naturaleza se hacen respetar, no era un factor que pasara desapercibido. Habíamos salido aprovechando una ventana de buen clima que duraría cinco días, justo la cantidad que habíamos calculado que tardaríamos en dar la vuelta completa con una jornadas extra por cualquier complicación. Porque luego de aquel quinto día el pronóstico anunciaba en colores rojos y violetas contundentes que íbamos a tener que llegar a un lugar seguro.
Continuamos bordeando el lago Eléctrico, subiendo y bajando entre rocas hasta llegar finalmente a La Playita, donde acampamos, tomamos una sopa caliente como plato previo a una cena de comida liofilizada, que en los días siguientes se volvería rutina, y nos metimos a las bolsas antes de que cayera la noche.

Día 2 - La Playita - Refugio Gorra Blanca

Nos despertamos muy temprano y después de desayunar nos colocamos los arneses que íbamos a tener que utilizar para atravesar la primera tirolesa de la travesía, a pocos metros de donde nos encontrábamos. Cruzamos de a uno meciéndonos con nuestras mochilas en aquel río que se encajonaba cientos de metros por debajo, mientras el agua chocaba estrepitosamente entre grandes placas rocosas y el glaciar Marconi, con su blanco imponente, brillaba desde el fondo. Tras cruzar la tirolesa comenzamos a subir de forma constante entre grandes rocas y precipicios, por una extensa quebrada que nos llevaría luego de algunos kilómetros por Laguna, de los 14 hasta el glaciar Marconi por el que subiríamos finalmente al campo de hielo.

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Yoda nos había contado sobre una trepada (llamada trepindanga en el ambiente de la escalada) bastante expuesta que deberíamos pasar antes de llegar al glaciar, y aunque no era para temer, sí era para respetar. Al llegar nos encontramos con la sorpresa de que habían colocado una cuerda fija, y luego de comprobar su buen estado, el tramo más trabado del día se volvió mucho más seguro, por eso, aún cuando al pasar esos vertiginosos metros la mochila me desestabilizó e hizo caer dejándome colgando de la cuerda, el susto no pasó más que de las risas y la anécdota.

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Cuando finalmente llegamos al glaciar, nos colocamos los grampones y por primera vez dejamos de ser tres individuos para volvernos una cordada. Unidos por una larga cuerda y clavando con fuerza las puntas afiladas de los grampones en el hielo, fuimos subiendo una intensa pendiente. Saltamos las primeras grietas buscando el ritmo necesario entre los tres para evitar tirones o cuerda floja. Llegamos hasta el Paso Marconi con una tormenta de nubes oscuras y amenazantes en el horizonte, con el disfrute de sabernos en medio de un lugar extraordinario y la preocupación latente en el cielo y los kilómetros de hielo que nos separaban del refugio. Finalmente, luego de un tramo que fue más largo en ansiedades que en distancias, llegamos cansados y felices a aquel punto en medio del hielo, que hacía unos días era tan solo un destino lejano en el mapa y a partir de ese momento ya era parte de nuestra realidad, el famoso refugio Gorra Blanca.

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Días 3 y 4 - Gorra Blanca - Circo de Los Altares

El tercer día, el refugio amaneció lluvioso y rodeado por espesas nubes que lo tapaban todo. Salir a caminar por el campo de hielo en esas condiciones no era seguro, y después de una charla grupal decidimos utilizar el día extra que teníamos para quedarnos en el refugio y salir a la mañana siguiente. Tras algunas horas, el manto de nubes se disipó y el paisaje volvió a cobrar la majestuosidad que lo caracterizaba, así que después de uno de los atardeceres más increíbles que hayamos vivido y de chequear el clima con el Garmin Inreach (un mninisatélite de bolsillo), a la mañana del cuarto día con lluvia, pero con buena visibilidad, salimos hacia el Circo de los Altares.

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Fuimos saltando grietas hasta que el suelo se cubrió de nieve y el paso se hizo más lento. Las grietas ya no eran visibles porque estaban cubiertas de nieve en la superficie, y no pasó mucho tiempo hasta que comenzamos a caer en alguna de ellas y la tensión empezó a aumentar. Se nos enterraban las piernas, dábamos un grito de aviso, abríamos rápidamente los brazos para no hundirnos y salíamos gateando muy despacio. Esa secuencia se repitió varias veces hasta que Yoda leyó el terreno y nos desvió hasta una zona donde las grietas se volvían nuevamente visibles y la calma retornó al cuerpo. Con viento frío llegamos hasta el tan ansiado Circo de los Altares, buscamos un lugar entre hielo y rocas para poner la carpa y nos sentamos, con las mandíbulas entreabiertas y los ojos brillantes, a contemplar aquellas grandes montañas rocosas que nos rodeaban desde cerca.  

Día 5 - Circo de los Altares - Vivac Paso del Viento

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Teníamos exactamente un día para salir del Campo de Hielo antes de que el clima se volviera realmente peligroso. Caminamos encordados, alejándonos muy lento del Circo de los Altares, hasta llegar a la zona de ablación en donde nos encontramos con un laberinto de altas y extensas grietas que imponía respeto y que logramos cruzar con mucho cuidado, bajando y subiendo con los grampones de punta por sus laterales. El recorrido continuó incómodo, recién después de un largo rato dejamos el hielo y los grampones para pisar nuevamente la roca, pero las condiciones del trayecto tardaron en mejorar y tuvimos que caminar por inestables morenas de sedimentos sueltos hasta lograr llegar al sendero que nos llevaría al Paso Del Viento. Llegamos al vivac de noche en uno de los días más largos y agotadores de la travesía, pero con la tranquilidad de estar en zona segura.

Día 6 - Vivac Paso del Viento - El Chaltén

El viento y la lluvia no se hicieron esperar y aún nos faltaban 20 km, cruzar un glaciar y una tirolesa para llegar al pueblo. Pero era el último día y la alegría de saber que íbamos a concretar la vuelta nos conquistaba el cuerpo y las sonrisas. Y tal vez, por no pedir más de lo que ya nos había dado, ni de quejarnos por comenzar el día mojados, la lluvia decidió parar y volverse sol para acompañarnos hasta El Chaltén con la emoción anudando el pecho y la garganta. Durante seis días habíamos recorrido el Campo de Hielo Patagónico Sur y después de esos seis días, un pedazo blanco y prístino del mundo vivía ya para siempre en nosotros.

Números del trekking

Distancia: 80 km aprox. Desnivel total: 2.600 m
Cantidad de días: 5, con 1 extra por cualquier complicación
Experiencia: para hacerlo de manera autónoma es indispensable contar con experiencia en tránsito glaciar y técnica en hielo. En el caso de no tenerla, existe la posibilidad de contratar un guía de alta montaña. La gente de Cordada Expediciones realiza este tipo de travesías.
Peso de mochilas: entre 16 y 25 kilos.
 

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Estado físico: son jornadas largas y muy demandantes, es indispensable estar en excelentes condiciones.
Equipo básico: primera, segunda y tercera capa de indumentaria de montaña, botas rígidas, grampones, piqueta de travesía, arnés, cuerda y equipo completo de seguridad. Casco, carpa de alta montaña, bolsa de dormir (-15 grados confort), calentador, GPS. Spot Satelital o similar y botiquín de primeros auxilios.
Permisos: es necesario realizar la salida en el puesto de Gendarmería de El Chaltén y avisar previamente por la utilización del refugio Gorra Blanca.

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Marisol López

Marisol López

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