Friday 19 de July de 2024
PESCA | 30-06-2024 10:00

Laguna de Monte: flechas para cañas exigentes

Tras la sequía del verano, el desafío en este espejo pasaba por ver cómo había quedado la población de peces, que ahora no se regalan.
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Perder el agua es una catástrofe ecológica que lamentablemente sufrieron muchas lagunas bonaerenses, con suerte dispar: algunas se secaron del todo, otras conservaron algo del vital elemento y –con ello– la vida que contienen. Este factor estresor de cualquier ecosistema pegó duro el corredor de Ruta 2 y en Ruta 3, y casi pone de rodillas a una laguna escuela de pescadores como San Miguel del Monte que, pese a una mortandad sufrida, no perdió toda su población de flechas de plata. 

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Por desgracia, esta muerte de peces que incluso ganó los noticieros ocurrió pocos días antes de un repunte en los niveles hídricos, que –lluvias mediante­– hoy tiene a la laguna en niveles óptimos. ¿Le habrán quedado pejerreyes a Monte? Nuestro guía de confianza en la zona, Gabriel Guayán, conocido como “el Poli pescador”, nos dijo que quedó mucho pescado, pero que pescarlos ya no era tarea fácil como en la temporada pasada. Ante este panorama, nos gustó el desafío de ir a testearla, sabiendo que habría que estar muy finos para sacarle el jugo a una laguna que tradicionalmente fue difícil y ahora nos ofrecía un cuadro de menos peces en mayor volumen de agua, panorama totalmente distinto al de 2023, con laguna baja y población abundante en menos charco.

Acá nomás

Esta laguna presenta múltiples ventajas comparativas que hace que uno vuelque sus preferencias por este espejo. Queda a sólo 115 km de Buenos Aires por ruta de doble mano salvo un pequeño tramo de empalme entre la autopista Buenos Aires-Cañuelas y la Ruta 3, por lo que el viaje es de poco más de una hora si salimos del centro de CABA. Tiene un camino de circunvalación íntegramente asfaltado, por lo que el pescador orillero puede pegarle la vuelta y pescarla donde más le plazca, siendo buenos sitios la Boca del Totoral, las zonas de Casa Verde o Amarilla sobre la propia ciudad, o algunas abras entre juncos por la compuerta que a une con Las Perdices.
En nuestro caso, para embarcar fuimos a El Pescador, que queda pasando la compuerta en la costa de enfrente de la ciudad, reconocible por una casita de color naranja sobre la orilla de la laguna. Allí nos esperaba Poli, con nueva tracker para salidas guiadas, atada al muelle del que parten las excursiones de sus botes de alquiler. 

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Junto a mis compañeros Gustavo Miranda y Javier Hermann armamos prestos los equipos convencionales compuestos de caña de 4 m finas, reeles tipo 2.500 cargados con multifilamento del 0,18 y líneas de tres boyas sutiles, con o sin puntero impulsor. Según aconsejó el guía, las brazoladas no debían superar los 40 cm, algo que marca una diferencia con la temporada 2023, cuando buscarlos casi al barro con bajadas de 1,50 m era clave. 

Variedad de cebos

Lo que no cambia nunca son las mañas de un pejerrey sobrealimentado de camarones de agua dulce, que abundan en la laguna. Y aquí entra a tallar otro elemento clave: el cebo con el que íbamos a tentar a peces gordos y haraganes. Llevamos una heladera con camarón de agua dulce, un balde con panzuditos y otro con mojarras medianas, ideales para encarnar en anzuelos Nº 3 acordes al tamaño de la boca del peje promedio de la laguna, que es de 25 cm. 

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La mañana de nuestra visita, fría y de laguna planchada, arrancó rumbeando para la zona de la Boca del Totoral, arroyo que conecta con la laguna hacia la parte izquierda de la ciudad. Nosotros, que salimos de la costa de enfrente, navegamos a la derecha y en diagonal al pesquero, y anclamos al llegar a unos 20 m de los juncos. Fue a pedido de este escriba que solicitó un lugar donde se pudiese combinar la pesca de pejerreyes con las de carpas, otro atractivo del lugar con verdaderos fanáticos. Lo lindo de pescar carpas de embarcados en Monte es que lo podemos hacer a flote, pegados a los juncos, una pesca apasionante para la que usamos línea simple de una boya y dos brazoladas con anzuelo simple partiendo del mismo esmerillón. Normalmente con una profundidad de metro y medio estamos en carrera.

El viento, factor clave

Y así fue nomás, pues el primer pique del día –pese a haber cuatro líneas de pejerrey en el agua– fue el de la boya carpera, que me dio una combativa carpita chica. Y no terminábamos de hacer trabajar la máquina de fotos cuando Poli logró un lindísimo pejerrey, gordo y de lomo ancho. Sin embargo, cuando pensábamos que eso iba a ser el prolegómeno de una faena muy activa, los peces se llamaron a un imprevisto quite de colaboración y Poli decidió movernos a zona de La Aguada, hacia la derecha del pesquero, y enfrente y a la izquierda si miramos desde la ciudad. 
Aquí los piques fueron espaciados y el tamaño de pejerreyes no daba la medida, por lo que devolvimos la mayoría de las capturas. El viento seguía sin ayudarnos pero un amago de brisa nos invitó a probar al garete por el centro del espejo. Allí, colgando el ancla como muerto, es decir, de tolete y que apenas roce el fondo, fuimos derivando lentamente, alejándonos así de las boyas. Metimos de este modo media docenita de pejerreyes medianos, de entre 25 y 30 cm. Tampoco conformaron a nuestro guía estos rindes. Y, pese a que por teléfono algunos clientes que habían alquilado sus botes le contaban en tiempo real que su faena había sido de 3 o 4 piezas solamente y la nuestra por lo menos triplicaba esa cifra, el guía hacía muecas de insatisfacción y decidió trabajar la zona de los bidones. Es decir, un área frente a la propia ciudad, que está señalizada por bidones para delimitar en verano el área de pesca de la de uso exclusivamente náutico. Allí –para orientar al lector diremos que estábamos entre una casa verde y una amarilla muy notorias–, trabajamos tanto anclado como haciendo pequeños garetes cuando soplaba una brisa mínima, y empezamos a dar vuelta la taba.

Lo mejor estuvo al final

Entre las 16 y el ocaso estuvo lo mejor de la jornada. Sólo al final se decidió a darnos una mano y en el suave devenir del tracker fuimos izando pejerreyes de 25 a 35 cm que, indefectiblemente, salían “de la boquita”, nunca tragados, síntoma de un pejerrey bien comido y nada desesperado por el cebo. Alternativamente, fueron rindiendo mejor por momentos lo encarnes de camarón de agua dulce, mientras que al rato las flechas de plata volcaban sus preferencias por las mojarras o panzuditos. Así de mañosos son estos pejes, que obligan al pescador a trabajar para complacerlos. Lo que no varió en la jornada fue la zona de ataque, pues pese a que hicimos intentos con brazoladas largas e incluso con paternóster, todos los piques se dieron entre 20 y 45 cm de profundidad.

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Redondeamos una faena de unas 30 piezas de las cuales devolvimos la gran mayoría, sacrificando apenas una docena pues uno de los compañeros quería deleitarse con una fritanga. En conclusión Monte, que siempre fue una laguna donde marcaron diferencias las buenas cañas, esta temporada obligará al pescador a poner un poco más de sí mismo, moviéndose cuando se corta, variando carnadas y trabajando en diversas profundidades, pues es bien sabido que las temperaturas frías impactan mucho en los pejerreyes de este ámbito y es posible que al llegar estas líneas a manos del lector ya haya que buscarlos más abajo. La buena noticia es que la laguna conserva una población aceptable de pejerreyes y tiene un inmejorable nivel de agua, por lo que su recuperación será pronta y eficaz. Si le gustan los desafíos, vaya a probar suerte a Monte que, pese a todo, sigue dando premio.  

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Wilmar Merino

Wilmar Merino

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