Thursday 25 de July de 2024
PESCA | 29-06-2024 10:00

Puerto Gaboto: a río revuelto, variada inesperada

La crecida del cauce del Uruguay modificó el panorama de búsqueda de lingotes. Tras mucho navegar, pescamos igual en Puerto Gaboto, Santa Fe, a pocos kilómetros de Rosario.
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Con la creciente del río Uruguay y la turbidez del agua, las posibilidades de pesca de dorados se fueron condicionando y la única manera de transitar la realidad: ir, probar y sacar nuevas conclusiones para tratar de llevar adelante una nueva jornada piscatoria. Ganas no faltaban, posibilidades sobraban y a cabeza dura nadie le va a ganar a un pescador, así que charlando con amigos fuimos descartando lugares y enfocándonos en otros. 

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Tiempo atrás habíamos recorrido la zona cercana al puerto de Rosario y realmente obtenido una pesca impresionante, con gran cantidad de piques de dorados de todos los tamaños. Lugar que parábamos, lugar que picaban sin cesar, uno tras otro. Entonces, ¿qué hicimos? Le dimos revancha al río Paraná y, con las dificultades ya mencionadas, le presentamos batalla para probarnos qué tan buenos somos. 

Equipos para dos modalidades

Para hacer toda la recorrida desde el Puerto Gral. San Martín nos comunicamos con nuestro amigo Luciano Davicino, propietario de Popina Excursiones, quien sería nuestro guía y anfitrión en esta salida. Llevamos en esta ocasión equipos para pescar con carnada viva y otros para probar con artificiales. En el primer caso, las carnadas fueron sabalitos vivos, cascarudos, morenas y algún filet (nuestra carnada natural). Y las cañas, de 2,10 a 2,40 m de largo con acción de punta, reeles rotativos tipo 5.500 y 6.500 cargados algunos con nylon monofilamento de 0,40 mm o hilo multifilamento de 40 lb (1 lb = 0,453 kg), leaderes de acero de 50 lb y unos 50 cm de largo, anzuelos Katashi, Mustad y Gamakatsu entre 7/0 y 9/0, y algunos plomos pasantes de entre 20 y 60 g. 
En cuanto a la modalidad con artificiales, los equipos de baitcasting y spinning los conformamos con cañas de hasta 2,10 m de largo y 17 lb de potencia, y reeles de bajo perfil o huevitos tamaño 101 y 201 cargados con hilo multifilamento de 40 lb. En cuanto a los señuelos, se respeta la decisión de cada pescador, pero siempre debemos acarrear todos los que podamos, porque suele suceder que el que dejamos en casa podría haber funcionado mejor. Para nombrar algunos de los típicos y juntándolos en grupos podemos llevar: bananas Alfers, Raptor, Voraz, Cano y Gozio Bendy; para la pesca en sectores bajos y algunos palos tenemos los sliders Rapala, Pucará, Pirayú y Gozio Valkiria. Y en el formato mojarra con los distintos tipos de paleta shallow y de profundidad tenemos los artificiales NG, Storm, Paraná Lures y Epic. Obviamente, estamos nombrado algunos de los tantos que existen en el mercado. 

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Como siempre, con todo listo y en solitario, tomé la RN 9 derechito hasta Rosario sin escalas, donde me estaba esperando el oscurito Luciano, mi amigo. También esperábamos a sus clientes, quienes ya lo habían contratado para una excursión y yo les caí como peludo de regalo. Con la embarcación cargada de ilusiones y bastante frío para mi gusto, comenzamos la navegación hacia la zona de Puerto Gaboto y alrededores. El río se encuentra altísimo, con las corredereas bien dibujadas, y con muchos lugares inundados que hasta hace muy poquito era tierra firme, hoy son bañados y hasta lagunas. 
Los primeros intentos serían a puro señuelo, probando diferentes alternativas en sectores de barrancas y algunos palos semisurgidos. Bananas paleta media, mojarras shallow y algún minow fueron las elecciones primarias. Creánme que fueron varios los tiros en los cuales sólo paseamos los señuelos, durísima venía la mañana. De allí a unos 20 minutos de navegación, el guía decide parar en una zona de palos y enramadas para seguir con la prueba. Recién después de unos 30 lances apareció la primera camiseteada, un doradito que mordisqueó un señuelo. 

Cambio de lugar y estrategia

Seguía muy difícil la cosa, por lo que se decidió probar con carnada natural. Cambio de equipos, de zona y una anclada perfecta en un remanso bordeado por una corredera. Alguna caña con morena viva y otras con filet de sábalo. Acá sí hubo un poco más de acción: salieron un par de dorados chicos y medianitos, manduvas de muy buen porte y hasta cachorritos de surubí, muy divertido. Ya en lo que es Puerto Gaboto y en los alrededores de la boya 500, tras salir del río principal abordamos un gran bañado donde el guía quiso probar un equipo de flycast y –la verdad– lo hizo con mucha suerte, porque pudo prender un hermoso cachorrito de surubí que le dio una hermosa pelea. ¡Aplausos!
Pero nosotros seguíamos con las ganas de castear nuestros señuelos, y así fuimos buscando otros sectores acordes para la ocasión, hasta que en una barranca donde corría muy fuerte el agua dimos con lo mejor del día, que fue cada 20 casteos lograr algún pique, así nos trató la jornada. 

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Ya había pasado el mediodía y estábamos lejos de nuestro lugar de partida, así que comenzamos la bajada buscando pesqueros en la retirada de Puerto Gaboto. Mientras navegábamos no hubo una intención certera de pesca, pero por una de las zonas se oyeron unos chapoteos sobre la costa donde había varios árboles semisumergidos. El lugar era muy difícil: mucha rama, mucho palo, pero ahí oíamos y veíamos a los dorados cazar o –al menos… moverse-. Había que hacer tiros con mucha precisión para no quedar enganchado, lo que obviamente sucedió muchas veces, pero las ocasiones que pudimos colocar los señuelos donde correspondía, los dorados picaron. Eran grandecitos, de unos 3 kg, aproximadamente. 
Insistimos hasta que dejaron de picar, tras lo cual seguimos viaje hacia la guardería, pero siempre probando diferentes sectores. Nuevamente encontramos otro lindo lugar para anclar y hacer pesca a la espera. Carnadas al agua y hacer derivar el aparejo para tratar de dejarlo activo casi en la punta de unos carrizales. El resultado: manduvas, cachorritos de surubí y doradillos que dijeron presente tras tomar con voracidad toda carnada natural que proponíamos. 
Así pasó la jornada completa, con una pesca difícil pero placentera en la que había que hacer muy bien las cosas para poder lograr el ansiado pique. El río cambió su fisonomía: se ensució, pero nunca nos va a dejar perder nuestras esperanzas. Si lo cuidamos, tenemos pesca para rato. Puerto Gaboto y sus alrededores nos esperan para más y mejores capturas.

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Julio Pollero

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