Sunday 28 de June de 2026
PESCA | Hoy 10:00

Cuando el Paraná falla, el Uruguay responde bien

Si uno de los ríos más frecuentados por los aficionados no entrega respuestas, el otro aparece como refugio capaz de salvar cualquier temporada.
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Momentos difíciles en la pesca de dorados. Está costando mucho dar con un buen pesquero para obtener cantidad de piques y lograr concretarlos. El corredor del río Paraná está pasando por un momento complicado de pesca. Sabemos que son ciclos y que luego todo vuelve a la normalidad, pero al día de hoy está muy difícil la pesca de todas las especies deportivas que un aficionado suele salir a buscar.

Ante tal panorama volvimos a relevar datos sobre el río Uruguay y, hablando con pescadores y algunos prestadores de servicios, hicimos foco en la pintoresca ciudad de Concepción del Uruguay, a tan sólo 300 km de Capital Federal. Esta ciudad es conocida como la capital entrerriana de la cultura y está ubicada a orillas del río Uruguay, donde vamos a encontrar y destacar la costanera de la Isla del Puerto, Banco Pelay, Paso Vera y la isla Cambacuá, todos lugares de visita que dan un salto de color en los meses de verano. También posee termas donde la gente pasa días de relax. Los amantes de la historia pueden visitar el Palacio San José, un hito de la ciudad.

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Para meternos de lleno en el tema pesca, en esta oportunidad nuestro anfitrión fue Julián Marchessi, quien oficia de guía hace muchos años y es un gran conocedor de su pueblo. Julián nos venía comentando desde hacía rato que la pesca estaba buena, con dorados de porte considerable, y que navegando y tocando puntos estratégicos que él conocía, podríamos hacer un gran relevamiento.

La idea era pescar dorados con artificiales utilizando el baitcasting y el spinning como principales modalidades, y para ello llevamos cañas de 1,80 m a 2,10 m de largo, reeles frontales y del tipo huevito con buen registro de freno y cargados con hilo multifilamento de 40 lb (1 lb = 0,453 kg). Los señuelos podían ser del tipo banana en paletas 1 y 2, como las Alfers de 36 g, Pucará Curve 120, Rubí 12 cm, Raptor Rex, etc.

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Para cubrir las zonas bajas con bancos de arena o piedra llevamos los tipos slider, como Rapala Glidding 12, Rubí Jerk, Gozio Valkiria, Cano Mojarra, Pirayú Slider, etc. Todos los demás rangos en niveles de agua podemos cubrirlos con Mojarras NG Shallow, Mojarras Alfers de 26 g y 38 g, Gozio Bendy y Shadow, Rapala Super Shad Rap y todo tipo de minnows. Obviamente son algunos de los modelos orientativos para los pescadores, pero siempre hay que llevar todo lo que podamos porque nunca hay dos días iguales y el señuelo que funciona una jornada, a la otra quizás deja de hacerlo.

Camino a un buen día 

En esta oportunidad mis compañeros de viaje fueron David del Valle y Ricardo Dua Castela, alias Cachete, pero como vivimos uno en cada punta nos encontramos en la ciudad de Zárate para emprender el camino juntos. Imagínense la de escamas que fuimos dejando dentro de la camioneta con cada anécdota que íbamos contando, hasta piel de pescados en el exterior. Pero se hizo cortito el viaje y muy pronto llegamos a Don Isidro, complejo donde nos esperaba nuestro amigo Julián con el fuego ya prendido para disfrutar de un rico asado de camaradería. Saludos de rigor y comenzó la charla acerca del pique y cómo nos iría al día siguiente. Como comentario, y mientras se hacía lo más grueso de la carne, el asador sacó un corte de la parrilla y no estaba como quería. Ahí comenzó una charla que en otra ocasión les contaré. Todo bromas, todo risas y mientras esperábamos la cena comenzamos con los preparativos de los equipos. En eso llegó el joven Feli, hijo de Julián, para contarnos todo lo que le gustaba la pesca.

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La noche estaba muy fresca y se pronosticaba viento sostenido para la mañana siguiente. Sabíamos que nos teníamos que abrigar. Nos fuimos a dormir y alrededor de las 6 am sonó un despertador que indicaba que debíamos levantarnos. Cargamos las cosas y nos fuimos directo a la guardería para subir todo a la embarcación y comenzar con la pesca. Apenas salimos de la guardería, un espigón semihundido debajo de la Virgen Stella Maris nos dio el puntapié inicial a los primeros casteos. No obtuvimos ningún pique, pero sirvió para calentar las muñecas. Desde ahí navegamos río arriba buscando diferentes estructuras y fuimos a parar a las costas de una isla donde había ramas, palos y distintos golpes de agua. Julián bajó el motor eléctrico de proa y, a marcha lenta, comenzamos a bombardear de señuelos toda la costa.

Los primeros piques parecían peces chicos y los perdimos, pero en una punta vimos a Cachete cañando con vehemencia y logrando la primera captura: un dorado para nada despreciable. Fotos de rigor y al agua. Después de un par de capturas más nos dirigimos en dirección a las ciudades de Paysandú y Fray Bentos, encontrando un lugar de aguas rápidas entre piedras, con algunos arbolitos semisumergidos. Realmente un gran point, pero no encontramos respuesta de los dorados. Parecía que sólo estaban al reparo y debajo de las ramas.

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Volvimos hacia la costa oeste y ante un río más tranquilo empezamos nuevamente con los casteos. Ahí me tocó a mí dar con un buen dorado. Cayó el señuelo, una vuelta de manija y parada en seco de la acción. Por suerte pude clavarlo, arrimarlo a la embarcación y fotografiarlo. Nuestro amigo David no se quedaba atrás y, dando muestras de sus grandes habilidades como guía, también exhibió sus dotes de pescador en cancha visitante. Pescando en la popa de la lancha pinchó un par de doraditos. Durante todo el día veníamos cargando a nuestro amigo Cachete por distintas circunstancias y él sólo respondía: “El que ríe último, ríe mejor”.

Almuerzo y más pesca

Seguimos buscando otros lugares de pesca, pero esta vez yendo hacia abajo, cruzando todo lo que habíamos hecho y buscando pesqueros al sur. Otra vez sobre costas con palos y árboles hundidos dimos con una buena tanda de piques. Los dorados no eran chicos: todos superaban los 3 kg de peso y llegaban hasta los 5. Excelente pesca. Algunos pinchábamos, otros los manqueábamos y así transcurría la jornada.

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Paramos al solcito a comer el asado y el vacío frío que había sobrado de la noche anterior y, tomando unos copetines, preparamos la segunda vuelta. Acomodamos las cosas y navegamos en dirección al arroyo Negro, no muy lejos de donde debíamos volvernos. No se veía actividad de nada, como casi toda la jornada, pero nosotros insistíamos con un arsenal de muñecos, señuelos de todas las clases. ¿Recuerdan lo de “el que ríe último, ríe mejor”? Bueno, sucedió. A la caída de una banana bicolor sobre la costa, el amigo Cachete -o Chupete o Moflete ya a esa altura- clavó el mejor dorado de la jornada. Lo peleó, lo trajo hasta la lancha, se sacó la foto y nos miró diciendo: “¿Vieron quién tenía razón?”.

Risa generalizada y contentos por este final feliz en un pesquero formidable como lo es Concepción del Uruguay. Un lugar donde podemos hacer todo: traer a la familia a recorrer parte de la historia, a que disfruten de playas de río muy bien cuidadas, que se relajen en las termas o que pasen un excelente día de pesca.

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Julio Pollero

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