Saturday 13 de April de 2024
PESCA | 09-04-2017 09:30

Buena pesca fina y al hilo

El pesquero neuquino sigue dando que hablar, aunque en esta ocasión hubo que trabajar y buscar las truchas con diferentes modalidades.
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Se conoce como medio al tramo del Limay de casi 90 km contenido entre la represa de Pichi Picun Leufú y la cola del embalse Ezequiel Ramos Mexía. Se agrega, aguas arriba, un corto sector residual de poco más de 1,5 km, ubicado entre la represa de Piedra del Aguila y la cola del embalse de Pichi Picun Leufú. Ello define una de sus principales características: su caudal no obedece a causas naturales, sino al criterio de erogación de las represas, lo que imprime bruscas variaciones que afectan tanto a los pescadores como a la biota del río. Tras la sirena de advertencia, en minutos el caudal mínimo ecológico puede incrementarse varias veces, por lo que resulta vital conocer las cotas antes de pescar o acampar. Si la generación es moderada resulta un incentivo para la pesca, sobre todo para las marrones ya que la crecida desacomoda a los peces forrajeros. Pero si al río lo inflan en exceso, el efecto es completamente contraproducente.

El Medio es un freestone bello y muy variado, con una sucesión permanente de pools, correderas e innumerables islas. A pesar de su gran tamaño, los adeptos a los equipos livianos encontrarán un río muy pródigo con brazos menores que continuamente se desprenden o desembocan en el río madre, además de pockets waters y remansos pescables con tiros de menos de 10 m. Muchos conectan pequeñas lagunas y socavones con robustas residentes.

Calentando motores

Mi presencia este año en Piedra del Aguila estuvo dada como disertante de la Fiesta Provincial de la Trucha Marrón Migratoria (ver recuadro). Por supuesto, aprovechamos los ratos libres, como la media jornada que dedicamos a la pesca de ninfas al hilo en el pool conocido como Gaviotero. Garantía de buen pique, esta vez lucía desierto de peces debido al escasísimo caudal. Apenas pudimos cobrar un par de sardinitas, con una arco buena que se desprendió al final de una larga corrida. Otra fue la suerte al pescar un atardecer en Los Alamos bajo el puente de Zona 2 desde la margen norte. Una leve brisa de espaldas permitía meter tiros bien largos, prolijos y justo donde el agua perdía velocidad al inicio del pozo pude sacar dos marrones migratorias bien plateadas y agresivas, de dos kilos promedio. Se le sumó una sorprendente arco plateada tipo Correntoso, que hacía rato no sacaba en ese río, de igual peso. Esa vez me acompañó Jonatan Rodríguez que clavó dos buenos peces, pero lamentablemente se le desprendieron durante la lucha.

Pasado el evento venía la frutilla del postre: una flotada con campamento en un tramo por mí desconocido, de unos 60 km aproximadamente entre los parajes de Corrales y Pantanito. Este sector incluye muchos pesqueros de escasa presión de pesca, por la falta de accesos terrestres como Bajada Colorada, Estafeta, Taux y Auca Cuyin. Solo nos cruzamos con otras balsas sobre el final del último día. Dos jornadas bien intensas de la mano del guía y amigo Diego Rodríguez de Fario Fishing. Otro lujo es que nos acompañaba Juanjo Saconni, presidente de la Cámara de Guías del Neuquén, que semanas antes había pescado al hilo con campeones españoles como José Matilla. Sus consejos, aprendidos de primera mano con los mejores, me permitieron evolucionar muchísimo en esta joven modalidad ninfera.

Secas y streamer

Tras los preparativos iniciamos la flotada con una mañana pintada, aunque dos horas después Eolo hizo acto de presencia masacrándonos durante gran parte de las dos jornadas. Sin actividad en superficie y nulos resultados con secas, que tan buenas respuestas nos dieran el año anterior, decidimos la estrategia a seguir: pesca de streamers desde la balsa buscando buenas migratorias, y en los brazos menores bajar a vadear para pescar con ninfas al hilo. Con streamers me volqué a una caña N° 7 de una mano, corredor de monofilamento de 0,45 mm y líneas de tipo shooting taper. Inicié con una densidad III, que luego cambié a un VI por la falta de resultados. Juanjo utilizó un equipo liviano de dos manos (N° 5) con un body flotante, variando el hundimiento con puntas de distinta densidad. Tremendo lo hábil que se volvió con esta modalidad, y su prestancia para pescar con este elemento flotando desde una balsa.

Para la pesca al hilo ambos usamos cañas de 10 pies entre N° 2 y 4, con reels cargados de nylon de 0,20 mm y las bajadas con 4X para el dropper, lo mínimo recomendable con las bravas arco iris. En un agua tan grande nos vimos obligados a utilizar pesadas ninfas ancla, y como “pescadora” perdigones con cabezas de tungsteno de entre 2,8 y 3,5 mm, montados sobre anzuelos N° 12 y 14. Los colores más efectivos fueron peacock sintético (al cual los españoles llaman “gasolina”), y la famosa “culirroja” atada solamente con hilo negro y un llamativo tag de hilo rojo.

Jornadas dispares

El primer tramo entre Corrales y Limay River Lodge nos trató duramente, con pocos ejemplares y pequeños. Tratando de destrabar la situación me puse a probar todo tipo de cosas locas, una de ella fue pescar con el equipo de pesca al hilo desde las balsas con ninfas en vertical, en pozos profundos donde no se veía el fondo como si pescara meros a pirking en Mar del Plata. Así fue que clavé un monstruo escamado, seguramente una migratoria grande, que tras una corrida de unos 60 m terminó cortando el 4X. Increíblemente había tomado un perdigón de 14...

Esa noche de campamento estuvo realmente fenomenal, cálida, estrellada, con un pollo al disco preparado por Lalo, bebrajes varios y largas tertulias que duraron hasta el alba. La hemorragia de placer siguió a la mañana siguiente con unos mates y torta fritas recién hechas, que se desasían en la boca como néctar.

Amaneció plomizo y sin viento, poniendo especial hincapié en lo que para mí fue el tramo ninfero más bello, entre Limay River Lodge y la desembocadura del brazo Taux. Lleno de bracitos, hicimos una pesca fenomenal de arco iris de entre 700 g y 1,5 kg, que con equipo dos dieron una guerra tremenda. Mientras la mitad lucían plateadas y muy sanas, la otra sorprendía por su delgadez, como recién salidas del desove. Algo atribuible a lo bajo y cálido del río, tras una gran sequía de dos años.

Buscando el pez del viaje, fue todo streamer palo y palo, con un río inflándose cada vez más con la erogación de la represa. La gran marrón picó unos kilómetros más abajo del poblado de Naupa Huen. Así terminaba la aventura en un río que como ningún otro permite hacerlo todo en un mismo tiempo y espacio, desde marrones trofeo, a una pesca fina sumamente calificada.

Nota completa publicada en revista Weekend nº 535, abril 2017.

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Diego Flores

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