Miércoles 28 de julio de 2021
OUTDOOR | 13-04-2020 18:57

Los departamentos cotizan en baja, pero ¿son realmente una buena inversión?

La pandemia revalorizó la vida outdoor. En estos días un jardín vale más que un balcón y el deseo de vida al aire libre más que cualquier lujoso departamento. Una buena oportunidad de volver a las fuentes y despojarse de ciertos lujos.

¿Qué vale más? ¿Un balcón en Belgrano o un patio trasero en Banfield? ¿Un departamento en un lujoso edificio de Puerto Madero con SUM y pileta, o una casa con terrenito de dos por cuatro y parrilla en Ezeiza? El Coronavirus transformado en pandemia -cuarentena mediante- modificó todos los parámetros. Y la teoría de la relatividad de Einstein cobró vida en una dimensión que ni siquiera su propio creador imaginó: la económica.  

Eso de que el dinero no hace la felicidad, pero ayuda, puede ser verdad. Hasta cierto punto. Por estos días pregunten al (in)feliz dueño de un departamento cuáles son sus sentimientos al hacer una videollamada con un pariente que se encuentra haciendo home office al sol en el jardín (de dos por cuatro) de su casita del conurbano. El Presidente Alberto Fernández lo resumió así en la entrevista que le realizó Jorge Fontevecchia en la Quinta Presidencial de Olivos la semana pasada: “...para qué sirve poseer fortunas que los especuladores hacen crecer en las bolsas de valores, si un virus termina en un minuto con los consumidores y todo vale nada”.

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Matemáticamente, un departamento en un edificio no puede costar más que una casa de similares características en un barrio y terreno de dimensiones equivalentes. Sin embargo, la gente paga fortuna por ellos, por vivir hacinada compartiendo (¿infectados?) ascensores, pasillos, cocheras... Escuchando los ruidos del vecino de al lado, de arriba… Los llantos de los chicos encerrados y aburridos que los padres tratan de entretener de la manera que sea... Acarreando las compras del supermercado en un changuito desde el baúl del auto estacionado en el subsuelo hasta el piso 24 de una hermosa torre cuya densidad poblacional es la de cuatro manzanas del no tan alejado primer cordón del conurbano.
Sus dueños (o inquilinos) pasan los días encerrados entre cuatro paredes (con suerte, con balcón) pagando expensas por servicios que pocas veces utilizan, porque en realidad están ansiosos de que llegue el fin de semana para salir al parque público o, si llueve, a algún shopping. Cines, restaurantes o teatros son compartidos por todos, habitantes de casas o departamentos, así que no entran en discusión.

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Vivir en un edificio lleva implícita la idea de evasión.
Basta recorrer en el verano las playas más arboladas de la costa atlántica: Mar de las Pampas, Las Gaviotas, Mar Azul, Valeria del Mar… Mayormente, gente de departamento que “necesita” el aire libre, ver árboles, escuchar los pájaros, oler asado cocido por sus propias manos… La consecuencia de la pandemia debería ser volver a las fuentes, a nuestros instintos ancestrales. A la pesca, al olfato, al verde, al aire libre, a la vida outdoor. Es un imperativo categórico. No debería haber excusas. El ser humano nació para vivir en libertad, no encerrado en un edificio que ante situaciones como la actual lo obligan a atrincherarse en una cuarentena fabricada ante la sola posibilidad de que el vecino esté infectado (hoy de Coronavirus, mañana de ¿hepatitis? ¿gripe A? ¿?). 

Jorge Fontevecchia manifestó en una de sus notas que “de esta crisis vamos a salir con un mundo distinto (...) Las crisis derrumban las convenciones que teníamos (...) Frente a una guerra cambian las perspectivas y la percepción de la realidad, cambia la subjetividad de la gente. Hoy estamos hablando de una crisis que tiene el tamaño suficiente como para modificar las ideologías preexistentes.” 

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Sin duda, “El mundo va a ser otro, va a ser distinto -manifestó el Presidente Fernández en la misma nota-. En ese mundo distinto, uno puede ver que la economía se hizo trizas. Se va a hacer trizas para todos. Pero también es una gran oportunidad. La oportunidad de hacer un mundo más justo, un mundo más legítimo.” En estos momentos ¿usted no pagaría más por unos metros de césped que por unos de cerámica con vista al vecino de enfrente? De eso se va a tratar el mundo a partir de 2021.

Marcelo Ferro

Marcelo Ferro

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