Sábado 12 de junio de 2021
NAUTICA | 07-06-2021 09:43

¿Galeones en el siglo XXI? Las modas siempre vuelven

El diseño es innovación constante, aunque muchas veces es la mejora de antiguos desarrollos o tendencias de épocas pasadas. Repasamos algunos ejemplos de sincronismo en las embarcaciones.
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Como en cualquier rama de la construcción, muchas veces nos fascinamos con algo novedoso que luego es tendencia… hasta que otro proyecto redefine o reemplaza al primero, y así sucesivamente. La náutica no es ajena a este movimiento constante de formas y fusiones de líneas: tendencias audaces mutan por menos lanzadas, redondeadas o, en poco tiempo, se precipitan a trazos de cortes rectos y formatos intermedios. “Todo tiene su propio momento y espacio y poco es lo que perdura a través del tiempo: si logran que la gente mantenga vigente sus diseños, siéntanse satisfechos, pues habrán logrado imponer un clásico, un barco de culto para siempre”, eso nos decía un gran profesor que tuve hace muchos años, al que recuerdo a menudo pues era, además de excelente profesional, un visionario por sus ideas –alocadas para nosotros, sumamente conservadores y revolucionarias para él–. Sostenía que, por ejemplo, las superficies vidriadas deberían ampliarse en el casco, reemplazando los pequeños ojos de buey (estancos de verdad) de camarotes de cubierta inferior por ventanas fijas de acrílico –de espesores importantes– ya que los vidrios eran impensados en ese lugar por esos años. Este recuerdo volvió a mi 40 años después en forma inusitada, mientras leía la opinión de un colega americano quien sugiere que “todo lo viejo es nuevo otra vez”.

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Mucha iluminación

Desde hace no más de una década los diseños de yates y cruceros europeos tomaron como premisa incorporar grandes superficies vidriadas a los cascos (súperestructura aparte) y la instalación de cintas
LED
para la iluminación en todo el barco. No existe una sola marca que no haya seguido esa receta, pues el mercado así lo exigía. Pero hoy el resultado es abrumador. Todos los barcos parecen lo mismo.
Parodiando esta nueva tendencia de masacrar los laterales del casco, una oficina técnica de un astillero prestigioso de Europa comenta: “¿Puedes dibujar una forma de aspecto ridículo que no existe en la naturaleza y convertirla en una ventana que ubicaremos torpemente cerca de la línea de flotación? Si el joven y ansioso diseñador asiente afirmativamente, el trabajo es suyo”. La idea de ventanas sobre el costado del casco despegó y se extendió a los Estados Unidos. Se ha llegado al punto en que incluso algunos de los barcos de pesca deportiva más grandes tienen hoy ventanas laterales en el casco, 30 años después de que el constructor americano eliminó los portillos simples porque la mitad de las veces tenían filtraciones. Afortunadamente, los clásicos, los “pura sangre del mar” se han negado a cicatrizar sus laterales y mantienen los costados intactos.

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Copia fiel

Las ventanas laterales están lejos de ser originales. Ventanas en un formato muy diferente y rudimentario al de hoy existen desde hace más de cinco o seis siglos. Pensemos en la mejor película de piratas, de los conquistadores españoles o en la poderosa flota inglesa de esos años. En los viejos veleros y galeones, el camarote del capitán estaba casi siempre localizado a popa, espacio lujoso de a bordo. Ratas y tripulación eran relegados a lugares que hoy ocupa el estabilizador de un yate moderno. Esas ventanas en la cabina de popa del casco eran novedosas y, dados los movimientos típicos de un barco en el mar, estaban virtualmente libres de salpicaduras de proa y menos propensas a los golpes de ola cuando se capeaban temporales.
La “ventana de bahía” estaba por sobre la cubierta principal, pero su instalación recompensaba con aire fresco, y luz diurna y nocturna en las noches de luna. La luminosidad era superior a lo que vemos a menudo hoy (se ajustaban vidrios básicos translúcidos y ventanas de amplia superficie). Otro caso más imponente de las ventanas del pasado eran los agujeros por donde salían los cañones. Hagamos memoria: uno o dos cubiertas con ocho cañones en cada una, con aberturas de al menos un metro cuadrado, no estancas (fuera de batalla ponían una pieza de madera enrasada al costado, ajustada desde dentro, pero sin ningún tipo de estanqueidad garantizada).

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Con buen tiempo y sin estar en acción, esas compuertas precarias eran abiertas para el ingreso de algo de aire y luz en esos lugares espantosamente oscuros, sucios y siempre húmedos. En temporales, la historia cuenta del desamparo de aquellos rústicos marinos cuya misión era simplemente sacar miles de baldes de agua de las mugrosas sentinas sin descanso, pues el barco era literalmente un colador. Existían por supuesto algunos compuestos selladores de emergencia como telas, madera, clavos y grasa animal. Entiendo que la idea de situación y estado ha quedado perfectamente clara. Más debajo y orillando la flotación, algunos diseños tenían una apertura para insertar remos, ya que estos barcos navegaban bien sólo con vientos francos direccionados desde pocos ángulos. En la calma chicha, todos a remar. Descuento la idea de ingreso constante de agua por esos espacios.
Así, con ese antecedente tan fotográfico y debido a que las penetraciones del casco han proliferado tan rápidamente en yates de todos los tamaños, pensé en el tema de la seguridad. Tengo conocimiento de los mejores materiales existentes en el mercado, no obstante, el riesgo de rotura siempre existe. Y si bien las ventanas grandes ciertamente pueden transformar la sensación de estar encerrado en el camarote principal o en el salón, también abren literalmente la posibilidad de un hundimiento en caso de ingresos constantes, se rompan por golpes o por no soportar la presión del mar en los golpes de ola.

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Ventanas laterales

Las ventanas en el casco que están cerca de la proa estarán expuestas a cargas más altas de golpes de mar, comparativamente con las ventanas en medio del barco. Las ventanas laterales tienen, en menor superficie, aperturas sobre sí mismas, son estancas y, generalmente, van enrasadas al mismo vidrio. En navegación, esas ventanas, aunque sean chicas, deben permanecer cerradas. Es un mal día de mar, cuando alguien deja una ventana baja o abierta, descubriremos que la alfombra del camarote está sumergida en agua de río o mar.  En barcos de alta gama la timonera tiene un control luminoso si antes de zarpar existe alguna ventana abierta. Obviamente, no es un estándar de todas las marcas…
Pensemos en un barco amarrado a un muelle precario con extensiones irregulares y algún sobrante metálico o escalera (los hay en todas nuestras marinas y puertos): el viento cambió violentamente o pasaron barcos a velocidad, y esa saliente tuvo varios buenos golpes en una de nuestras ventanas. Tal vez estemos navegando con un vidrio rajado o un agujero sin darnos cuenta de que existe.

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Las normas que mejor operan sobre estos diseños hasta 24 metros de eslora son las ISO, que regulan alturas mínimas por sobre flotación, espesor de los vidrios acorde a sus áreas, etc. Nada hay sobre incrementar el caudal del sistema de achique por “si las moscas”, ya que ante la rotura de un vidrio en tormenta, los ingresos de agua serán mayores y, tal vez, el sistema de achique colapse. Quien me conoce dice que soy demasiado extremista. Lamento informar que quienes me enseñaron la profesión también me enseñaron a hacer barcos para las peores condiciones. Los barcos en puerto están seguros, pero no se hicieron para eso.
Las tendencias de diseño van y vienen, pero ¿hacia dónde se dirige esto? ¿Tendremos botes con cubiertas translúcidas? ¿Estaremos navegando y pescando en embarcaciones con cascos transparentes que no necesitan pintura porque el vidrio inteligente puede cambiar su color y opacidad al antojo de su dueño? Imagino qué dirían los viejos piratas y corsarios si vieran los avances de la tecnología en los barcos de hoy…

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Martín D'Elía

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