domingo 16 de febrero de 2020
05-04-2018 11:53 | KAYAKFISHING

10 especies obtenidas desde el kayak

Tres días de pesca en las zonas de Mar Chiquita y Mar del Sur, para dar con múltiples especies y una corvina negra de 14 kilos. Ver galería de imágenes

Más de 100 km de playas separan Mar Chiquita de Mar del Sur, distancia ideal para aventurarse a la pesca en kayak. Con buen clima y unos días para dedicarnos a la pesca, podemos lograr capturas de varias especies. Con esta idea nos juntamos con Martín Istueta: pescar juntos en mi kayak doble. Martín se ocupó de la carnada y consiguió unos buenos langostinos y anchoítas. La primera entrada la hicimos por Mar de Cobo. A 600 m mar adentro, por la escollera de la calle La Baliza, fondeamos y sacamos nuestros equipos de adentro del kayak. Colocamos líneas de un anzuelo grande (Nº 6) para evitar pequeñas capturas y, como había poca correntada, utilizamos plomos de 60 g. ¡El pique fue instantáneo! El inconfundible cabeceo de una corvina hizo que mi caña se arqueara introduciendo el puntero en el agua. Lindas llevadas de nylon y largas arremetidas, la sensación de pescar una corvina de buen porte es una de las más gratificantes.

También la caña de él tuvo un pique similar pero advirtió que no era una corvina: retorciéndose y enroscándose en el nylon de la línea se asomó la pesadilla de cualquier kayakista: ¡un congrio! De cuerpo alargado, piel resbaladiza y dura, con una boca llena de pequeños dientes afilados y una fuerza descomunal, el congrio trastorna a más de uno sobre cualquier embarcación y, más aún, sobre el kayak. Mi alegría por su captura contradecía la preocupación de Martín: sacarle el anzuelo sin ser mordido no es una tarea fácil. Hay que tomarlo firmemente por debajo de sus aletas pectorales y presionarlo con fuerza con los dedos índice y pulgar. El pez por naturaleza va a intentar girar y salir hacia atrás. Ese va a ser el momento en que uno de nuestros dedos va a encontrar una de las aberturas branquiales y, sin perder ni un segundo, hay que seguir introduciéndolo hasta poder sujetarlo firmemente. Una vez bien agarrado, podemos sacarle el anzuelo y maniobrarlo a nuestra conveniencia. Es una carne excelente para ser utilizada como carnada, por lo que enseguida hice unos filetes y los usamos.

Acto seguido, comenzamos a tener una cantidad innumerable de capturas de bagres de mar como así también de más congrios. El pique del bagre se presenta con un cabeceo mucho más agresivo, firme y seco, y hay que prepararse para su cuidadosa manipulación extremando las precauciones y sin confiarse. Nunca pasar el pez sobre las piernas, ya que puede desprenderse del anzuelo y ¡siempre cae con las púas hacia abajo! También efectuará cabeceos para los costados, buscando lastimar. Una de las formas correctas de tomarlo es introduciendo el pulgar en su boca y el resto de los dedos por fuera y por debajo.

https://youtu.be/wtCyFNMZ-Hs

Vamos por más

Ya con dos especies en nuestro haber, encarnamos con langostinos y anchoas para ver si podíamos tentar a otras especies. Así aparecieron los melgachos con sus corridas largas y también los chuchos. Concluimos la pesca de este día mirando el pronóstico que anunciaba muy poco viento para el siguiente. La propuesta, entonces, era hacer unos kilómetros con el auto hasta Mar del Sur para probar aguas más profundas y suelos rocosos.

La forma de presentarse el amanecer indicaba que la previsión del clima era correcta. En la orilla del mar juntamos unos tres kilos de piedras, las pusimos dentro de una bolsa de arpillera y, luego de remar un rato mar adentro, las utilizamos como fondeo. De esta manera, si el ancla se atascaba entre las rocas del fondo, la bolsa se rasgaría y soltaría las piedras, lo que nos permitiría recuperar nuestro cabo. También llevamos una soga extra, porque a poca distancia ya la profundidad rondaba los 20 m. No había correntada pero usamos plomos de 100 g para que lleguaran pronto al fondo. En la caña de Martín, el primer pique fue de un besugo rosado, mientras que en la mía se presentó un gran gatuzo. La transparencia del agua nos permitía verlos cuando aún estaban muy profundos, primero pequeños y de a poco se agrandaban al acercarse a nosotros, mientras nuestra ansiedad por tomarlos se precipitaba. Con el correr de las horas, el viento se incrementó y por seguridad el espectáculo tuvo que terminar pero el pique seguía firme. Entonces nos acercamos a la costa y aparecieron unos corvinones rubios. También observamos que, al levantar la línea aún con carnada, los pejerreyes la seguían. Sin dudarlo, saqué mi aparejo del agua, coloqué el sabiki (línea compuesta por una madre a la que se le agregan varios anzuelitos) y empecé a intentar atraparlos.

La pesca fue fascinante, a pez visto. La desesperación es tortuosa: la ansiedad de que el pejerrey tome el engaño desata la locura en cualquier pescador y nos lleva a un nivel de concentración extremo. Los pejerreyes eran inmensos. Y estaban ahí, al lado mío, casi al alcance de mi mano, pero saltar para tomarlos no era una opción, así que me serené, me armé de paciencia y volví al juego del sabiki, subiendo y bajando el aparejo, simulando que se trataba de un cardumen de camarones. En el momento menos pensado, uno se animó y se clavó el artificial. Rápidamente una foto y a seguir intentando un rato más, antes de concluir nuestra pesca de este día.

La buena racha y los excelentes pronósticos seguían con nosotros, así que nos propusimos hacer un intento de obtener corvina negra. No teníamos tiempo de conseguir cangrejos pero aún contábamos con unos langostinos muy frescos. A minutos del amanecer del tercer día, emprendimos una remada de dos kilómetros exactos desde Mar de Cobo hasta la famosa Piedra de los Vidaleros, al sur de Mar Chiquita. Una vez en zona, colgamos nuestro fondeo por la borda del kayak y lo arrastramos por el suelo. Cuando detectamos que se empezó a enganchar seguido en el fondo, no hicimos más que soltarlo, largar el resto del cabo y prepararnos para la pesca.

En busca de corvinas negras

Ambos encarnamos con langostino y esperamos el pique. Aparecieron unas cuantas corvinas rubias de alrededor de 3 kilos, excelentes portes aunque no era lo que buscábamos. Decidimos corrernos un poco pero, en vez de levantar el fondeo, sólo lo recogimos unos 10 m y seguimos intentando. Sin sentir un pique pero con una pequeña corrida hacia la costa, Martín clavó su anzuelo en la boca de este majestuoso pez. Sin tener indicios aún de su tamaño, de repente cambió el rumbo de su huida para adentrarse en las profundidades del mar. Martín tuvo que girar, pasar la caña por popa, afirmarse con su equipo, ajustar el freno del reel a más no poder y contemplar una corrida lenta pero imparable, mientras exclamaba: “¡me va a dejar sin nylon!”.

Enseguida recogí mi equipo y me alisté cerca del fondeo, de ser necesario, lo soltaría y seguiríamos peleando al pez con el kayak a la deriva. Sin deponer su fuerza, dejó de alejarse y comenzó un ida y vuelta que nos obligó a conservar la tensión en la línea para lograr que la caña cansara al pez que se encontraba cada vez más cerca. Fueron ocho minutos a pura emoción con la incógnita de no saber cuán grande era, sumada a la desesperación de que no se escapara, a la ansiedad, a la preocupación porque el equipo resistiera y nos permitiera vivir la felicidad de una pelea épica. Cuando por fin asomó, el asombro nos invadió. Extremamos los cuidados: de un solo jalón la subí al kayak y nos unimos en un terrible grito de felicidad. ¡Lo habíamos logrado! Cerrábamos una seguidilla de pesca gloriosa en la que consagrábamos 10 especies y nos coronábamos con una corvina negra de más de 14 kilos, probablemente récord en esta modalidad.

Galería de imágenes

Etiquetas: Pejerrey Mar Chiquita Bagre De Mar Besugo Corvina Negra Chucho Mar Del Sur Melgacho Congrio Gatuzp Cazón
Patricia Daniele

Patricia Daniele

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