martes 22 de enero de 2019
13-12-2018 14:48 | EQUIPOS

Monoambiente en primer piso

De fácil traslado y armado, las carpas de techo Campinox son una excelente solución para el miniturismo e incluso para recorrer las rutas. Ver galería de imágenes

Dormir en una carpa –iglú o canadiense– es una sensación magnífica. Pero dormir en una carpa sobre el techo de un vehículo permite descubrir otra dimensión de la vida al aire libre. En ambos casos se escuchan el silencio y la naturaleza, se vivencian experiencias verdaderamente plenas, pero en el segundo cambian la perspectiva y las inseguridades. Es como una casa en el árbol sobre ruedas: no hay preocupación de que ingresen animales rastreros, tampoco agua por el piso en caso de lluvia. Ni siquiera se necesita mucho más de un minuto para tener el campamento en marcha, porque con un par de simples movimientos la tienda está montada.  
Si nos remontamos a la historia, el primer modelo de carpas de techo apareció en Europa occidental en los años treinta, cuando se lo vio montado sobre una Land Rover 4x4 equipada para expedición. A partir de ahí, su uso se fue expandiendo en el mercado, ya que se pudo instalar sobre casi cualquier vehículo que tuviera barras de techo (de fábrica o colocadas posteriormente como accesorio). Pero fue recién en 1958 cuando aparecieron diseños más modernos de carpas, que venían alojados en una caja de fibra de vidrio o fibra de carbono moldeada e impermeable, y que se levantaban y desarmaban mucho más rápido gracias a un techo elevadizo operado por manivela o pistones de gas. En 2003, un fabricante francés introdujo otro diseño de tiendas sencillas y ligeras, que se asemejaron a los tipos modernos de tiendas de campaña, aunque con suelo suspendido. Y en Italia estas carpas de techo resultaron tan populares que la automotriz Fiat realizó campañas publicitarias del modelo Panda con carpas instaladas sobre los techos de esos pequeños vehículos.
En la Argentina, el camping también tuvo su momento de esplendor cuando corrían los años de las décadas ‘60 y ‘70. La infraestructura hotelera que ofrecía el país no era buena ni suficiente, y muchas personas se volcaron a descubrir la vida en contacto con la naturaleza, lo que se reflejaba en la ventas de carpas, casas rodantes (entre ellas, la Boyita), trailers y batanes que se transformaban en carpas. Muchos lectores seguramente recordarán con satisfacción la Proveeduría Deportiva, un comercio cuyo logo contenía a Proveducho, un personaje de gorro amarillo cargado con esquíes, raquetas, caña de pescar, carpa, hacha, pala y un sinfín de equipos para disfrutar la vida al aire libre. Durante esos mismos años, las carpas de techo también tuvieron sus días de gloria. En la revista Parabrisas de enero de 1967 se promocionaba una de la marca Car-Tent, cuyo fabricante era José Foglio, de la localidad de San Martín, en Buenos Aires, quien incluso la había patentado bajo el número 128.484. Según la publicidad, sólo pesaba 39 kilogramos, venía con un colchón de goma pluma y era adaptable a cualquier automóvil del mercado argentino.

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Campinox

Con el actual auge de las travesías 4x4, la explosión de la tendencia SUV (Sport Utility Vehicle) y la necesidad cada vez mayor de mucha gente de explorar lugares paradisíacos para alejarse del ruido, las carpas de techo volvieron a aparecer en el mercado y se transformaron en un objeto aspiracional, en un must de los exploradores fuera de ruta. Y varios fabricantes nacionales tomaron nota del asunto, entre ellos Campinox que, fiel a su eslógan –“donde vive la naturaleza”–  y su consigna de desarrollar nuevos productos para hacer cada vez más placenteras las salidas al aire libre, observó que las carpas para techo se usaban en notable éxito en otros países del mundo. De hecho, están muy impuestas en Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.
“Nos pareció un opción más que interesante –relata Daniel Martínez, director de Campinox en la Argentina– porque, por un lado, son mucho más cómodas que una carpa convencional y, por el otro,  no hay que buscar un terreno parejo para su instalación, y tampoco complica si el lugar está embarrado; tema importante, este último, al momento del desarme. Sólo requieren tener un vehículo con barras sobre el techo.
“Si comparamos las ventajas de la Explorer contra un tráiler carpa o una casa rodante, en realidad lo que estamos evitando es llevar un elemento de tiro, con la consiguiente dificultad en el desplazamiento (la carpa de techo ni siquiera genera turbulencia), el sobrepaso, el tránsito por caminos de montaña (principalmente si son sinuosos y carecen de asfalto), el aumento del consumo de combustible y el pago doble de los peajes. Además de su costo inferior y de la comodidad para guardarla finalizado el viaje, ya que no hace falta un gran espacio extra, porque entran paradas contra la pared del garage. Desmontarlas del vehículo –al igual que montarlas sobre las barras– toma apenas 20 minutos, y dejarlas listas para subirse y dormir, apenas un par de minutos más”, finaliza Martínez.
Si bien fabricarlas en la Argentina no fue posible por costos y falta de materia prima de la calidad necesaria, Campinox no tachó el proyecto de su lista, sino que recorrió varias fábricas de Oriente hasta que halló una que construía con altísimos estándares de calidad y exportaba a Europa y a los Estados Unidos. A partir de allí comenzó la segunda etapa, la de negociaciones para adaptar aquel modelo al clima e idiosincrasia argentinos. Entre esos detalles figuran una mayor robustez estructural para soportar los fuertes vientos imperantes en algunas de nuestras regiones (como la Patagonia) y el agregado de ventanas con amplios mosquiteros tanto en el frente como fondo y laterales.
Una vez  aprobadas todas las modificaciones, encargaron la primera partida de Explorer, un modelo que hace muy poco llegó a nuestro país y que es ideal para todo tipo de  salidas al aire libre: pesca, viajes largos con escalas en la ruta (permite parar en estaciones de servicio, por ejemplo), camping (en soñados lugares inhóspitos), turismo aventura y avistaje de aves, entre otras alternativas. 

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Elegido el sitio, lo único que se deberá hacer es sacar la funda de protección, desenganchar la traba correspondiente y en pocos segundos la carpa se desplegará sola. Bastará agregar la escalera (incluida), subir al habitáculo y descubrir que otra vida es posible.

 

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Marcelo Ferro

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