Sábado 28 de mayo de 2022
BIKE | 07-11-2021 14:00

En busca de la triple frontera bonaerense

Llegamos a Alberti para reencontrarnos con inexistentes puentes de otros tiempos, recorrer estaciones abandonadas y cementerios de trenes.
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Lisa y llanamente, los recorridos inconclusos en bici siempre hay que cerrarlos, aunque haya pasado mucho tiempo. En 2010 publicábamos en revista Weekend un trayecto en el partido de Alberti por ramales y puentes abandonados de dos trenes sobre el río Salado: Compañía General Buenos Aires (CGBA) y Ferrocarril Sarmiento (luego Ferrocarril del Oeste). Lo pintoresco pero lamentable era que ambos estaban en peligro de derrumbe e invadidos por cañaverales. Nos tomó horas cruzarlos. Finalmente, tuvimos que dejar el puente del FFCC Oeste “para más adelante”. La noche nos recibió agotados, picados por los mosquitos, quemados por el sol... pero felices.

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Por desgracia, los puentes de la CGBA terminaron cayendo, pero el del Sarmiento me llamaba y volví a Alberti con mi amigo Jorge para cerrar el recorrido. Esta vez teníamos más ciclistas que nos acompañarían: Majo, Silvio, Facundo y Roberto de Alberti; y Fátima y Marcela, de Mechita. En las puertas de la imponente municipalidad, obra del arquitecto Francisco Salamone nos reunimos temprano y cargamos las bicis en vehículos. El Municipio nos dio una mano y nos acercó hasta Achupallas, un pueblo ubicado sobre el ramal de la CGBA que dejó de funcionar en la década del ‘90. Sus calles de tierra y frondosa arboleda nos recibieron en la plaza principal, donde bajamos las bicis. Escuchar el clásico clac al enganchar los pedales automáticos para salir rumbo a la aventura es el momento mágico en el que los preparativos y mapeos se hacen realidad.

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El primer rumbo fue hacia una chimenea imponente, último vestigio de una fábrica de tejas que funcionó hasta la década del ‘50 y que era una importante fuente de trabajo para la zona. Ahí nomás, el boliche de Hugo Moro, donde paramos en 2010 y ahora fuimos a saludar. Algo insólito: el propietario se acordaba de nosotros. No quisimos preguntar si era porque fuimos los únicos dementes que habíamos cruzado los puentes colgantes en bici... o por la cantidad de salamines y queso que arrasamos ese día.

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Volver al pasado

Con rumbo Sudoeste salimos de Achupallas hacia nuestro puente pendiente del Ferrocarril Sarmiento. Los caminos rurales estaban en muy buen estado, pero una bruma enturbiaba el horizonte. Como siempre, empezamos a pedalear tranquilos para ir calentando los músculos. El ramal ferroviario al que nos dirigimos también estaba en desuso, y el puente había pasado a ser usado por los lugareños. Su imponente mole de hierro ya se adivinaba desde lejos porque el río Salado allí es muy ancho y tiene un par de kilómetros de desborde en sus orillas. Con 10 km llegamos a él: una estructura sólida e imponente, inevitable para las fotos. El lugar es bautizado por los lugareños como la Triple Frontera, porque allí lindan los partidos de Alberti, 25 de Mayo y Chivilcoy.
Desandamos camino, pasamos cerca de Gobernador Ugarte y nos dirigimos hacia el pueblo de Pla. Una de las ventajas de Alberti para el cicloturismo, aparte de situarse a solo 180 km de CABA, es que al estar surcada por cinco ramales ferroviarios –solo uno activo– hay muchos parajes y estaciones cercanos, por lo que cada enlace no insume muchos kilómetros. Siempre tenemos algún lugar donde comprar faltantes de comida o pedir agua. Ni hablar de que cada uno de estos lugares es un festín fotográfico de casonas, estaciones de tren, algún sulky y hasta lugareños de a caballo.

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Cuando cambiamos el rumbo hacia Pla (dirección Este) nos desayunamos con que el viento había rotado y lo tendríamos en contra la mayor parte del recorrido. No se sufrió tanto en el primer tramo, porque el camino era bajo y las arboledas laterales lo frenaban. Lo peor lo sufrimos de abajo: el suelo de la zona es arenoso y en las partes donde el sol había pegado fuerte o había pasado algún camión, se tornaba pesado, por lo que había que llevar la transmisión liviana para no encajarnos, amén de que las bicis se disparaban para cualquier lado.
En las cercanías de Pla no sabemos si el viento amainó o si el hambre nos dio un suplemento de fuerzas, pero llegamos enteros. Los albertinos ya habían hablado con Silvia, de la Casona Peña, que nos esperaba con algo para picar. La Casona es un típico boliche de campo que funciona en una vieja construcción del 1900 y tiene características de museo por la cantidad de botellas y herramientas de campo que allí exhiben. Nos sentamos y enseguida marchó lo nuestro: salamines de varios tipos, queso de campo, chinchulines al verdeo como entrada y, luego, empanadas norteñas de carne al cuchillo con fritas. “¿Quién dijo que el deporte es solo sufrimiento?”, se escuchó decir a alguien, con la boca llena, obvio.

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Quedó la promesa con Silvia de volver en una pedaleada nocturna, ya que en cuanto retorne la normalidad retomará sus clásicas peñas donde se congrega mucha gente de localidades cercanas. Y como la fiaca es nuestra peor compañera, apenas comidos salimos a caminar por el pueblo. La estación de tren está en inmejorable estado y se destaca su estilo francés, ya que el CGBA era de capitales de esa procedencia. La intención del municipio de Alberti es organizar los próximos carnavales en ese lugar; la verdad es que sería una verdadera atracción.
Luego de bajar un poco la comida, tomamos valor y subimos a nuestras bicis. Digo tomamos valor porque el viento Norte soplaba con ganas. Y muchas.  Enfrentarlo fue como una recepción a cachetadas: nos sacudía mal y recurrimos a la clásica formación a rueda: Una o dos bicis adelante y el resto bien pegados para aprovechar la succión, lo que minimiza el cansancio y permite mantener un buen ritmo de marcha. Normalmente se van rotando los lugares, pero en este caso el estado físico de Facundo, Silvio y Roberto era tan notable que ellos solos abrieron camino esos 20 km y, a pesar del viento y de las ocasionales camas de arena que desarmaban al grupo por unos segundos, pudimos mantener un ritmo de 22-23 km/h constantes. Eso sí, ni una foto en ese tramo. Uno solo piensa en no perder el trencito y mantener las fuerzas.

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Hacia un pasado glorioso

Ni bien cruzamos la Ruta 5 una arboleda que atajaba el viento nos dio un descansito y ahí los locales dijeron que había una estación abandonada donde reponer fuerzas: Larrea, en medio de un bosque de eucaliptos. Un escenario de película con un aspecto un poco tétrico pero fascinante. Algunos frutos secos, abundante líquido y algún que otro gel nos devolvieron la vida y fuimos para Mechita, un pueblo con grandes talleres ferroviarios, donde encontramos a Carlos Cristóbal, un ciclista de 70 años que nos acompañó el resto del trayecto y nos guió hasta un sitio mágico para la fotografía: kilómetros y kilómetros de trenes desguazados y abandonados. Y no solo eso, ahí nomás se ubica el canal Cafiero, que vierte sus aguas en el Salado. Se sumaron bosques de eucaliptos, sol... Y el resultado lógico: dejamos las bicis y nos tiramos a descansar de nuevo.

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Ya era hora del regreso y enfilamos para Alberti por un camino rural que bordea las vías y donde nos cruzamos con gran cantidad de ciclistas entrenando o paseando. Como si lo hubiéramos coordinado, la hora dorada en la que el sol aporta su mejor luz nos tomó cruzando el puente sobre el río Salado... La perfección existe.
Con 80 km llegamos a Alberti y nos dirigimos a la plaza principal. Allí aprovechamos para elongar a los pies del impresionante mástil –también obra de Francisco Salamone–, un verdadero privilegio. Y, como en toda pedaleada, ya teníamos hambre nuevamente, por lo que nos fuimos a una pizzería a arrasar con las de muzzarella! ¿Las bicis? Las dejamos en la plaza. ¡En Alberti no se usan eslinga ni candado!

Cementerio de trenes

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En la localidad de Mechita se encuentran muchas formaciones de tren dignas de fotografiar. Para ello hay que solicitar permiso previo en los talleres. No ingresar sin autorización. Tener en cuenta que, por el estado de abandono, hay que tomar precauciones con vidrios y materiales cortantes. Es recomendable el uso de calzado adecuado. Y de contar con mucho tiempo a favor, porque en cada rincón hay una foto.

Mapa del recorrido

    1     Alberti 35.03151 / 60.28031
    2     Achupallas 35.11006 / 60.07028
    3     Puente FCO 35.11720 / 60.02472
    4     Pla 35.12453 / 60.22032
    5     Mechita 35.06848 / 60.41565
    6     Larrea 35.05135 / 60.36665

Recorrido total: 77 km. Tiempo de pedaleo: 4 h 35’. Velocidad promedio: 16,8 km/h. Velocidad máxima: 42,5 km/h. Verde: camino rural. Celeste: río Salado. Naranja: trazados ferroviarios. Facebook e Instagram: Alberti Turismo / Alberti Patrimonio e Historia.

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Aldo Rivero

Aldo Rivero

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