Lunes 28 de noviembre de 2022
AVENTURA | 04-11-2022 07:08

San Juan extrema: kite por los caminos del viento

Tierra del sol y del vino, hoy alterna el color de sus cerros con los de las velas del kitesurf en el embalse Cuesta del Viento, a 180 km de la capital. Ya se abre la nueva temporada al calor del viento Zonda. Galería de fotos.
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Dicen que allí se acuñó la famosa frase ¨donde dobla el viento¨, ya que el Zonda circunvala el dique Cuesta del Viento. Este fenómeno natural donde la brisa de repente se torna huracanada y quema, invadiendo al departamento de Iglesia, ubicado en el extremo noroeste de San Juan, arrasa por estos días con corrientes de hasta los 120 km/h. Todo lo que necesita un amante del kitesurf para despegar con su tabla y volar sobre el agua, tocar el cielo con las manos y sentirse en el paraíso… Y a eso se suman los ojos de las lentes de todo el mundo, ya que desde hace más de una década se viene realizando allí el concurso que la firma internacional Reef, esponsor oficial de experiencias extremas, viraliza año tras año.
El Zonda es el que hace posible todo. Se trata de un viento seco, con frecuencia sucio ya que lleva polvo, que proviene del Polo Sur, entra a la cuesta por el océano Pacífico y se calienta por descenso desde las crestas a más de 6 km sobre el nivel del mar. Peligroso para la producción del vino, sagrado para los kiters.

Volando sobre el agua 

El embalse Cuesta del Viento nació como una represa hidroeléctrica emplazada sobre la unión del río Blanco y el arroyo Iglesia, donde nace el Jáchal: una obra de ingeniería de las más importantes, ya que regula los caudales provenientes del deshielo de la Cordillera de los Andes con el fin de producir energía, y fomentar la producción agrícola y minera de la zona. Un espejo de agua turquesa irresistible para el turismo.

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La comunión con el kitesurf vino un poco después, cuando los argentinos descubrieron este deporte extremo que consiste en el deslizamiento sobre el agua, propulsados por el viento y con una cometa de tracción unida al cuerpo mediante un arnés, dispositivo que completa la navegación sobre una tabla. En aguas temporariamente calmas o sobre olas (wave riding). La disciplina impone realizar maniobras en el aire (free-style), las que puntúan los jurados que se acercan desde todo el mundo para la competencia. Aunque se tiene noticia de que ya en el siglo XII algunas comunidades de pescadores chinos e indonesios utilizaban velas o cometas para arrastrar sus pequeñas embarcaciones, esta modalidad deportiva data oficialmente de 1977, año en que Gijsbertus Adrianus Panhuise patentó un sistema de navegación sobre una tabla de surf traccionada por una especie de paracaídas. Desde entonces también se ha conocido a la actividad como kiteboarding o flysurfing, adquiriendo una gran popularidad gracias a su espectacularidad y accesible aprendizaje.
Para su práctica no es necesario tener un estado físico impecable: es común ver cómo las velas peinan canas ya que se les atreven kiters que van desde los seis ¡a los 60 años! Y una mujer es la más destacada en este deporte, la española Gisela Pulido, siete veces campeona del mundo. El lugar se ha convertido en top por sus cualidades naturales: aguas que van del turquesa al verde esmeralda, según la hora del día, islotes y un marco de montañas de la Cordillera de los Andes, el destino favorito de los amantes de la aventura. No en vano lo han catalogado como uno de los mejores sitios que existen en el mundo para la práctica del windsurf. Desde septiembre el dique brinda además distintas opciones para la pesca de pejerrey y, ya para noviembre, también dispone del descanso en los paradores de sus playas, de aire tribal, con cartelería colorida que llama la atención en sitios como San Diego, Malibú (California, EE. UU.) o la Riviera Maya mexicana. ¡Todo muy cool!


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Para llegar a este lago artificial que ocupa unas 3.000 hectáreas y que, casi sin querer, originó uno de los paisajes más asombrosos de nuestro país sin infartarse, existen el avión o la nueva Ruta Nacional 149. Pero la aventura está más a la altura del destino si se accede por la ruta vieja, mezcla de asfalto, tierra y ripio, un camino sinuoso de montaña y precipicios a más de 1.900 metros de altura, que en vehículo particular es toda una prueba de valor. Al paso se atraviesan túneles que parecen haber sido construidos por horneros, de un solo carril, que invitan al rezo, pero que al final los paisajes bien lo compensan.
La fauna sorprende: vicuñas, cabras y burros atraviesan la ruta, saltan a ella sin permiso por lo que hay que ir con precaución. Y llevar mate a bordo por si tardan en correrse.
La pintoresca localidad que se fundó un 12 de noviembre de 1991, Iglesia, hoy ostenta una población de aproximadamente 9.000 personas. Es must be recorrer su centro comercial, entre ranchos y maxikioscos vestidos de luces LEDs, pero construidos en ¡adobe!

Atendido por kiters

Si se quiere vivir a pleno la experiencia Cuesta del Viento, la opción es 50 Nudos, una posada boutique realizada totalmente en adobe, decorada e intervenida por Laura Banga, una artista plástica que hace años decidió formar una familia con Hernán, alias El Pájaro, y apostar todo a este lugar. Hoy tienen dos hijos, la bella Olivia (16), que hace las veces de anfitriona del espacio, y Simón, aún preadolescente y kiter avezado. 
“El establecimiento está construido completamente en barro –comenta Laura–, con murales e intervenciones artísticas generados con nuestras propias manos desde el amor, la familia y el arte. Cada detalle, cada objeto, fue realizado e inspirado por el instinto natural, sin hacer ruido con el entorno. A comienzos del 2005 deseamos cambiar de rumbo, dejar Buenos Aires y embarcarnos en este sueño que hasta hoy nos dio tantas emociones”.

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Siendo docente de la Universidad de Buenos Aires en el área de diseño gráfico y con un estudio de arte, decidieron junto a su compañero y profesor de Educación Física, dejar ese presente citadino y sumergirse en una nueva vida: “Entendimos que estábamos en condiciones de ofrecer un espacio fuera de la tecnología”, agrega. 
De hecho, sus cuatro habitaciones están impregnadas de tejido de telar, otro fuerte de la zona, y no tienen televisores, sí poseen señales pintadas que alejan del caos visual. Pileta. horno de barro, servicio de cuarto, clases de kite y wind-surf (desde $ 15.000 por hora), bajadas en rafting, paseos en kayak, salidas de pesca en lancha y otras excursiones se ofrecen como parte del servicio. En el transcurso de los años lograron una educación distinta para sus hijos, no fue fácil, ni es fácil hoy cuando los chicos empiezan a reclamar la movida urbana, alertados por las redes sociales a las que acceden desde una potente Wi-Fi.

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¿Qué hacer aquí si no gusta de la náutica? ¡¡¡Nada!!! También está esa opción: dejarse llevar por el ocio que propone el paisaje abrumador o amenizar con una corta visita a Pismanta, a la cueva de los indios, al monumento al aborigen, al museo arqueológico de Angualasto Luis Benedetti,o al mirador del dique, antes del paso fronterizo Agua Negra, hacia Chile.
“Podemos decir que siempre se puede cambiar de rumbo, no importa cuántas maniobras requiera o nos estructuren, hay distintas formas de vivir el mundo, solo es cuestión de animarse a perder el miedo y lo que tenemos para ganar es aprendizaje. Ese es el precio de la libertad¨, finaliza Laura. Filosofía kite.

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Gabriela Patrone

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