San Nicolás: un regalo para las fiestas

Desafiantes dorados en baitcast a 240 km de la Ciudad de Buenos Aires, sobre los lugares donde más fuerte corre el río Paraná.

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Ya llega una nueva Navidad y para muchos chicos es sinónimo de Santa Claus. Ese viejito barbado más de una vez ha sido molestado por gente grande que pedía un reel, una caña, un viaje a pescar y, sobre todas las cosas, sacar el pescado más grande de su vida. Papá Noel, como también se lo conoce, alude en sus orígenes al obispo San Nicolás, cuyos restos se encuentran en Bari, Italia. Yo viajé a otro San Nicolás, más cercano, al de los Arroyos, para hacerme mi propio regalo: en lugar de trineo, lancha; en
lugar de nieve, el río Paraná; en lugar de una bolsa roja, correderas con dorados. ¿No es el mejor regalo que nos podemos hacer para estas fiestas?

Estos personajes de leyenda están exentos de problemas mundanos, como el clima. El día que elegimos con Juan Pablo Gozio para visitar al guía Matías Jalil, también. Brisa del norte, alta temperatura pero aún primaveral y sol a pleno contrastaban con las terribles tormentas que días atrás habían cortado la autopista a la altura del desbordado río Areco.

En busca de los obstáculos
El agua del Paraná se había ensuciado por esta enorme masa líquida que volcaba desde los campos. No obstante decidimos solo pescar en baitcast y dorados. Para encontrarlos en esta porción de la cuenca del Plata debemos buscar obstáculos, artificiales y naturales, que aceleren el paso del agua. Por una cuestión física, cuando una corriente líquida encuentra una masa resistente en su camino se desvía hacia los lados ganando una velocidad en el choque que luego pierde.

Estos obstáculos pueden estar sumergidos a varios metros, como los veriles o variaciones bruscas de profundidad, y solo se observan por cambios en la superficie del
agua que, generalmente, se riza o se torna más espejada en comparación con la que la rodea. Si el choque se produce en superficie, como un palo sumergido o una punta de
tosca costera, se percibe fácilmente por la aceleración del agua llamada corredera. El tema es que no en todas las correderas hay pecescomiendo, sencillamente porque no en todas hay carnada.

La vida propia del río 
El dorado acude a estos disturbios de agua en búsqueda de dos elementos vitales: mayor oxigenación, pues es un gran consumidor de este gas disuelto en el agua, un animal muy inquieto que gasta mucha energía y necesita recuperarla; y su dieta de pequeños peces, los que, normalmente, nadan bien pegados a la costa huyendo precisamente de sus predadores y aprovechando a comer los insectos que caen de los árboles, o las ranitas y otros animales que andan por la orilla. Además, las márgenes suelen ser más playas que el resto del río y, por lo tanto, con menor volumen y velocidad para nadar tranquilamente. Claro que, al aparecer un accidente, deben meterse un poco hacia el centro del río, luchar contra el empuje más fuerte y, por lo tanto, son presa mucho más fácil para el dorado que patrulla cerca de estos puntos calientes para lanzarse al ataque.

Nota publicada en la edición 507 de Weekend, diciembre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

29 de diciembre de 2014

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