Domingo 4 de diciembre de 2022
SITIOS EXTERNOS | 23-12-2014 10:27

Grandes bogas en la isla Queguay

Logramos muy buenas peleas y excelentes portes a pocos kilómetros de la ciudad entrerriana de Colón. Las claves para capturar a este pez de elusivo pique.
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La ciudad de Colón está a la vera del río Uruguay, lo que la hace una excelente alternativa para que los pescadores y turistas disfruten todo el año. Es que su belleza natural invita al descanso pero también a la aventura, combinadas en una gran cantidad de servicios y ofertas para todos los paladares.

En Colón se pueden realizar actividades de turismo aventura, como salidas de 4x4, cabalgatas, excursiones náuticas y expediciones a las islas. Pero sobre todas las

cosas, la pesca, lo que más nos atrae.

En esta oportunidad nos invitó la Cámara de Servicios Náuticos, mediante su presidente Juan Rougieri, quien nos informó sobre la excelente pesca de bogas de la zona. Arribamos el 15 de noviembre, con la idea de pescar esa misma tarde y al día siguiente. El guía Sebastián Iglesias nos estaba esperando en la costa, con su confortable trucker, listo para salir.

Hacia La Calera 

En la primera salida decidimos no alejarnos mucho de la ciudad, navegando hasta un lugar conocido como La Calera, algunos kilómetros aguas arriba. Tras unos 15 minutos de navegación fondeamos cerca de la costa, a unos 30 metros. La técnica consiste en ver que el ancla queda firme y una vez que la lancha se ubica, se arrojan las líneas al

agua a unos 30 o 40 metros.

Aparejo y anzuelo 

El aparejo que utilizamos es sencillo: una brazolada de unos 40 a 50 cm, atada a un esmerillón número 5 o 7. Antes de atarlo al nailon del reel se debe colocar un plomo corredizo, cuyo peso dependerá de la correntada que notemos en el río al momento de prepararnos. En este caso utilizamos de 40 a 50 gramos, ya que la corriente era realmente fuerte. Por último usamos un anzuelo pata corta, tipo Maruseigo, número 14 o 16, con muy buen filo.

Es muy importante cebar el lugar apenas llegamos, arrojando maíz al agua, ya que este alimento llama a las bogas y las mantiene en el lugar. Durante las cuatro horas que pasamos en el agua, logramos varios peces, la mayoría bagres amarillos, porteños y trompudos. Pero no apareció ninguna boga. Según el guía, las condiciones del río cambiaron y con ello se perdió el buen pique de días anteriores. Por suerte nos tranquilizó su seguridad al decirnos que al otro día daríamos con las bogas.

Nota publicada en la edición 507 de Weekend, diciembre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

23 de diciembre de 2014

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Alvarito .

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