sábado 23 de febrero de 2019
15-11-2018 03:14 | TURISMO

Parque Nacional El Leoncito: un viaje a las estrellas

Caminatas y observación se combinan con carrovelismo en un panorama que parece salido de otro mundo. La excusa ideal para hacer turismo educativo con los chicos.

En el cielo… las estrellas,  en el campo… las jarillas. Así dice un cartel en el Parque Nacional Pampa del Leoncito de la provincia de San Juan, en el cual el cielo es el protagonista. Más de trescientas noches despejadas al año, libres de humo, polvo y gases, y lejos de las luces de las ciudades, hacen de este cielo el lugar ideal para observar las estrellas.

Las jarillas tapizan con su particular perfume el desértico paisaje. Para adaptarse al clima, sus hojas son pequeñas y se disponen de forma vertical para evitar la exposición solar. Entre ellas, una variedad es conocida como jarilla nortera, en la que sus hojas están orientadas en dirección al norte.

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Bajo las constelaciones

Las profundas noches envuelven el paisaje bajo un infinito manto de estrellas. La prueba de ello es que en el Parque Nacional hay dos complejos astronómicos de alta tecnología y prestigio internacional. Se pueden hacer visitas diurnas y nocturnas en las que es posible observar el cielo con teles-copios electrónicos y descubrir un paisaje nocturno de estrellas, constelaciones y planetas. El Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) es un instituto dependiente del CONICET y de las universidades nacionales de La Plata, Córdoba y San Juan. Allí es posible alojarse, ya que cuenta con instalaciones para ese fin. Por otra parte, el Observatorio Astronómico Félix Aguilar, Cesco, depende de la Universidad provincial y tiene más de 50 años de historia.

Barreal es la ciudad más cercana al parque, se encuentra en el departamento de Calingasta, al Suroeste de la provincia. La Cordillera de Los Andes es protagonista del paisaje, dejando ver algunos de sus picos más altos, con el cordón de Ansilta como principal anfitrión.

Darío Saavedra, guardaparque, nos pasa a buscar por el  hotel –que lleva el nombre de una estrella, al igual que cada una de las habitaciones–. Con su simpatía nos da la bienvenida y, antes de ingresar al parque nacional, nos lleva a conocer la famosa Pampa del Leoncito o Barreal Blanco.

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Se trata de una superficie perfectamente lisa de unos diez por tres kilómetros, generada a partir de una cuenca lacustre que se secó. Allí soplan fuertes vientos sostenidos que hacen del lugar el escenario ideal para la práctica de carrovelismo, un deporte no convencional en el que se usan carros con velas, que pueden llegar a desarrollar velocidades de más de 100 km por hora. El lugar también es conocido por ser escenario de varias publicidades, como la de la pick up Ford que salta desde un avión Hércules. Darío nos recuerda, al llegar al lugar, que hay dos reglas de oro: nunca entrar con lluvia, aunque sea poca, y estacionar en contra del viento.

Ver el atardecer en este lugar es simplemente mágico. El sol, que se desploma tras la montaña, dibuja en la extensa y lisa superficie las sombras más largas que podamos imaginar. El seco y craquelado suelo arcilloso parece un sinfín de venecitas irregulares que se pierden de vista en el infinito… Las luces de la tarde se van perdiendo a medida que el cielo va profundizando su oscuridad, para luego extender el inmenso manto estrellado.

Las perfectas noches plagadas de estrellas, sin la intromisión de luces artificales, hacen que uno no pueda resistir la tentación de tirarse en el suelo para contemplar ese cielo que hipnotiza. “Cuidamos el suelo para mantener limpio el cielo”, fue la frase del guardaparque que me quedó grabada.

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Bike en los senderos del inca

Una de las tantas actividades que podemos hacer cerca de Barreal es mountain bike. Martín nos está esperando al costado de la ruta con sus bicicletas, especiales para recorrer este terreno de piedras y arena. Cada uno con su casco, nos disponemos a pedalear en una superficie que no resulta nada fácil.

La promesa de llegar hasta una gran piedra repleta de petroglifos y el entusiasmo del grupo hacen que nos pongamos en marcha y tomemos ritmo. El lugar es increíble.

No caben dudas de que uno de los mayores cuidados del parque tiene que ver con el cielo. Muchos factores pueden atentar contra ello, por eso la información y la cartelería hacen referencia a su cuidado y la responsabilidad del visitante. La pasión se percibe en cada gesto de Mónica Sosa, la guardaparque que ya lleva más de cinco años en el lugar y que nos recibe con una amplia sonrisa. Nos acompaña por los senderos mientras cuenta la historia de este parque, que comienza con la estancia que le da el nombre. Hay manzanares históricos, de más de cien años, con unas quince variedades de la fruta y cuatro de peras que pertenecían a la antigua finca. Desde el Mirador del Manzanar se aprecia en todo su esplendor del cordón de Ansilta, el cerro Mercedario y el cordón Del Plata. La nieve y los glaciares descargan sus aguas durante el deshielo en el río Los Patos.

Adentro del parque hay sector de camping, miradores y senderos autoguiados, como el de la cascada El Rincón, Paisajes de Agua o el sendero al Cerro El Leoncito, cuyo recorrido tiene unos siete kilómetros y llega a los 2.519 msnm. La vista desde allí es maravillosa. Valió la pena el esfuerzo de unas horas de caminata, en la que se pudo observar la adaptación de las plantas al árido terreno y la inmensidad que se extiende bajo el cielo nítido hasta tocar la cordillera.

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Luego de un descanso para contemplar el paisaje desde la cima, el grupo emprendió el regreso con la mira puesta en comer un rico asado con la promesa de probar el corte de carne emblema de la provincia y próximo a postularse como patrimonio de la humanidad, según bromas de los anfitriones: la famosa punta de espalda, según dicen, tiene la forma de la provincia… Luego de probar este exquisito corte, asado con impresionante maestría, llego a la conclusión, según mi veredicto y amplio conocimiento en el tema, que posee todos los méritos para ser declarado patrimonio de la humanidad… aunque por ahora sea patrimonio de San Juan. Por lo que es imprescindible no dejar de probar semejante atractivo gastronómico cuando se visite la provincia.

En las sierras del Tontal, en Calingasta y en las cercanías del parque, sorprende el cerro Alcázar. Sus formas y color blanquecino, que contrasta con el azul del cielo, hacen que se lo compare con un gran castillo medieval. Algunas leyendas también contribuyen al romanticismo del paisaje, que es paso obligatorio para tomar fotografías sorprendentes.

Muy cerca se encuentra la localidad de Tambería, que se caracteriza por sus tapiales de adobe. El municipio está rescatando esta característica y poniendo en valor su personalidad. La escuela, el cine, la antigua cárcel del pueblo y su pasado de adobe. El noble material con el que se construyen sus casas, da abrigo en invierno y aislación en el verano. La idea es recuperar las técnicas de construcción antiguas, las comidas típicas y su forma de cocción. Para ello fue necesario convocar y entrevistar a los pobladores más antiguos de la zona, haciendo de parte de San Juan un circuito ideal para recorrer admirando un paisaje que es realmente un viaje  hasta las estrellas.


Nota completa en Revista Weekend del mes Noviembre de 2018 (edicion 554)

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Patricia Mogni

Patricia Mogni

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