Saturday 25 de May de 2024
TURISMO | 30-04-2023 15:00

Carmen de Patagones: rincones de los maragatos

Un poblado de estirpe colonial a orillas del río Negro y frente a la ciudad de Viedma. Su circuito turístico alterna un interesante legado histórico con sitios recreativos y naturales para disfrutar. Galería de fotos.
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Emplazada sobre las barrancas del río, la ciudad de Carmen de Patagones luce todo su esplendor colonial. Es la localidad más austral de la provincia de Buenos Aires y limita con su vecina Viedma, que se extiende sobre la orilla opuesta mostrando sus amplias dotes de ciudad capital rionegrina. El río Negro o de los Sauces o “Currú Leuvú”, como lo llamaban sus primeros pobladores, es el curso fluvial más caudaloso de la Patagonia. En sus tranquilas aguas se esparcen balnearios, zonas de pesca y áreas para la práctica de deportes náuticos. Bien vale un paseo en el catamarán turístico para disfrutar de la amplitud de su cauce, de las excelentes vistas de los puentes que unen ambas provincias (el histórico ferrocarretero y el moderno vehicular) y de sus orillas pobladas de tupida vegetación. La cercana desembocadura al mar resulta también un sitio ideal para los amantes de la pesca y para quienes buscan escenarios solitarios con inmensas playas de fina arena que se prolongan sobre ambas riberas.    

Combinación justa 

Recorrer sus calles supone combinar historia y naturaleza; y una fisonomía urbana que parece detenida en el tiempo. Pequeñas arterias que suben y bajan sobre las ondulaciones del terreno, añejas casonas muy bien conservadas, vestigios de fortines, escalinatas y farolas hicieron que en 2003 el casco antiguo de la ciudad fuese declarado “Poblado Histórico Nacional”. La riqueza de esta arquitectura colonial se ensambla con el agradable paisaje que brinda la franja ribereña donde se extiende la costanera con destacables espacios verdes, arboleda, pequeños muelles, clubes, bares y paradores gastronómicos. 

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Allá por 1827, Patagones (como la abrevian los lugareños) era una diminuta aldea de unos 900 habitantes dedicados a la ganadería y a la explotación de las cercanas salinas para abastecer los saladeros rioplatenses y a los que allí se instalaron, pero por ese entonces también se vio envuelta en la guerra entre nuestro país y el Imperio del Brasil por la posesión del actual territorio uruguayo. Bloqueado por el enemigo el puerto porteño, este poblado se convirtió en un asiento de corsarios y barcos brasileños con mercancías y esclavos africanos. Los invasores intentaron arrasar la zona con unos 400 infantes, pero en la madrugada del 7 de marzo fueron derrotados en el Cerro de la Caballada por 120 jinetes al mando del teniente Sebastián Olivera. Hoy en este cercano sitio hay un monumento que evoca aquel heroico triunfo y además es un magnífico mirador desde donde se observan ambas ciudades, el río, el antiguo puente y los alrededores rurales (se puede subir caminando o en vehículo por un camino asfaltado).  

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El circuito por el casco antiguo puede arrancar en la plaza principal 7 de Marzo, primer predio público de la ciudad (su nombre recuerda al citado enfrentamiento contra la invasión brasileña). Frente a ella la municipalidad, cuyo origen se remonta al año 1854 y es una de las más antiguas del país, aunque la construcción edilicia comenzó en 1882; y, detrás, la legendaria Torre del Fuerte que data de 1780 y formó parte de la capilla de la primitiva fortificación (luego vino la actual parroquia Nuestra Señora del Carmen), complejo que fue declarado Monumento Histórico en el año 1942. Este puesto defensivo jugó un papel importante en la conquista al desierto y en el afianzamiento de la soberanía hispano-criolla en estos inhóspitos territorios durante aquellas épocas remotas. 

La calle inolvidable 

A metros de la torre desciende hacia la costa el singular pasaje San José con sus escalones y miradores. Si existe una calle que resulta imposible dejar de visitar, es esta de tan sólo una cuadra, cuyo nombre homenajea a la homónima ciudad uruguaya, en virtud de un convenio de hermandad firmado por ambas localidades, ya que en las dos sus primeros habitantes arribaron desde España. Caminar por allí, entre los históricos cañones del fuerte y contemplando las fantásticas vistas del río Negro y de la ciudad de Viedma, es ciertamente recomendable. Y si de pintoresquismo se trata, ahí nomás, la calle Del Muelle baja en zigzag hacia la costa, entre casonas antiguas y angostas veredas: verdadera joyita del lugar. 
A metros resalta el Rancho Rial, viejísima construcción de 1820, hoy rescatada como centro de muestras de arte, cultura y exposiciones; y entre otros también, la Prefectura y su Museo Naval, el famoso bar del puerto y el Museo Histórico Regional Emma Nozzi, que desde 1988 funciona en la casa histórica del Banco de la Provincia de Buenos Aires, un edificio de 1830 (en sus salas se exhiben fotografías y documentos que permiten conocer no sólo el pasado de la ciudad sino además de la Patagonia). 

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Sobre el río el añejo muelle Mihanovich, construido en 1907 por la empresa homónima, servía para la partida y llegada de embarcaciones cargueras desde y hacia la Buenos Aires de principios de aquel siglo. Culmina el periplo con la visita a las Cuevas Maragatas, primitivas viviendas que sirvieron para albergar a las primeras familias que se establecieron en 1779. Estos colonos vinieron desde España enviados por la corona ibérica con el fin de poblar las regiones patagónicas. Llegaron de Galicia, Zamora, Castilla La Vieja y especialmente de la comarca de Maragatería, provincia de León; lo que le valió el nombre a las cuevas y que luego se extendió a los pobladores del lugar.
Desde siempre, a los habitantes de Carmen de Patagones se los denomina “maragatos” y aquellos pioneros constituyeron una sociedad fuerte y cerrada, prácticamente endogámica y celosa de sus tradiciones, a tal punto que siguieron respetando la bandera española y maragata tras la Revolución de Mayo, estando el poblado de Carmen de Patagones desde 1812 y fines de 1814, desvinculado de Buenos Aires. Algún cartel reza  “Cuna de la Historia de la Patagonia” en alusión a este poblado que vale la pena recorrer sin prisa para ir descubriendo cada uno de sus rincones; allí donde culmina por el sur, la inmensa provincia bonaerense.

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Marcelo Ruggieri

Marcelo Ruggieri

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