Lunes 17 de mayo de 2021
TURISMO | 12-04-2016 13:38

Alta Gracia: historia, arte y naturaleza

Un histórico hotel, personajes trascendentes y ese mágico encanto de las ciudades donde al unísono se respira tranquilidad y aventura.
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El camino por el valle de Paravachasca (“lugar de vegetación enmarañada”, según el vocablo comechingón) se extiende entre depresiones, sierras y llanuras, llevándonos hasta Alta Gracia que es el principal poblado de la región.

Esta ciudad cordobesa se origina con la colonización española y la posterior construcción de una estancia jesuítica en 1643, la que con el paso del tiempo quedó dentro del mismo casco urbano. Paramos en la plaza principal para visitar el complejo histórico, y en verdad sobresale la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Merced, verdadera joya del barroco colonial. “El templo es único en el país –afirma Carolina, nuestra guía– por su fachada sin torres y por el ensanchamiento de su crucero, reuniendo la planta lineal con un esquema oval. Resalta el retablo del altar mayor con sus columnas salomónicas y el púlpito tallado en madera.” Lindero a la iglesia, la ex residencia jesuítica funciona como el museo de la Casa del Virrey Liniers; y al costado se levanta la torre tajamar (hoy sede de la dirección de turismo local), junto al gran lago y al primer paredón del sistema de acequias.

Estancia jesuítica

El acceso al predio jesuítico desemboca en un parque central, y sobre sus laterales, el edilicio presenta galerías abovedadas en dos plantas con sus salas que albergan testimonios, objetos y elementos de vieja data. “Expulsados los jesuitas –explica la guía–, la finca pasó por varios propietarios, siendo uno de ellos don Santiago de Liniers, antiguo virrey del Río de la Plata. En 1941 se declara Monumento Histórico Nacional y desde 1968 abrió como museo.”

Lo colonial también cobra vida en añejas edificaciones con sus frentes de piedra y artísticas rejas, a medida que recorremos la ciudad. Belgrano es la calle principal y se prolonga desde la plaza con sus locales regionales, comercios, bancos y restaurantes.

Las panaderías abundan, y es curioso no solo por la cantidad, sino porque al atardecer se convierten en “barcitos pizzeros” con mesas en las veredas. A pocas cuadras se ubican dos fincas devenidas en museos: la casa donde vivió Ernesto “Che” Guevara en su niñez y adolescencia; y el chalet del compositor español Manuel de Falla, donde habitó hasta su muerte, en 1946. En este último, Marcos Ponce –guía del lugar – comenta: “La vivienda es conocida como Los Espinillos, perteneció al Dr. Angel Gallardo y aquí fue donde Falla buscó salud y paz para sus males físicos”. Alberga mobiliarios, su piano y testimonios de vida. Entre sus obras figuran: “La Oratoria Atlántica” (concluida por su discípulo Holfler), “La Vida Breve” y “El Sombrero de Tres Picos”.

Partimos desde el centro para realizar un corto circuito hacia la zona de parques y el arroyo Chicamtoltina (“agua fría”, en lengua nativa), que corre paralelo a la costanera, ideal para el descanso y el disfrute de la naturaleza. Apenas más allá, la Gruta de la Virgen de Lourdes (1916), réplica de la existente en Francia. Está hecha en piedra

natural y cuenta con un predio con bancos y tupida vegetación. Siguiendo el curso de agua y a escasa distancia, se llega a Los Paredones, añeja obra complementaria del tajamar jesuita que servía para contener el arroyo en diferentes niveles.

Nota publicada en la edición 523 de Weekend, abril de 2016. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

12 de abril de 2016

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Marcelo Ruggieri

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