Las gigantes corvinas negras de verano, los grandes tiburones de temporada, los peces elefantes de primavera, chuchos y variada de todo tipo son la postal clásica de la Piedra del Vidalero y zonas aledañas. Por eso, la aparición reciente de burriquetas y pejerreyes de excelente porte sorprendieron a propios y extraños, y aunque no es una cuestión extraordinaria (siempre se dijo que el mar es una pecera) resulta curioso encontrar una pesca tan rendidora.

Claro que mucho tiene que ver el pescador que apostó a una opción distinta, aún con el dato de que en las últimas semanas sólo salían corvinas roncadoras de muy bajo porte.

Cambios en el fondo y claves del pique
El cambio de la fisonomía costera y del fondo marino resulta ser clave: a orillas del mar se armó un banco de arena bastante amplio y la primera canaleta quedó mucho más lejos. Aquellos que buscan la variada intentan llegar a esa corredera de agua, pero el enganche está a la orden del día y se dificulta la tarea.

Pero el pez no sale porque sí. Para tener éxito, es imprescindible observar la marea. El pescado viene a comer al banco y en ese momento se produce lo mejor del pique. Es por eso que el mejor rinde se dio unas tres horas antes, durante, y dos horas después de la pleamar. En mínima, no queda profundidad. En el caso puntual de la faena que amerita esta nota, rindió en el sector comprendido entre la bajada a la arena de Mar Chiquita y la primera escollera que aparece hacia el norte.
Una combinación poco habitual
Más allá de que no es habitual, la combinación de especies capturadas también muestra cierta rareza. El pejerrey busca agua preferentemente clara y a la burriqueta le encanta la turbulencia, donde hay arena en suspensión. En ambos casos, el porte de las capturas fue realmente bueno y de cantidad aceptable; la pesca no fue constante a lo largo de todo el día, pero hizo pasadas constantes y fue atacando a medida que el cardumen se movía de un lado a otro.

De acuerdo a las condiciones del mar, es importante tener plomos con buenos alambres para garantizar que el aparejo quede anclado. Una línea de tres o cuatro brazoladas de 60 centímetros, con anzuelo número 3, la combinación camarón-magrú como carnada y un rulero cebador como atrayente fueron más que suficientes. Siempre y cuando -claro- no aparezcan las roncadoras, especie que domina el pique y no deja espacio para las demás, pero que también se captura con los mismos equipos.

Una costa que siempre sorprende
La franja costera que va desde Mar de Cobo hasta Mar Chiquita siempre fue una catarata de opciones de pesca y lo sucedido hace varios días no sólo lo confirma, sino que además redobla la apuesta. Porque a las gigantes corvinas negras que salen (tanto de fondeo como a tiro de caña), a las buenas corvinas rubias, chuchos e incluso pez elefante, ahora se suma también el pejerrey y -fundamentalmente- la burriqueta, uno de los peces mejor considerados en el aspecto culinario.

- Agradecimiento especial: Francisco Ackermann (Mar del Plata)
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