"Entrá al agua vos primero”, me dijo Nico Lanusse, cediéndome el paso –como buen anfitrión–, mientras caminábamos la margen sur del río Traful, en el tramo que va de la desembocadura del Cuyín Manzano a su confluencia con el río Limay. “Gracias, pero entrá vos”, le dije, devolviendo la gentileza y además porque el entorno invitaba más a la contemplación que a la acción. Esos momentos y esos lugares que tiene la Patagonia que a uno lo conmocionan para bien, lo sobrepasan y lo invitan a respirar hondo, a contemplar el paisaje y dar gracias a Dios por el privilegio de estar ahí.

El eterno dilema de la cámara de fotos o la caña de pescar (dos pasiones en conflicto permanente) se terminó cuando Nico pinchó la primera arcoíris. La pesca fue vadeando, caminando el río, una forma de actuar que exige más desde lo físico ya que hay que desplazarse con el agua a media pierna o a la cintura, caminando por fondos a veces irregulares y con la fuerza de la corriente empujando siempre. La ventaja que tiene es que uno se involucra más con el ambiente y permite elegir cada ubicación y cada lance, con más chances de decidir, insistir, cambiar moscas y estrategias en un lugar determinado. Es decir, trabajar a fondo un pesquero. Fallar, acertar, intentar cosas diferentes, sacar conclusiones, sumar horas de río y aprender.

Al gran río nada mejor que un buen engaño
Nuestra estrategia fue vadear hasta quedar a tiro de la costa de enfrente (la ribera norte) que es por donde, en ese tramo que estábamos pescando, se recuesta la corriente, pasa el canal y además está tapizada de sauces orilleros que dan sombra al agua y chances de refugio, comida y acecho a los peces.


Neuquén: temporada alta, aguas bajas
El Traful venía rápido, así que los lances debieron de ser precisos, hacia los palos, las barrancas, piedras o cualquier accidente que desordenara un poco las líneas de corriente y donde pudiera haber algún predador a la espera. Acorde a la correntada, las correcciones (mends) debieron ser rápidas y el estripeo también veloz. Las arcoíris atentas, activas y bien proclives al ataque nos sorprendieron para bien en tamaño y en vitalidad.
El diferencial que funciona
Los equipos empleados fueron de potencia #4 y #6 con líneas sinking tip y líderes del orden de los 6 pies terminados en tippet 1X y 2X; y las moscas: estrímeres montados en anzuelos Nº 6 a 10 cómo Matuka, Zonker y Woolly Buggers y sus variantes. Entre las que funcionaron bien: una Egg Sucking Leech con el chenil naranja –del supuesto huevito– atrás, sobre la curva del anzuelo y la Egg Sucking Leech tradicional, a pesar de que nos encontramos fuera de la época de fresa. Esto puede deberse a dos factores. Uno, que el reflejo condicionado de los peces haga que ataquen independientemente de la época; y dos, que el color rojizo a la altura de la cabeza de la mosca imita también la tonalidad de las branquias de los pececillos forrajeros en rápida huida, con los opérculos abriendo y cerrando a pleno, y exhibiendo esa coloración encarnada. Un bead head esmaltado u ojitos rojos en un estrímer cualquiera, también pueden lograr ese efecto. O, como acostumbra hacer mi amigo Horacio Machín, una terminación con hilo rojo en la cabeza. Todas formas de agregarle un efecto atractivo, un diferencial que entendemos que funciona.

Otra estrategia fue lanzar en sectores del canal más despejado y dejar hundir el conjunto acompañando la deriva con sucesivos mends para ganar, con esto, mayor hondura y ver si pinchábamos alguna de las buenas más abajo.
Truchas criollas
De esta manera tuvimos un ataque que, en principio, nos hizo creer que podía ser una marrón pero que resultó ser una linda perca. Una especie autóctona, que comparte hábitat con las truchas, por lo que también se la conoce como trucha criolla y que es muy gregaria, por lo que donde se da una pueden capturarse varias. El color naranja en las moscas es muy atractivo para las percas, tanto o más que el verde oliva. La combinación de oliva y naranja en una misma mosca también es muy bueno –y para truchas también–. Es efectivo que además cuenten con lastre, que puede ser en el cuerpo o en la cabeza para ayudar a hundir rápido en la corriente. Al ser más recolectoras y oportunistas que rápidas cazadoras, la velocidad del estripeo puede ser más lenta y suave que cuando buscamos una trucha.
Dimos por terminada una productiva jornada en el Traful con unas cuantas capturas por caña, en un marco de singular encanto natural para dirigirnos a San Martín de los Andes a planificar nuestra segunda jornada con Nahuel y José Luis Moral.

La idea original sería pescar el lago Filo Hua Hum desde el bote para acceder a los paredones de la costa norte. En este espejo no está permitida la navegación a motor, por lo que para surcar sus aguas se deben usar botes o balsas a remo o belly boats. Lo ideal es hacerlo en días no demasiado ventosos, pero a pesar de que llegamos temprano remolcando el dift boat (bote tipo McKenzie) de Nahuel, el dios Éolo tuvo otros planes para nosotros. Con el lago lleno de corderitos o más bien carneritos, resolvimos –a la fuerza– intentar la pesca de orilla y al vadeo. Para eso nos encaminamos al sector de la boca del río Filo Hua Hum en el lago homónimo y empezamos a prospectar las bahías aledañas tanto con líneas de flote como de hundimiento. Si bien no se notaba demasiada actividad en superficie, esa parte del lago estaba reparada del ventarrón y cada tanto subía alguna trucha.
Al final de la jornada
Es habitual que en esta época y en esos sectores, en las últimas horas del día se produzcan interesantes eclosiones, pero eso no quita que logremos convencer a alguna trucha fuera de ese horario pico de piques. Estábamos con cañas # 6, líneas de flote y de hundimiento, en las de flote con líderes de 7 a 8 pies probando con moscas medianas y grandes de foam (Hoopers, Tarántulas, Chernobyl Ant, Fat Albert) y otras cómo Stimulator, Royal Wulf, Elk Hair Caddis y Adams Parachute, precisamente con esta última Nahuel capturó la mejor arcoíris del día. Y en las líneas de hundimiento con moscas tipo streamers montadas en anzuelos #4, #6 y #8 lastradas (con cabezas metálicas, ojos de cadena, o simplemente con alambre de plomo enrollado en la pata del anzuelo al momento de atarlas), con líderes del orden de los de 5 pies (1 pie = 0,3048 m) que arrastren la mosca mejor hacia la profundidad. Hay muchas páncoras en este lago y utilizar moscas que simulen en tamaño y tonalidad a estos crustáceos es una forma de conseguir medirse con una trucha adulta.

Cumplida una faena más que aceptable en el Filo, de regreso a San Martín hicimos una parada de última hora en el lago Meliquina donde, en proximidades de la boca del Hermoso pudimos capturar un salmón encerrado, característico de esta cuenca, pequeño pero dinámico y combativo. Un buen cierre para este capítulo Neuquino de nuestro viaje al sur. Este sur que nos sigue sorprendiendo y maravillando con cada nuevo rincón, con cada curva de río, con esas cumbres originadas por antiquísimos plegamientos y erupciones, y labradas a lo largo de los milenios por aguas y vientos.
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