Jueves 6 de agosto de 2020
CAZA | 31-07-2020 11:02

Caza de palomas: ¿por qué es un tiro poco preciado por los argentinos?

Las palomas son plaga, sin embargo, en nuestro país la mayoría de los cazadores no las tiene casi en cuenta. Cuáles son los motivos y por qué sí deberíamos ir tras ellas, aprovechando que su temporada está abierta todo el año.
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La paloma es una de las plagas más importantes en casi todo el territorio nacional en particular, y en el mundo en general. Se trata de un ave que posee velocidad de vuelo, rápida maniobra, tres anidadas por año con dos huevos cada una y es transmisora de enfermedades en las ciudades. Algunas razas se orientan por los campos magnéticos de la tierra, pero no solo eso: cuentan también con una gran visión, en especial de colores brillantes, tanto que la guardia costera estadounidenses realizó el “Project Sea Hunt”, el mejor sistema de búsqueda diurna experimental según los resultados.

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Los ensayos se hicieron en los años ‘70 y ‘80, equipando un helicóptero con tres ejemplares ubicados en un espacio vidriado debajo de la cabina principal de la nave, de forma que su arco de visión pudiera cubrir 360°, para que detectaran objetos flotantes. El resultado fue que las palomas idnetificaron el 93 % de ellos y, el ojo humano, 38 . Se dice también que su inteligencia está más desarrollada que en otras aves y que no tiene depredador natural porque en algunos casos es una especie exótica. De ahí que casi la única posibilidad de control de esta plaga es la caza, aunque a pocos cazadores argentinos les atrae las palomas, no así a los extranjeros: españoles, italianos, ingleses, americanos y chilenos se extasían por ese tipo de cacerías debido a la cantidad de ejemplares que hay en distintas provincias de la Argentina (montera, torcaza y otras) visitando anualmente cotos y guías de caza con servicio premium y dejando mucho dinero en el país: cada cazador aporta unos U$S 2.400 solo de guías por cuatro días de caza, en algunos casos hay que sumar cartuchos extra más otros servicios y aportes al turismo, que duplican ese valor por persona. Los cotos mayormente entregan las escopetas y cartuchos para evitar al tirador el engorroso papeleo de aduana para transportar el arma desde origen.

Costos de caza en nuestro país

El costo enunciado es privativo para la mayoría de los tiradores argentinos, aunque un guía de caza interno cobra entre $ 4.000 y $ 10.000 por día, tarifas a las que hay que sumarle traslados, comida y cartuchos (unos $ 1.000 a $ 1.500 la caja de 25, según sean nacionales o importados), que en una cacería tranquila cada tirador puede consumir entre 1.000 y 2.000 unidades. ¿Calibre? No hace diferencia a los costos y sirven todos: 28, 20, 16 y 12/70, pero las escopetas más adecuadas son semiautomáticas del 20 (cartuchos de 26 o 28 g) o 12/70 (28, 32 o 36 g) con munición 7 u 8 sin viento, o 5 a 7 si es que lo hay.

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Tengamos en cuenta que la paloma vuela a una velocidad de entre 60 y 80 km/h, según la especie, y que su plumaje es más ligero que el del pato, más similar a la perdiz. Sin embargo, el vuelo de la paloma es engañoso, pues parece más lento de lo que en realidad es, por esto el mayor yerro de los tiradores es quedarse atrás el tiro. La técnica correcta  es medir rápidamente la distancia y pasar a la paloma para lograr un acierto. Considerando que vuela a unos 20 o 30 m de altura, es aconsejable camuflarse en los sembradíos donde ella desciende para comer, por lo general, cultivos de sorgo, mijo, maíz, girasol y otros granos, etc.
Las pérdidas que provocan en las cosechas rondan en el orden del 25 al 30 %, de ahí que muchos dueños de campos quieran erradicarla. Y acá un dato: erradicarla no significa tirarla a la basura, porque la carne es comestible. Podemos discutir si más blanda, como en el caso de la torcaza, o más dura si es una montera. Pero el estofado de polenta con paloma o pajarito fue un clásico de muchos de nuestros abuelos cazadores italianos y españoles, herencia que legamos varios de los que hoy peinamos canas.

Por qué no son preferidas

Volviendo a la disciplina, podemos decir que la caza de la paloma es un tiro muy deportivo, difícil y caro por la cantidad de cartuchos que se disparan y por la poca efectividad que el cazador puede llegar a tener los días de viento. A criterio de un deportista de la especialidad como Miguel Larotonda, los argentinos no cazamos paloma porque: 1) no está en nuestra sangre a pesar de descender de europeos que sí lo disfrutan; 2) es más caro por la cantidad de cartuchos necesarios (para 10 perdices usamos entre 10 y 15 cartuchos; para 10 palomas, a veces, más de 30), además de que no las comemos porque su carne es dura, razón principal por la que elegimos no cazarlas.

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También están aquellos a los que nunca se les ocurrió tirarle, básicamente porque empezaron cazando con aire comprimido y en esta instancia superadora consideran que tirarle con escopeta es como un regreso a la adolescencia. Si sirve de consuelo, en nuestro país algunos biólogos llaman a la paloma “rata del aire”, debido a las enfermedades que puede transmitir. Pensemos también que es una especie declarada plaga. Si nos ceñimos a lo estrictamente deportivo, cazar palomas al vuelo no es nada fácil. La actividad esta abierta todo el año, y ante la no habilitación de la temporada de perdices y liebres en Buenos Aires, conforma una buena alternativa –y excusa– para salir al campo cuando la cuarentena por el coronavirus acabe y el Gobierno lo permita.

 

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Horacio Gallo

Horacio Gallo

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