Lunes 2 de agosto de 2021
ARMAS | 15-03-2021 14:00

La curiosa historia de los cosacos de Hitler

Si bien la mayoría de ellos defendieron su patria, algunos no estaban dispuestos a enterrar el hacha con las autoridades soviéticas. Con sed de vengarse de los bolcheviques y soñando con la independencia política, algunos cosacos se unieron al bando alemán.
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El avance del ejército nazi y la creciente sensación de que Hitler terminaría ganando la Segunda Guerra Mundial fueron algunos de los factores decisivos que llevaron a que los lideres cosacos decidiesen arriesgar sus vidas entregándose a los alemanes.

Fue así que con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y frente al odio y temor generalizado ante la figura de Stalin, algunos líderes cosacos, entre ellos, Pyotr Krasnov y Andrei Shkur, comenzaron a realizar un llamado a todos los cosacos con el objetivo de que se unieran a pelear contra los comunistas, bajo el comando del General Aleman Helmuth von Pannwitz

La primera deserción importante de soldados del Ejército Rojo al lado alemán fue la unidad Cosaca n° 436 de Infantería, comandada por el mayor Iván Nikitick Kononov, quienes se alistaron en aquel momento para huir de las espantosas condiciones imperantes en los campos de concentración, otros por puro oportunismo y muchos por auténtico odio al estalinismo.

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Para 1942 se habían logrado reclutar alrededor de 12.0000 cosacos, formando sus propias unidades cosacas llamadas Kosakenlager que integraban la Wehrmacht y la SS, las cuales fueron dotadas con sus propios uniformes, armas y equipos.

En ese mismo año, Alemania estableció un centro militar cosaco en la ciudad de Slavuta; llegando a formar siete regimientos, los cuales fueron inmediatamente enviados para luchar contra los partisanos en Bielorrusia, Ucrania y Yugoslavia.

Cuando la derrota era inevitable, los restos de las formaciones cosacas, bajo el liderazgo del mayor general alemán Helmuth von Pannwitz, atravesaron los Alpes para escapar del avance del Ejército Rojo, para finalmente rendirse frente a los británicos.

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Sin embargo, para febrero de 1945 el destino de los cosacos ya se había decidido en Yalta, cuando el primer ministro británico Winston Churchill, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt y el mariscal ruso Josef Stalin se reunieron para decidir sobre las cuestiones finales pendientes de la guerra en Europa y la repatriación reciproca de los prisioneros de guerra.

Sin embargo, una gran tragedia ocurrió el primero de junio de 1945, cuando los ingleses decidieron entregar al Ejército Rojo unos 32.000 cosacos que se encontraban viviendo en Alemania y Austria, que luego fueron trasladados a Rusia, donde terminaron muriendo finalmente en campos de concentración de Siberia.

Por cierto, la historia es escrita por los vencedores, por lo que es importante recordar a aquellos que pelearon por sus familias o sus ideales, ya sea bajo una bandera que ahora se considera equivocada, honorable o justa.

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Laura Trípodi

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