Jueves 13 de agosto de 2020
4X4 | 20-01-2020 12:57

Así fue el primer raid 4x4 sustentable de la Argentina

Las dunas del Nihuil, en Mendoza, fueron el escenario de un evento único. Dos días de aventura todo terrero y un confortable campamento alejado de todo.
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Faraónica. Así parecía la propuesta que José Mujica –reconocido organizador de travesías 4x4– intentaba llevar adelante: un campamento off road en las dunas del Nihuil, Mendoza, a nueve kilómetros del poblado más cercano. “Va a tener luz eléctrica –garantizó–, agua potable, baños, comedor, un bar... La gente va a poder cabalgar, hacer sandboard y, por supuesto, realizar travesías y aprender técnicas de conducción 4x4. Cuando llega al lugar, cada uno arma su carpa y comienza a disfrutar. Pero eso no es todo: será el primer campamento off road sustentable del país, porque si no empezamos a cuidar el medioambiente, va a llegar un momento en que no podremos realizar más travesías. No es posible que haya gente que transite por donde quiera destruyendo todo a su paso. Y no estoy presuponiendo: lo vi, me consta y circula por las redes. No quiero más eso. Por eso a partir de ahora las travesías deben ser sustentables, y esta será la primera con estas características que se hará en la Argentina”.

Tres meses antes de que se hiciera realidad, la idea y la planimetría parecían imposibles. Pero del dicho al hecho... Unas 60 camionetas y 150 personas participaron del Raid del Nihuil que se realizó del 16 al 18 de noviembre. ¡Sorprendente convocatoria! Cuando llegamos encontramos un oasis en medio del desierto. Tal como el organizador lo había imaginado: electricidad, bebidas frescas, servicio de gastronomía, puestos de venta de equipamiento, duchas solares, stand de inflado y reparación de cubiertas ¡en medio de la nada! Y muchas carpas ya armadas con sus ocupantes disfrutando del sol matinal. Al mejor reparo del viento levantamos nuestro campamento y fuimos por unas hamburguesas antes de rumbear hacia las dunas a bordo de la 4x4.

Bajo la carpa araña que proporcionaba la única sombra en decenas de kilómetros a la redonda, el clima era de camaradería pura. Reencuentro con gente de travesías anteriores, disquisiciones técnicas especializadas, relatos aventureros... Una gran familia de parientes off road con viejos y nuevos integrantes sentados a la mesa en cómodos livings, que se sentían como si toda la vida hubieran formado parte de este mismo –y único– árbol genealógico. Entre ellos, varios chilenos –país invitado al raid– que habían cruzado la frontera para sumarse a la adrenalina que propone esta parte de la geografía mendocina: un desierto formado por sedimentos de arena volcánica de unas 30.000 hectáreas de superficie, con dunas que alcanzan los 200 m de altura a los 1.325 msnm, y donde en verano la temperatura supera los 50 ºC.

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Charla técnica

“Quienes vinieron a otras travesías ya lo saben –comenzó Mujica su introducción–, todos somos un equipo, una familia que viene a pasarla bien, a divertirse, a buscar adrenalina controlada, segura. Por eso nadie avanza solo ni debe quedar solo en la arena. Marchamos en travesía, siempre observando a quien tenemos adelante y atrás. Si por la circunstancia que fuera no vemos al de atrás, nos detenemos para que no se pierda. Eso es fundamental. Y, en caso de que ello ocurra, la camioneta que se desorientó detiene su andar o regresa hasta el último punto de reunión y llama por la radio VHF, así podemos ir a buscarla. Una cosa más: "el nuevo concepto que nace en mis proyectos a partir de hoy es el de sustentabilidad. No podemos ir por cualquier lado, romper zonas vírgenes ni dejar basura. Solo abrimos otra huella cuando por aquella por la que transitamos no da más y atenta contra nuestra pasada. El resto de los detalles se los explico mientras formamos una fila con las camionetas, así partimos. Todos bajen la presión de las cubiertas a 12 libras (el calor las va a llevar a 18) y arranquemos”.

La fila parecía interminable y serpenteaba entre las dunas sin dificultad. Pero enseguida llegaron las buscadas complicaciones: trepadas donde pasaban cuatro, cinco... y el sexto ya quedaba arando en la arena. Pendientes interminables que desde la cabina parecían inclinadas 90 grados... “Estas se toman en primera de baja sin tocar el freno –acotaba Mujica–. En cuanto sentimos que la parte de atrás de la camioneta se va hacia un lado o el otro, acariciamos el acelerador para corregir el desvío, pero el freno no lo pisamos jamás”. El trabajo en equipo ayudó a que más de uno sorteara los obstáculos a través de eslingas y consejos, no sin sobresaltos: un destalonamiento o alguna clavada de trompa sin mayores consecuencias le pusieron picante a la salida.

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Así fueron transcurriendo las horas hasta que regresamos al campamento casi con la puesta del sol, y minutos antes de que todo se iluminara con la energía proveniente de grupos electrógenos. Momento ideal tanto para matear como para un vermut, para cabalgar o hacer sandboard, para analizar maniobras y rememorar historias de la jornada, mientras los costillares de asado lentamente iban dorándose sobre las espadas estaqueadas en la tierra que los parrilleros –más tarde– complementaron con abundantes achuras y ensaladas. Quienes resistieron hasta bien entrada la madrugada disfrutaron del desértico silencio comatoso, y de un cielo increíblemente estrellado que en el horizonte se fundía sobre en el oscuro perfil de las dunas. Era un privilegio ser parte de ese solitario paisaje durante una noche que no podía haber sido más diáfana.

Según el plan, un desayuno recién elaborado aguardaría a primera hora de la mañana. Y el aroma a pan tostado delató que ya había amanecido. Me sorprendió el desfile de familias con sus bandejas en busca de café, dulces, manteca, cereales y galletitas... Había convivido con ellos la jornada anterior sin reparar en la cantidad de mujeres y niños que disfrutan de la adrenalina del off road en tierras donde los datos móviles de Internet parecen cosa de otro planeta.

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Acto seguido, puesta a punto de vehículos, organización del campamento y, sobre el filo del mediodía, suculenta picada para encarar la travesía hasta la puesta del sol sobre la orilla del embalse El Nihuil, rematada con chivito al asador en el campamento. Dos días intensos de manejar contra del instinto y la gravedad –esa es la clave en la arena– en un formato de evento único en la Argentina, y que Mujica repetirá en marzo, en modalidad de expedición, en la Meseta de Somuncurá, Río Negro.

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Marcelo Ferro

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