Nueva York: guía para principiantes

Hay mucho para ver en un tiempo limitado, que nunca es suficiente. Una guía sencilla para debutantes, con los clásicos imperdibles de la ciudad de las películas. Imperdible galería de imágenes.

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Central Park [ Ver fotogalería ]

La Gran Manzana es un universo inagotable de itinerarios típicos, aleatorios, desconocidos, sorprendentes. Museos, parques, edificios fotogénicos para una selfie, vistas del skyline, paseos por aire, tierra o río y los puentes que conocimos en las escenas inolvidables del cine, atiborran la lista de paradas obligatorias. Manhattan tiene la particularidad de ser 100 % abordable a pie, y esa excursión regala las mejores vistas y experiencias sin gastar un solo dólar. Música callejera, cine al aire libre, pistas de patinaje gratuitas, street art y la infinita libertad y belleza que define el ADN de la ciudad se descubren sin planificar. Sin embargo, hay una lista de postas turísticas clásicas que hay que priorizar conocer –sí, a pesar de las filas– y otros datos para tener en cuenta, atacando la ciudad que nunca duerme con el mapa en la mano.

Qué hacer el primer día

La mejor manera de conectar con el destino es permitirse una sobredosis de escenarios típicos. Caminar hacia el Midtown y ver brillar los neones de Times Square es terminar de desembarcar en Nueva York. En el cruce de las esquinas más famosas del mundo convergen miles de culturas, de idiomas y de canciones en un espectáculo imposible de reproducir en ningún otro rincón del planeta.
Desde allí, hay que seguir en dirección a la 6ta Avenida y avanzar entre los rascacielos hasta Radio City Music Hall, entrar al Rockefeller Center y recorrer sin apuro la pista de hielo, el Lego Store, y la tienda de merchandising de los shows favoritos de la NBC. Desde allí, tomar la paquetísima 5ta Avenida en dirección al norte, entrar a pedir favores en la imponente St. Patrick Cathedral, perderse en las tiendas esplendorosas –están las de lujo pero también las accesibles Zara, Banana Republic, Gap, H&M, Uniqlo– que arrancan suspiros de las mujeres de todas las edades. Los irreverentes harán alguna foto que subirán a Instagram con epígrafe controvertido en la Trump Tower. Las románticas imitarán a Audrey Hepburn frente a las vidrieras de Tiffany. Al llegar a la 60th, habrá que decidir qué ver primero: el coqueto Plaza Hotel o, cruzando la 5ta, el edificio con forma de cubo transparente que encierra la sucursal más famosa del Apple Store, una parada necesaria para disponer de wi-fi libre y rápida.

Ahí mismo comienza el Central Park. Hay que sumergirse caminando, cruzar sus puentes, jugar con las ardillas y meterse en esos caminitos mínimos que suben y bajan sin tener la menor idea de donde desembocan. Tiene zoológico, un castillo con mirador, la pista de patinaje, estatuas doradas que encierran historias y, además, es vecino de los museos más importantes de la ciudad. Uno de los puntos más concurridos es Strawberry Fields, frente al edificio Dakota donde mataron a John Lennon, con una particular atmósfera musical y de profundo respeto, en donde siempre hay alguien tocando una guitarra y cantando sus canciones. Frente al lago, un Le Pain Quotidien al paso es ideal para comprar una bague-tte e improvisar un picnic.

Los highlights son gratuitos

Grand Central Station (www.grandcentralterminal.com) es una terminal de trenes donde circulan más de 500.000 personas por día. Una obra arquitectónica de belleza invaluable, que también maravilla por la pulcritud y el orden. Tiene una galería de tiendas, un mercado boutique y un patio de comidas donde encontrar cupcakes, ostras, hamburguesas, pescado y cheesecakes de las tiendas más tradicionales de la ciudad.
La New York Public Library (www.nypl.org) se puede recorrer en forma particular o en visitas guiadas. Además de sus cielorrasos extraordinarios, que son verdaderas obras de arte, y las salas de lectura, es imperdible la tienda de regalos con mapas, ediciones de lujo de libros clásicos, rompecabezas y suvenires para lectores. Detrás, Bryant Park, uno de los pulmones favoritos de la isla, tiene pista de hielo gratuita en invierno y ciclos de cine al aire libre en verano.

Al oeste, una de las mejores vistas del río Hudson se alcanza desde el High Line (www.thehighline.org), un jovencísimo parque lineal de dos kilómetros de extensión, construido hace poco más de una década sobre las antiguas vías del ferrocarril. Tiene varios accesos a lo largo de la Décima Avenida, desde Gansevoort Street hasta la 34. Ofrece una panorámica única hacia el mural El Beso, del artista brasileño Kobra, y sectores para tomar sol, descansar o tomar un café.

Los museos son de las joyas más preciadas de Nueva York y una visita imprescindible para los amantes del arte y la cultura. La buena noticia es que el MoMA (www.moma.org), los días viernes tiene un programa de noches gratuitas de 4 a 8 pm. Un dato: hay que ir sin mochilas grandes ni bolsas para no perder tiempo haciendo fila en el guardarropas, ya que solamente se puede entrar con una cartera chica. La aplicación móvil del museo ofrece audio tours en varios idiomas para optimizar el recorrido (quienes no tengan su smartphone o tablet, pueden pedir una prestada en el área de admisión). La tienda de regalos es espectacular. El Met (www.metmuseum.org) tiene todos los días el sistema de pago PWYW “pay what you wish”. Si bien hay un precio de entrada sugerido, cada uno deja en el acceso el aporte que considere. Es muy importante hacerse de un mapa y priorizar las obras a visitar, ya que es inabarcable para recorrerlo en una sola visita.

Brooklyn, la nueva Nueva York

El antiguo distrito industrial con bríos marginales, es hoy uno de los órganos vitales del estado de Nueva York. El barrio de DUMBO –acrónimo de Down Under the Manhattan Bridge Overpass– se ubica en el espacio definido por la bajada de los puentes de Brooklyn y de Manhattan. Además de ofrecer una de las mejores vistas del skyline, es un verdadero polo artístico, gastronómico y cultural del otro lado del East River que merece una expedición desde la isla. Librerías, galerías de arte, ferias gastronómicas y mercados vintage, tiendas de decoración y de diseño y cafeterías encantadoras para sentarse a
disfrutar de un buen libro o de ver a los vecinos pasar.
En la esquina de Front y Pearl está la tienda de Natchie, la australiana que llegó a la ciudad persiguiendo su sueño de ser cantante de jazz. En su local, de algún parlante suenan melodías que ella canta mientras pinta sus canciones con lápices de colores. Las imágenes se multiplican en cuadros, tazas, almohadones, cuadernos. A pocas cuadras, The River Café, uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad, en un escenario encantador sobre el río y bajo el puente. En Main Street Park y Brooklyn Bridge Park está el bellísimo Jane’s Carousel y una perspectiva única de los dos puentes fugándose desde Manhattan (www.brooklynbridgepark.org/)
El mejor programa es llegar hasta DUMBO en subte (a través de la línea F hasta la estación York) o atravesando el puente en bici. A la hora de regresar, es imperdible cruzar el Brooklyn Bridge caminando. El espectáculo de ver agrandarse el perfil de los rascacielos del Downtown y avanzar sobre el río con vista a la Estatua de la Libertad es otra de las maravillas más alucinantes, que se disfruta sin pagar un centavo. Aún queda mucho más, pero lograr todo esto ya es mucho más que un gran comienzo.

Nota completa publicada en revista Weekend 538, julio 2017.

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