Thursday 25 de July de 2024
PESCA | 16-06-2024 10:00

Truchas en Chubut: inteligencia artificial

Con motivo de la 35° Fiesta Nacional de la Trucha, viajamos a la Patagonia chubutense, donde aprovechamos a relevar ámbitos como el lago Futalaufquen, el lago Verde y el río Arrayanes. Estrategias, lugares, equipos y moscas para dar con las truchas silvestres a la entrada del invierno.
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Las truchas son muy inteligentes, se escucha seguido. Si no hacemos todo bien, enseguida se dan cuenta del engaño y de la trampa que los pescadores pretendemos tenderles. En épocas en las que está tan en boga la inteligencia artificial, podemos afirmar que la supuesta inteligencia de las truchas es también artificial, pero en otro sentido. Se trata de un pez que vive en un medio de transparencia absoluta, con predadores que la acechan desde que sale de la ova. Sanguijuelas, crustáceos, otros peces, y hasta truchas de su propia especie y de otras; aves ictiófagas, rapaces, batracios, hurones y demás predadores. Todo la asusta, la advierte y la tiene con sus sentidos en alerta absoluta y permanente. La pesca con devolución le ha sumado experiencias. Una trucha adulta posiblemente haya sido capturada y devuelta más de una vez. Eso, además de su recelo natural, le agrega cierta educación o memoria de reflejos condicionados Pavlovianos. Por eso decimos que la inteligencia de las truchas tiene bastante de artificial más que de una verdadera inteligencia. 

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No obstante lo cual, como pescadores debemos intentar superar todos esos obstáculos, alertas, recelos, miedos, reflejos y precauciones –inteligentes o no– para poder seducirlas y capturarlas. Truchas que exigirán bastante dedicación, conocimiento, astucia e intuición para derribar todas esas barreras que se interponen entre pescador y pez. 
Viajamos a Chubut, esta vez invitados a la edición N° 35 de la Fiesta Nacional de la Trucha, un evento de gran repercusión entre los pescadores que volvió a la provincia después de 14 años.  Y, ya que estábamos allí, cómo no aprovechar a pescar en sus ámbitos antes que cerrara la temporada. De todas maneras, este relevamiento cobra un valor especial porque hay algunos ambientes que permanecen abiertos todo el año para la pesca deportiva. 

Lago Futalaufquen

Uno de ellos es el lago Futalaufquen, al que abordamos con Jerónimo Cantón y Fernando Bonfanti como guías. Para arrancar armamos equipos #6 con líneas de hundimiento. Partimos de Punta Mattos y, tras una corta navegación, comenzamos los intentos con líneas de hundimiento y estrímeres. El agua serena permitía ver el fondo y lanzar desde el bote hacia esas orillas accidentadas. Lugares que habitualmente patrullan las truchas en busca de alimento. Las primeras en interesarse fueron arcoíris medianas. Como el agua estaba bastante fría, descartamos las moscas de natación más activa y pusimos en juego estrímeres de conejo o de pluma marabou como Zonker, Woolly Bugger y Marabou Muddler, todas moscas confeccionadas con materiales que se mueven con ductilidad y realismo en el agua mansa. Tres arcoíris y un par de marrones fue el saldo de la mañana. Y a la tarde hicimos una faena similar, ninguna flaca ni chica –todas piezas razonablemente buenas para este espejo– hasta que el viento complicó las cosas y resolvimos dar por terminada la jornada. 

Lago Verde

El lago Verde es un eslabón más en una interesante cadena de espejos y cursos, en una de las cuencas más atractivas de la cordillera chubutense. Recibe aguas del célebre río Rivadavia y desagua por el Arrayanes, otro magnífico curso. No es un espejo grande, tiene un ancho máximo de unos 800 metros y un largo de algo más de 2,5 km. Alberga truchas residentes y migrantes de excelente calidad. Arcoíris en su gran mayoría, aunque también puede tener algunas fontinalis y marrones que resultan notables. En nuestro caso, lo recorrimos a remo en dos botes.

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Las truchas pueden moverse por todo ese lago, pero hay sitios clave donde hay mayor chance de encontrarlas: bocas de ríos y arroyos que pueden traer comida y oxígeno. Juncales con todo su ecosistema de insectos, refugio de peces menores y alevinos. Drop offs o veriles en donde los peces encuentran cobijo y alimento. Paredones a pique de donde pueden caer insectos y otros bichitos. Orillas con raigones, troncos sumergidos y desplayados con grava, arena o piedras, donde el oleaje agita fondos y descubre pequeños organismos. 
En nuestro caso pescamos muy bien la costa este, desde El Aura hasta la boca del Arrayanes, con líneas de hundimiento y estrímeres cómo Muddy Buddy y Striptease entre las más efectivas (esta última con una muy buena silueta merced al pelo de conejo cross cut). Los lugares que mejor rindieron en portes fueron los paredones que caen a pique en cercanías de la boca del río Arrayanes, con una arcoíris gorda y tres truchas marrones. Dos muy buenas, la tercera más larga aunque algo flaca. 

Río Arrayanes

De una belleza notable, nace en el lago Verde y tiene un recorrido total de no más de 5 km hasta desaguar en el lago Futalaufquen. Un río corto, encajonado, profundo y de costas escarpadas con mucha vegetación y troncos sumergidos. No presenta correderas y sí interesantes remansos donde se arremolina el alimento y las truchas encuentran chances de comida fácil siguiendo las características líneas de espuma y resaca que se forman –líneas de comida–, por debajo de las cuales los peces se mantienen atentos. Incluso se pueden emplear líneas de flote y moscas secas para tentarlas en estos lugares del río. Con las mismas líneas de flote se puede pasear un estrímer y hasta colgar una ninfa en esas aguas de corriente lenta y arremansada. La variedad de moscas a utilizar abarca un amplio espectro: estrímeres lastrados y sin lastrar, ninfas articuladas grandes o con patitas de goma (rubber legs) y variedad de secas. La mejor trucha de este relevamiento se dio en este río, casi sobre la boca en el Futalaufquen, una soberbia marrón. 

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Charlábamos con Jerónimo, mientras remábamos de regreso bajo la lluvia, que tal vez habría que replantearse el esquema de temporadas y vedas. Una especie tan arraigada y adaptada a nuestras aguas sureñas como es la trucha, no corre peligro de desaparecer ante la presión de la pesca deportiva –no extractiva– con reglas y normas, aún en épocas de reproducción y fresa, solo habría que resguardar y vedar camas y sitios de desove. De esta manera, además de extender la posibilidad de pesca para los aficionados, se mantiene la presencia deportiva en los pesqueros y se dificulta el furtivismo. Daño por daño, creemos que puede ser preferible tener turismo deportivo cuidadoso, guardapescas y actividad humana responsable en los ambientes, que liberarles el camino a depredadores. También las épocas ahora vedadas pueden sumar fuente de trabajo e ingresos a guías y prestadores, captando pescadores entre esquiadores, turistas invernales o viajeros ocasionales. A veces, mejor que vedar y prohibir es empezar a pensar en otra forma de manejar el recurso. Según Shopenhauer: “Toda nueva verdad pasa por tres etapas. Primero es ridiculizada, luego es violentamente rechazada y finalmente es aceptada como evidente por sí misma”. Arrancamos esta nota haciendo referencia a la inteligencia artificial, apelando en este caso a que la inteligencia natural nos ayude a pensar en favor de la pesca deportiva, estudiar alternativas y profundizar sobre estos temas.  

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Alejandro Inzaurraga

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