Lunes 15 de agosto de 2022
PESCA | 16-12-2017 08:40

Variada en un río presidencial

El expresidente norteamericano Teodoro Roosevelt fue el primero que lo recorrió y puso en el mapa de Brasil. Por eso, lleva su nombre. Excelentes paisajes, gran atención en la posada y una pesca muy variada con señuelos. Galería de imágenes.
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Estoy parado frente al lugar donde terminó todo. Veo la cercana desembocadura del río Roosevelt sobre el río Aripuaná y no puedo dejar de pensar en ese durísimo viaje de varios meses en que el expresidente norteamericano se embarcó con el explorador brasileño Cándido Rondon para recorrer un río que no se sabía hacia dónde iba y, por eso, se lo conocía como Río de la Duda.

Un guía asesinado, otro ahogado y otro abandonado en la selva, ataques de indios e insectos, canoas hundidas con provisiones y una enfermedad que hizo pensar que el viejo Teodoro se moriría fueron algunos de los condimentos de ese viaje tan bien contado por Candice Millard en el libro que leí varias veces.

Cuando pescamos seis días en estos dos ríos atisbé algo de lo que debió haber sido esa aventura en 1914. Conozco unos diez ríos amazónicos y pocos son tan accidentados y bellos como estos. Especialmente, el Roosevelt tiene de todo: lagunas, correderas, playas, piedras, canales, saltos, cascadas… Precisamente hasta una de ellas llegamos con el bote de aluminio de la posada Amazon Roosevelt, nuestro centro de operación. Al toparnos con la cachoeira, como la llaman en Brasil, caminamos entre las piedras río arriba, donde con otro bote similar y motor eléctrico pescamos en este mundo de piedras llamado Samauma, uno de los sitios más duros que Roosevelt atravesó y registró en su mapa de puño y letra.

Los dos grandes

En este y otros accidentes de estos cursos que bajan hacia el río Madera y, de ahí, al Amazonas, aguas abajo de Manaos, solo nos dedicamos a nuestra pesca favorita, el baitcast. En el techo de lo obtenido destaco un aruaná de seis kilos y medio, tamaño que nunca antes había visto. Lo sacó mi compañero Mario Campanella lanzando hacia un charco que desaguaba en el río con un señuelo de subsuperficie. El ataque fue muy rápido y la pelea, digna de un rival al que devolvimos pronto a su medio.

En el podio están también las varias bicudas. Este es el pez más rápido del Amazonas. No es extraño que lo veamos pasar como un rayo para cazar el señuelo o que pique y salga disparado, incluso, nadando hacia nosotros y cruzando bajo el bote. En un sector de piedras donde el río se angostaba y caía en franca cascada, Mario capturó un hermoso ejemplar de más de 1 metro de largo, grueso y muy saltador. En otras zonas de mucha correntada, yo saqué también un par que superaban los 2 kilos de peso. Es uno de los peces que más cuesta clavar, por su boca dura y angosta. Incluso suele librarse fácilmente de los triples en esas raudas corridas y saltos. Otra de las especies que capturamos en este viaje es la cachorra grande.

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Más saltarines

Paramos a almorzar aguas abajo por el Aripuaná, como unos 45 minutos pasando la balsa de la carretera Transamazónica. Mientras los guías preparaban la comida, Mario me advirtió que, aguas abajo de una cascada, un gran pez le había seguido el señuelo sin tomárselo. Coloqué un minnow 10 de paleta intermedia, cargué mi caja y caminé entre las piedras un centenar de metros. En el tercer lanzamiento, una hermosa cachorra picó con su clásico toque rápido. Luego de la clavada llegaron los saltos plateados y un atractivo animal de unos 5 kilos. Unos 20 metros más abajo barrí otro sector de piedras y pude lograr otra cachorra, pez similar a nuestro chafalote, pero más grande. Esta pesaba unos 4 kilos. El secreto era sentir que el señuelo viniera trabajando. Si lo pasaba de vueltas empezaba a girar y no operaba bien. Si lo recogía muy despacio quedaba sin acción, a merced de la velocidad de la correntada. Dos hermosos ejemplares similares a los anteriores coronaron ese rato de espera antes de comer.

Los tucunarés ocupan también un lugar en esta lista. Sacamos varios de hasta 3 kilos con la habitual furia que los caracteriza al tomar el señuelo. El ataque es veloz y potente. Abren la boca abalanzándose sobre el artificial y succionándolo con tal fuerza que muchas veces te sacan la caña de la mano. A propósito, hay que tener bien regulado el freno de salida de línea: si está muy apretado es posible que la caña, mayormente de hasta 17 o 20 libras (1 libra: 453,592 gramos), sea el fusible y se quiebre. Si está muy suelto, el cañazo no clavará. El consejo es que empiece a salir línea cuando la caña se arquee hasta los dos tercios de sus posibilidades, aproximadamente.

Sacamos tucunarés tanto en zonas de aguas rápidas, donde la corriente aumentaba la potencia de las bestias, como en la laguna Chapel, a la que se llega luego de remontar el río Guariba, un afluente del Roosevelt. La laguna no se ve desde el río porque, como suele ser común en esta zona, las márgenes son barrancosas, y la selva, muy alta y tupida. Pero los guías de la posada saben ubicar estos pesqueros.

Dejamos el bote en una playada para atravesar la floresta y encontrarnos, a unos 500 metros, otro bote ya preparado para recorrer esta laguna, aparentemente un brazo de un río cerrado. Luego de pescarla exhaustivamente no encontramos los tucunarés hasta que, en el final de uno de los numerosos brazos, empezaron los piques: en superficie y de respetables tucunarés de 2 a 3 kilos. Por alguna razón estaban todos juntos en esta bahía y fue una fiesta.

Siempre arriba

En estos ríos tratamos de aprovechar al máximo un privilegio: pescar en superficie. Para ello utilizamos distintos tipos de señuelos. En esta salida los que más rindieron fueron los paseantes, recogidos a diferentes velocidades dependiendo de la correntada. Los tamaños normales y juniors rindieron bien por igual, y los colores hueso y verde claro, los más descollantes. Para que trabajen bien hay que mover la caña con pequeños toques, como si martilláramos.

Los señuelos de subsuperficie actúan unos centímetros hundidos y son más sencillos de recoger, ya que apenas se les da unos golpecitos a la caña para que amplíen el ancho de su andar errático o lo hagan más breve, más cerrado. Es una pesca más descansada pero también muy visual porque, generalmente, puede verse el ataque de los peces. Aún más reposada, ideal para las horas del día en que estamos más cansados, es la pesca con señuelos de paleta corta y no más de 9 centímetros. Su acción se produce con solo recoger. Y en los lugares de mayor correntada, sin ser exagerada, trabajan bien. Todas las especies citadas los toman sin problemas.

Para el recambio de señuelos hay que tomar en cuenta que el snap o mosquetón sea fuerte, pero no tanto como para que no se abra. Me gustan los snap de enhebrar, pero algunos tienen muy poca apertura y, por tanto, cuesta mucho enganchar los señuelos de pitón grueso o los que lo tienen metido en la concavidad frontal. Otro factor importante para este recambio constante es regular el freno de salida del reel rotativo cuando el peso del señuelo electo es muy diferente del que se deja de usar. Siempre conviene empezar con un mayor ajuste para ir liberándolo, de modo de evitar la galleta pero no quedarse corto en los tiros.

La confluencia de los ríos Roosevelt y Aripuaná es rica en pesqueros. Para los amantes de los señuelos es muy buena opción de encontrarse con varias especies cazadoras. La posada Amazon Roosevelt, instalada en este punto del planeta, atiende muy bien y los guías han sido capacitados por Rubinho, periodista y organizador de excursiones. La belleza del río hizo que nuestro tercer acompañante, Christian Barón, sacara más de 1.500 fotografías dedicado a este arte. Entonces, solo resta, como el expresidente, que vayas a sacarte la duda.

Nota completa publicada en revista Weekend 543, diciembre 2017.

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Néstor Saavedra

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