Friday 23 de January de 2026
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Polémica en puerta: 3 rusos escalaron el Fitz Roy y luego se tiraron de la cumbre en wingsuit

Se trata de una actividad que no está permitida en el Parque Nacional Los Glaciares: un salto BASE. Con su experiencia llegaron ilesos (y felices) a la parte inferior de la montaña.
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Konstantin Jäämurd, Vladimir Murzaev y Boris Egorov están acostumbrados a generar polémica. Los rusos son parte del grupo Dirty Climbers, especializado en actividades extremas en el ámbito del montañismo y el parapente; son conocidos por realizar descensos en caída libre utilizando trajes de alas y paracaídas. Su práctica ha sido documentada en redes sociales y ha abierto un debate sobre los límites legales de los deportes extremos en estas zonas. Esta semana se conoció que escalaron el Fitz Roy, no para hacer cumbre solamente, sino para lanzarse desde allí con wingsuits y paracaídas, haciendo un descenso en caída libre.

El trío hizo una ascensión técnica de alta exigencia por la ruta Royal Flush, en la cara este del macizo, con un descenso en caída libre en una zona donde esta clase de actividad está explícitamente prohibida por la normativa del Parque Nacional Los Glaciares. Según dice la norma del PN: “Cualquier actividad que no esté permitida específicamente se considera prohibida”.

El ascenso al Fitz Roy por una de las caras laterales de 1.250 m de altitud es de gran complejidad. Pero sumaron un acto temerario que es documentar por primera vez un BASE (Building -edificio-, Antenna -antena-, Span -viaducto- y Earth -Tierra-) desde el también llamado cerro Chaltén (realizado a 3.100 metros de altura).

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Camino a la cima, durante tres días los escaladores atravesaron las dificultades del monte Fitz Roy, por lo que la expedición requirió una logística compleja y condiciones meteorológicas excepcionales. Los integrantes del colectivo Dirty Climbers permanecieron un mes en El Chaltén a la espera de una ventana de buen tiempo. La elección de la Royal Flush -una vía con entre 950 y 1.250 m verticales y una dificultad estimada en 7b A0 M- les permitió llegar a un punto óptimo de lanzamiento, ubicado unos 300 m por debajo de la cumbre, que está a 3.405 msnm.

El ascenso contó con el apoyo de los estadounidenses Will Fazio y Zach Dreher, con quienes los rusos compartieron suministros y campamento en medio de la pared, además de la colaboración logística de Ilya Kull. Durante el trayecto debieron transportar equipos adicionales para el salto, lo que dificultó la movilidad y multiplicó los riesgos.

Para el intrépido descenso, Jäämurd y Murzaev usaron wingsuits, aterrizando al borde del bosque; mientras que Egorov descendió con un traje de seguimiento y aterrizó sobre el glaciar, en la base de la pared escalada. Posteriormente describió esta la experiencia como “2 minutos y 40 segundos de vuelo, seguidos de unos 2 minutos bajo el paracaídas. El salto fue simplemente asombroso”.

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 Esta maniobra implica uno de los mayores cambios de altitud documentados en el salto BASE, lo que acentuó el riesgo y dificultad de la hazaña. En su cuenta de Instagram publicó: “Una pared enorme, una ascensión de varios días y una salida nueva e impresionante. Una configuración perfecta. Suerte real, obtenida a través de toda una vida de experiencia”.

Aunque tanto Egorov como Murzaev son guías certificados por la agencia Club 7 Summits, y Jäämurd es aspirante al mismo rol, el equipo ya había realizado saltos BASE desde otras cumbres de la zona, como el Cerro Torre, Mojón Rojo y las agujas Guillomet y Saint-Exupéry, en la misma cadena montañosa.

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Si bien existen antecedentes de vuelos en parapente en la región, los saltos BASE permanecen escasamente documentados y constituyen prácticas considerablemente más riesgosas.

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