viernes 28 de febrero de 2020
11-10-2019 12:36 | ARMAS

Cómo limpiar un revólver

Toda arma de fuego requiere de un mantenimiento constante para su correcto funcionamiento los revólveres poseen características especiales. Ver galería de imágenes

Aficionados, profesionales miembros de fuerzas de seguridad, tiradores deportivos y cualquier persona relacionada con las armas de fuego, saben la importancia que tiene su correcta limpieza y mantenimiento. Cada uno –en mayor o menor medida– conoce la operatoria para limpiar un arma, a la vez que tiene su método para hacerlo. Dentro de los diferentes tipos de armas, una posee ciertas particularidades que la hacen diferente: el revólver.
En un principio vemos que, en lugar del cañón con su recámara integrada –como es el caso de pistolas semiautomáticas, rifles y escopetas–, los revólveres poseen un cañón y múltiples recámaras. Cada alvéolo del tambor es en sí, una recámara. Luego de cada disparo, residuos que se producen como consecuencia de la deflagración de la pólvora, la ignición de la cápsula fulminante y el plomo o el latón de la camisa de la bala, quedan dentro del ánima del cañón, alvéolos y, por efecto de la fuga de gases, entre el cono de forzamiento del cañón y el frente del tambor, muchos de ellos se adhieren a partes de la estructura del arma.

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Los elementos

Baqueta. Es de gran importancia en la limpieza. Las más difundidas y utilizadas son de latón (cobre y zinc, el mismo material que se usa para las vainas) y sirven a la perfección. Con las de aluminio, por su poca dureza, hay que tener más cuidado para no rozar las estrías y generar depósitos difíciles de quitar. Para mayor comodidad es conveniente utilizar una con el largo acorde al del cañón.
Cepillos. Hay de cerda o material sintético que, por su suavidad, pueden utilizarse para la limpieza de pólvora, polvo u otro material extraño de fácil eliminación. Los de latón se utilizan para eliminar aquellos restos más difíciles y adheridos. Su diámetro siempre corresponde al del calibre del cañón.
Pasatrapos. Aquí nos encontramos con los llamados jags, confeccionados con broce, latón o plástico, que se ajustan perfectamente al diámetro del cañón y permiten pasar un trozo de trapo o un patch para finalizar una correcta limpieza. Y están los denominados “de ojal” (loops), que se utilizan para una limpieza con trapos más somera y, sobre todo, para introducir en el cañón los líquidos de limpieza.

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Productos. Disponemos de dos grandes tipos: los disolventes, que tienen como función eliminar los restos de pólvora, plomo y latón (cobre). Suelen ser productos con base de petróleo que dejan el ánima del cañón sin protección una vez utilizados. Y, en segundo lugar, los lubricantes, aceites orgánicos, minerales o –preferentemente– sintéticos que se emplean para la limpieza general, a fin de evitar la corrosión y engrasar los componentes mecánicos. Es recomendable que se usen en pequeñas cantidades, evitando empapar las piezas del arma, dado que esto acarrea consecuencias negativas.
Como ya dijimos, los revólveres tienen particularidades que hay que tener en cuenta a la hora de la limpieza. Un sencillo artilugio, fabricado con un rectángulo de plástico adherido a una bandita elástica (ver foto), protegerá el espaldón del armazón de los golpes que le ocasionan las puntas de los cepillos y los pasa trapos. Por su construcción –salvo contadas excepciones–, el cañón de los revólveres debe ser baqueteado indefectiblemente desde su boca. Aquí es importante tener en cuenta la longitud del cepillo, por lo que debemos seleccionar aquel que salga totalmente del cañón por su parte trasera. De esa forma prolongaremos su vida útil y efectuaremos una correcta limpieza del cono de forzamiento al retirarlo.

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Cada alvéolo del tambor deberá ser limpiado con tanto esmero como el ánima del cañón, con la ventaja de que, al carecer de estriado, su limpieza es más sencilla pero no por ello menos importante. El espacio entre el puente del armazón y la parte trasera del cañón suele acumular suciedad y es propenso a las picaduras en el material. Un patch doblado o trozo de tela convenientemente embebido en disolvente es ideal para su limpieza. Un cepillo (de dientes, ¿por qué no?) servirá para el frente del tambor y el espaldón del armazón. Luego, una gota de lubricante en las partes móviles y –si no lo vamos a disparar de inmediato– dentro del ánima del cañón, marcará la finalización de la tarea.

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Etiquetas: Limpieza Elementos Revolver Alveolo Recámara Pistola Arma Como Limpiar Un Revolver
Pablo Crespo

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