Cómo escapar de las avalanchas

Los aludes son el principal riesgo potencial en zona de montaña. Consejos para la prevención y el rescate.

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Cada vez más gente se acerca a las actividades de montaña y, estando en ese ámbito, las avalanchas son probablemente el mayor peligro que acecha y el que más accidentes fatales causa. Aunque el número de personas puede ser mayor durante la temporada alta de los centros invernales, el peligro latente está en otoño o en cualquier época del año, debido a la imprevisibilidad metereológica que trae el cambio climático.

Las avalanchas se definen como el deslizamiento de una capa de nieve sobre una distancia mayor a 50 metros. El manto nivoso tiene distintas capas: cada período de nevada forma una que tienen distinto espesor, y que se diferencia por la dureza y por la forma de los cristales de nieve, aunque las diferentes capas estén más o menos unidas entre sí.

La más mortal

En las “avalanchas de placa” una superficie de nieve entera comienza a deslizarse. La ruptura lineal es típica, y es el tipo de avalancha más peligrosa y difícil de evitar. En el 90 % de los casos es el mismo montañista, esquiador o su grupo, el que la desencadena. La nieve comienza a deslizarse inmediata y rápidamente, y la persona por lo general se encuentra en el medio. Estos deslizamientos son más frecuentes cuando la pendiente tiene como mínimo 30º, y la parte más empinada unos 38º. La capa que se desliza suele poseer unos 100 m a 300 m de largo por 75 de ancho, con una profundidad promedio de 50 cm.

En general, el 50 % de las personas enterradas por completo muere, 75 % por asfixia y el 25 % restante por politraumatismos. Cuando más profundo quede enterrada una persona, menos posibilidades de sobrevivir tendrá. En general, si es sorprendida en la parte superior de la avalancha, cerca del punto de ruptura, la profundidad a la que quede enterrada será levemente menor que si fuese sorprendida en la parte baja de la pendiente, entonces las posibilidades de sobrevivir aumentan levemente.

Zonas a evitar

Lo mejor que se puede hacer con esta amenaza es tratar de evitarla. Es evidente que el porcentaje de riesgo de avalanchas está muy relacionado con la cantidad de nieve acumulada. Por ejemplo, luego de unas copiosas nevadas ese porcentaje será mayor. Por otra lado, hay muchas zonas sensibles de sufrir aludes, por eso se debe evitar el cruce de áreas con pendientes fuertes (mayores de 45º), sin árboles y cargadas de nieve. Ni siquiera es aconsejable pasar por debajo.

Antes de subir a la montaña hay que tratar siempre de consultar (si existe) el parte de riesgo de aludes, confeccionado por los guías o las patrullas. En los terrenos potencialmente más peligrosos hay que evitar transitar en las horas de mayor exposición solar: el calor puede provocar una menor cohesión entre las placas. Los aludes pueden producirse naturalmente o ser provocados por la presencia humana, por ruidos o movimientos descuidados. Siempre hay que controlar esos aspectos en las zonas de alto riesgo.

Si no podemos salir de la trayectoria de la avalancha huyendo hacia los costados o hacia arriba –si se desliza bajo nuestros pies–, una vez en contacto con la nieve, hay que bracear como si estuviéramos nadando para intentar mantenernos en la superficie y que no nos sepulte.

Ante la situación inevitable, el ARVA (localizador) será fundamental para una rápida ubicación y posterior supervivencia. Es recomendable realizar un curso de prevención de aludes como parte de la preparación para la montaña, que incluye conocer la nieve, saber interpretarla y aprender a usar adecuadamente el equipo de rescate APS (ver recuadro).

 

 

 

 

 

 

 

Nota completa en Revista Weekend mes Abril (Edición 547)

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