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Cómo acampar de la mejor manera

En la planificación de un campamento, debemos tener en cuenta muchos factores que harán que disfrutemos más la experiencia. Galería de imágenes.

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Falta nada para el verano y es época de ir definiendo dónde y cómo pasar unos días o semanas de paseos y descanso. La montaña, el mar, el Litoral reciben a miles de aventureros que, mochila al hombro, prefieren vivir de campamento para tener un profundo contacto con la naturaleza. Y para quienes por primera vez emprenden este tipo de viajes, la inexperiencia, la prueba y error, juegan un papel fundamental en el armado de un campamento agreste.

En las primeras salidas en carpa, quién no ubicó una en un terreno, por ejemplo, bajo o desparejo, o a la sombra de un árbol alto sin percatarse de que podía ser fácilmente quebradizo. Del error se aprende, claro, pero nunca está demás conocer algunos tips para que el primer paso sea más sencillo y así la experiencia se disfrute mejor.

 

Investigar sobre el destino

 

La salida empieza en casa. Hoy desde el living y cómodamente sentados en un sillón podemos averiguar todo sobre él o los destinos a visitar y los recorridos a efectuar. Por eso hay que conocer las características climáticas del lugar (temperatura promedio, nivel de lluvias) y del terreno para interiorizarse sobre los desniveles, protecciones naturales, accidentes geográficos, riesgo de inundaciones, etc. También sobre los servicios más cercanos en caso de que decidamos vivir la aventura lejos de cualquier centro urbano: primeros auxilios, comunicaciones, seguridad, transporte, habitantes en las proximidades, etc. Esta investigación facilitará la toma de decisiones.

A la hora de armar una carpa, sea del tipo iglú, canadiense o estructural, hay recomendaciones que coinciden cualquiera sea el ambiente elegido para vacacionar. Por ejemplo, la de buscar un terreno plano donde ubicar la carpa, y la de limpiarlo para quitar toda rama o piedra que pueda romper el piso plástico y molestar a la hora de recostarse. Pero que el sitio sea parejo no significa montar el campamento sobre un área baja o que veamos pueda ser inundable: un lugar lo suficientemente elevado y con buen escurrimiento del agua es el único viable, aunque ello signifique aguantarse un mínimo desnivel que tal vez podamos solucionar acomodando ropa en el piso para nivelar la posición al acostarnos y así lograr un buen sueño.

 

La fogata

 

El encendido de fuego para cocinar no es recomendable: con los calentadores actuales a gas o nafta podemos evitar el riesgo de incendios debido a chispas o brasas mal apagadas. Pero de necesitar hacerlo, antes habrá que cavar un pequeño pozo donde poner la leña y limpiar los alrededores de todo pastizal o ramas que por descuido pudieran prender, y armar alrededor del foso un piso de piedras sobre el que caerán los chisporrotazos de la fogata. Agua y luego tierra aseguran un correcto apagado, jamás debemos dejar que el fuego muera por sí sólo.

Orientar la entrada de la tienda en sentido contrario al del viento que habitualmente corre en la zona, es fundamental para la comodidad, aunque ello represente darle la “espalda” al lindo paisaje. También evitar cavar las famosas canaletas alrededor de la carpa: más allá de lo práctico que resulta para mantener el agua circulando sin que se escurra debajo del piso o ingrese a la carpa, hoy es ambientalmente inaceptable. Un lema reza: “Deje sólo sus huellas”, y esto es posible con los materiales de calidad que se emplean en la fabricación de las tiendas, con sobretechos que llegan hasta el suelo e incluso forman un faldón que puede cubrirse de tierra, arena o piedras y así sellar cualquier filtración de lluvia.

En destinos de playa, lo más común es acampar en campings organizados. Pero también son muchos los que lo hacen alejados del bullicio y así disponen de grandes extensiones de costa casi para sí solos. Llegan en vehículo por rutas o caminos cercanos con la ventaja de llevar mucho de lo necesario en este tipo de acampadas, como el agua, la comida y combustible para cocinas portátiles.

 

La carpa en la costa

 

Para armar la carpa en estas circunstancias, nunca hay que hacerlo sobre la misma playa: nuestra costa no se caracteriza por la protección de accidentes geográficos, por lo que siempre se estará expuesto a los vientos provenientes del mar. Lo mejor, entonces, es buscar un buen lugar detrás de médanos fijos que tengan una altura que no implique mucho esfuerzo en cruzarlo para ir y venir a la playa, o bien que tenga una salida fácil a la costa por los costados. También si hay un monte o un pequeño bosque (normalmente implantado) buscar su reparo es conveniente, aunque siempre cuidando de no colocar la carpa bajo un árbol alto porque la caída de una rama sería fatal para las personas o el equipo, o bajo uno que despida resinas a modo de lágrimas, como el sauce llorón siempre cercano a ríos y arroyos, ya que dañan la telas.

 

Mesopotamia

 

La última recomendación también vale para zonas del Litoral, mayormente selváticas y de monte. Esta región es conocida por la abundancia de insectos, por lo que disminuir el riesgo de que entren a la tienda o se refugien en nuestro equipo es vital: establecer la carpa en un claro (que no necesariamente tenga que ser al sol, porque la sombra de los árboles circundantes puede proyectarse sobre el campamento) y limpiar el suelo más allá de los límites de la carpa mantiene alejados a los bichos. Claro que hay que cuidarse de cerrar siempre la puerta o el mosquitero de la carpa, como así también de tener mochilas, bolsos, calzado y demás guardados dentro o, de no ser posible, embolsados.

También en el Litoral suele haber plantas tóxicas o urticantes. Conocer cuáles son y evitarlas, como con aquellos animales (especialmente serpientes y alacranes) que puedan molestar de alguna manera al desarrollo normal de una acampada, acerca tranquilidad a la hora de actuar ante cualquier inconveniente.

 

Ambiente de montaña

 

Si hablamos de armar un campamento en la montaña o la serranía, los cuidados tienen que ver con mantenerse a distancia prudente de cursos de agua que suelen verse desbordados con rapidez en caso de lluvias. Es relativamente sencillo distinguir hasta dónde suele crecer el agua, ya que en los alrededores hay señales (manchas, resaca, etc.) que facilitan la lectura del medio. Nunca se deberá armar el campamento en quebradas, sean grandes o pequeñas, porque son drenajes naturales e incluso tienen desprendimientos de piedras y de lodo.

Para protegerse del viento, la montaña nos ofrece un diseño del terreno bastante favorable, con grandes rocas tras las que podemos armar la carpa, al mismo tiempo que según la hora del día darán una buena sombra. Si el lugar no las tuviera, una alternativa es la de formar con piedras pequeñas y grandes un círculo de unos 70 centímetros de altura alrededor de la tienda, a la vieja usanza de los reales montados por los baqueanos en la cordillera. Emparejar el suelo con arena, tierra o pedregullo es recomendable porque además de un buen descanso esto garantiza que en caso de lluvias el agua encuentre otros niveles por donde correr.

Mantenernos alejados de paredes altas, verticales o inclinadas, es una regla inviolable de seguridad, a pesar de que el lugar se vea firme y tentador por la sombra: vientos y tormentas pueden provocar desprendimientos peligrosos o correderas de agua.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 483 de Weekend, diciembre de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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