miércoles 19 de febrero de 2020
20-06-2018 08:30 | #WEEKEND

Lances cortos y pejerreyes en Hudson

En equipo de cuatro comunicados por handie, la expedición a primera hora de la mañana reportó buenos resultados a pocos kilómetros de la Capital Federal. Ver galería de imágenes

Pescar pejerreyes en el Río de la Plata es una asignatura que no podemos dejar pasar. Desde el kayak es un desafío sólo aconsejable para pescadores afianzados en estas embarcaciones. Para ello Cristian Villa, Gustavo Martorano y Cristian Fernández me acompañaron en esta excursión.

Pejerreyes en kayak suena emocionante. Podemos intentar anclados y con líneas de fondo en zonas poco profundas pero, para tener buenos resultados, lo conveniente es hacerlo a la deriva y de flote. Para ello hay que conocer los principales riesgos. Una vez arrastrados por la corriente o el viento, debemos remontar a remo, calculando que podremos mantener una velocidad promedio de 4 km/h. Hay que ser precavidos y tener noción de cuánto nos estamos alejando para calcular qué tiempo nos va a tomar volver. Si la gareteada nos lleva río adentro, es conveniente no alejarse y hacer series repetidas.

Atención al clima

Otro de los riesgos es el frío. Una caída puede provocarnos un cuadro de hipotermia en cuestión de minutos. Debemos elegir un día con excelentes condiciones climáticas y contar con ropa técnica adecuada para soportar el frío y el contacto continuo con el agua. Mantener el calor en los pies y en la cabeza es indispensable. Con los pies fríos no disfrutaremos de la pesca, por lo tanto debemos usar medias de 4 mm y botas de similar espesor, ambas de neoprene. Guantes cortos y gorro de lana o polar tienen que estar a mano en el equipo. Luego podemos optar por varias alternativas o combinaciones para el resto del cuerpo. Wader o traje de neoprene pueden ser las más clásicas. Prefiero utilizar una indumentaria que me permita ir agregando o quitando capas, además de ganar en  movilidad. Una calza de neoprene de 2,5 mm de espesor para mantener caliente las piernas y, si el viento es fuerte y la traspasa, agrego un pantalón semiseco con puños y cintura ajustables. También utilizo una primera piel de lycra, luego una remera de neoprene de 2,5 mm y la chaqueta semiseca de iguales características que las del pantalón.

Rápida respuesta

Pescar esta especie desde el kayak nos va a obligar a reducir los equipos tradicionales. Conviene utilizar cañas de 2,7 m como máximo.  Hay que tener en cuenta que los enredos desde el kayak son muy habituales. Puede resultar imposible llegar al puntero de una caña más larga en un kayak de 3 m de largo. En cuanto al reel, sea rotativo o frontal, buscar el que mayor relación de recuperación tenga. Además debe estar cargado con multifilamento para que flote y no se estire. Debemos optimizar al máximo la clavada, ya que no contamos con una caña larga. Líneas de no más de 2,3 m compuestas de tres boyas o dos boyas más puntero pescador y con brazoladas entre los 10 y 25 cm pueden ser las mejores alternativas.  

Con los primeros amarillos furiosos asomando en el horizonte, remamos río adentro unos 200 m para hacer el primer intento. La gareteada nos llevaba paralelos a la costa en dirección hacia el norte y a poca velocidad. Para nosotros, la ideal. Bajamos el ancla de capa al agua, mojarras en el balde y, por supuesto, la ceba. Utilizamos una lata de caballa en aceite a la cual le hicimos varios agujeros y la colgamos de la borda del kayak. Antes, y cada vez que íbamos a colocar las boyas sobre el agua, la agitábamos enérgicamente. De esta manera nuestra línea derivaba junto con la ceba.

El viento cambia el panorama

Algunos piques sutiles entre vistos y adivinados rompieron el hielo.  Pescar el primero apenas comenzamos la jornada aceleró la ansiedad. Enseguida les comuniqué a mis compañeros por VHF que estábamos bien posicionados. Mientras me encontraba encarnando una mojarra viva en la primera boya, un pejerrey atrevido se prendió del puntero pescador que flotaba a medio metro de mis pies. ¡Esta pesca se estaba poniendo más que entretenida!

Con unas cuantas capturas que promediaban los 30 cm y, justo antes del mediodía, rotó el viento complicando la pesca. Ahora la gareteada nos tiraba hacia la costa y posicionaba nuestra boyas justo debajo del resplandor del sol. En vez de cambiarlas por unas oscuras para poder verlas, preferimos explorar el arroyo Baldovino que está a 2,5 km hacia el sur.

Luego de una intensa remada tomamos la costa a metros de la desembocadura. Aprovechamos para almorzar unos sándwiches e hicimos algunos tiros ahí mismo y luego, nuevamente sobre nuestros kayaks, nos adentramos a explorarlo.

Un paraíso selvático, altos árboles que emergían del agua contrastando colores verdes sobresaturados con tímidos ocres de un otoño tardío, tupida vegetación y silencio absoluto. Pero increíblemente cero actividad de pesca. Luego de media hora de distintos intentos, volvimos a río abierto. Aún estábamos a tiempo de contemplar nuestras boyas derivando el Río de la Plata. Entre capturas y gareteadas nos fuimos acercando al espigón de Hudson. Antes de concluir esta jornada, ya estábamos planeando la próxima. Sin dudas, pronto volveremos por más flechas del plata.

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edicion 549)

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Etiquetas: Pesca Río De La Plata Hudson
Marcelo Ferro

Marcelo Ferro

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