Cuando se acercan los meses estivales muchos de los pescadores deportivos adoptan el chip de la pesca marítima, un estilo que nos lleva a transitar un sinfín de lugares y recorrer gran parte de nuestra costa atlántica, al punto de llegar a los lugares más recónditos del sur del país. El mayor núcleo de aficionados elige el Partido de la Costa en su totalidad y, obviamente, las ciudades de Mar del Plata, Miramar, Necochea, Claromecó, San Cayetano y muchas otras.

Una corvina que valió un 0 km en Orense
En el mar, pescando de costa, está la chance de obtener corvinas rubias, corvinas negras, pescadillas, brótolas, chuchos, rayas, pez palo, anchoas, tiburones, cazones, pez gallo, etc. Pero también podemos embarcarnos y, a las especies nombradas sumarles salmones, besugos y pez limón entre otros. Obviamente, el pescador o vacacionista elige el lugar de la actividad según la conveniencia o lo que tocó en suerte, pero en cada parador o ciudad podemos encontrar diferentes estructuras, como canaletas profundas, zona de piedras, escolleras, acantilados, puertos, muelles, etc.
La más elegida
De las dos opciones mencionadas -de costa o embarcado-, la mayor concurrencia o elección se da en la primera modalidad, y para eso debemos contar con cañas de 3,50 a 4,30 m de largo capaces de arrojar hasta 240 g de plomo, reeles frontales o rotativos con buena capacidad de carga, gran cantidad de plomadas en varios pesos y formatos, líneas tradicionales de uno o dos anzuelos, y las también denominadas by clip. La elección de las plomadas muchas veces define la pesca y, según la ocasión, debemos tener plomos del formato pera, cajón, huevo, satélite, sputnik, con destrabe... y con un peso mínimo de 120 g y hasta los 240 g.
La carga de los reeles suele hacerse con grosores muy finitos de nailon, por lo cual vamos a tener que agregar una salida trafilada de entre 0,35 y 0,80 mm, lo que nos permitirá soportar el chicotazo al arrojar nuestra línea. Y si de líneas hablamos, las convencionales cumplen muy buena función, pero si queremos lograr distancia y productividad, las denominadas by clip se llevan todos los aplausos.

La idea de este relevamiento era cruzar varias playas de punta a punta, pero el clima nos jugó una mala pasada, así que pudimos pescar en algunos lugares y en otros pedimos la veracidad de los hechos a varios amigos que compartían el mismo tipo de pesca. En un amanecer hermoso, pero sabiendo lo que se vendría, arribamos a las playas de Mar de Ajó para hacer los primeros tiros en la zona del barco hundido Karnak, pesquero tradicional y muy rendidor donde pasan las canaletas muy cerca de la costa y donde no es necesario hacer un gran lanzamiento para lograr buena pesca. Armamos todos los equipos, encarne prolijo y líneas al agua. Antes habíamos clavado los posacañas, para luego dejar nuestras varas allí hasta el momento del pique.

Como habitualmente las cañas quedan en tensión, cuando algún pescado toma nuestra carnada, el pique se manifiesta con cabezazos o un aflojón en línea producto del levantamiento del plomo. Y así fue, aflojón total del nylon y a los pocos minutos una hermosa corvina rubia se dejó ver entre la espuma. De esta forma se fueron sucediendo varios piques de diferentes especies que tomaban distintas carnadas. En un par de horas pudimos relevar la zona y decidimos llegar hasta el Faro Querandí, donde estaba el grupo de Zona Pesca capitaneado por nuestro amigo Cachete.
La pesca era muy similar: gran variedad y buena cantidad. Nos comentaban los muchachos que haciendo tiros largos y presentando bien la carnada los piques estaban asegurados. El Faro Querandí es una zona muy tiburonera y había varios aficionados esperando a los escualos con sus cañas firmes y los aparejos a unos 400 m de distancia como mínimo.
En busca de más
Ya en nuestro haber con otro de los pesqueros tradicionales desbloqueados, decidimos cambiar el destino pero la tormenta ya estaba sobre nosotros. No llovía aún, pero el cielo tenía unas ganas bárbaras de que así fuera. A continuación nos posicionamos en un lugar conocido como La Crucecita, que no varia mucho de lo anterior pero… siempre tenemos un lugar preferido. Bajamos de los vehículos, cada uno a probar suerte caña en mano. Encarne fresco y prolijo, líneas al agua y parecía que nos esperaban allí: ni bien el aparejo hizo fondo, un arrastrón y una hermosa brótola dijo presente. En la caña de mi compañero, cabezazos, y ya sabíamos que eran de corvina.
Así se fueron dando varios piques, hasta tuvimos un corte que pudo haber sido de cazón o tiburón por la violencia en el pique. La tormenta prevista se hizo presente: empezó a llover y como muchas ganas de mojarnos no teníamos, empecé a pescar con el teléfono.

Lo llame a Juan Pablo Gozio, que estaba en la zona de Costa Esmeralda junto a sus hijos, y respondió con buena variada en la primera canaleta, confirmando que toda la zona estaba realmente óptima para la pesca costera. Después de esta charla tratamos de interiorizarnos por la actividad desde las escolleras más tradicionales de Mar del Plata. Allí ya no corren canaletas tan cercanas y los pesqueros se transformaron un poco, ni mejor ni peor, distintos. Sobre las escolleras Norte y Sur había pescadores practicando al vuelo con diferentes resultados, los que encontraban la profundidad y velocidad para recoger obtenían buena cantidad de pejerreyes y algunas anchoas que son muy peleadoras.
Finalmente, en la escollera de la entrada de Miramar, haciendo lanzamientos bien largos, se pescaron varias corvinas rubias y algunas pescadillas, lo mismo sucedía en la zona del Vivero. Hasta acá, un pantallazo general de lo que fue nuestro relevamiento en la costa atlántica. Sin duda, hubiéramos querido mostrar más, pero el clima no nos dejó. Tenemos la fe intacta: será una gran temporada de pesca de costa y, seguramente, habrá más relevamientos para que nuestros lectores puedan acercarse al buen pique de la pesca deportiva.
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