domingo 20 de enero de 2019
14-12-2018 12:22 | PESCA

Piques desde la cordillera a la estepa

Para el inicio de temporada de salmónidos recorrimos dos ríos bien diferentes, el Grande y el Gualjaina, pero con algo en común: truchas en cantidad y calidad. Ver galería de imágenes

Lanzar una mosca no es lo más sencillo del mundo pero tampoco lo más complicado. La mosca en sí no pesa casi nada y es la línea la que lleva el peso; la que la impulsa y la conduce hasta donde queremos llegar. El pescador debe afrontar algunas complicaciones y contar con el equipo apropiado. Cualquiera que sea capaz de lanzar un señuelo con una caña de bait cast o de spinning, aprende rápidamente a hacer lo mismo con una mosca con chances de pesca. Para perfeccionarse en precisión, distancia y prolijidad, habrá una vida por delante.
Pero, para sentir una trucha del otro lado de una caña sutil, como la de mosca, y quedar atrapado para siempre, no es necesario ser un experto ni mucho menos.

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Fin de la espera

Un nuevo ciclo truchero –con toda la ansiedad que eso acarrea después de meses de abstinencia– nos encontró esta vez en la provincia de Chubut. Invitados por la Dirección de Pesca Continental, y con la idea de sondear diferentes ambientes, nos alojamos en las cabañas Altos del Molino, en Trevelin.

El Grande es un río que concentra las aguas de una extensa cuenca y las termina conduciendo hasta el Océano Pacífico chileno. La calidad de pesca es muy buena, con numerosas truchas arcoíris y marrones; el valle por donde discurre es de notable belleza y la cantidad de accidentes a lo largo de su recorrido, una invitación permanente y constante para poner una mosca. La posibilidad de flotarlo y pescarlo tanto desde el bote cómo vadeándolo, hacen de éste, un exquisito río truchero. Para escudriñar sus muchos rincones utilizamos los servicios del entusiasta guía de pesca Roberto Forno, quien nos sugirió comenzar por la parte alta del río, ya que uno de sus afluentes –el Percey– estaba volcando mucho sedimento enturbiando el curso principal desde su desembocadura para abajo. Así fue como resolvimos bajar el catarraft a la altura de las Cabañas La Paz, pasando la Aldea Escolar, apenas aguas abajo del lugar conocido como Las Torres, y comenzar los intentos en la parte alta y limpia del Grande o Futaleufú.

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Pros y contras

Los inicios de temporada suelen tener pros y contras para la pesca. Lo positivo es que los ámbitos están bastante tranquilos después de meses de veda, lo que hace que las truchas se encuentren menos asustadizas y recelosas. Lo negativo son las aguas altas, rápidas y todavía un poco frías. Todo lleva a que los peces se encuentren en los estratos más bajos y refugiados en los sectores menos accesibles. Lo bueno del Grande es que, al no ser un río de primer orden de la cuenca (no es de deshielo, sus aguas vienen del gran lago Amutui Quimei), no está tan frío como otros a principio de temporada.

A este río se lo puede pescar tanto con equipos sutiles como potentes. La elección irá condicionada por la etapa del año, la velocidad y altura del agua, los gustos del pescador, su estilo preferido y por el clima reinante –fundamentalmente el viento–, aunque esto se puede ir acomodando a la geografía cambiante del ámbito que, dependiendo del tramo a pescar, va ofreciendo algunos lugares reparados.

Si partimos de un equipo de mosca de potencia #6 (caballito de batalla para gran cantidad de ambientes patagónicos) se puede subir hasta un #8 como bajar hasta un #4 o menos incluso, para presentar una seca, una ninfa o un estrímer. En esta oportunidad nos tocó una jornada con aguas crecidas y bastante rápidas que nos impulsaron a arrancar con equipos #6 y líneas de hundimiento con líderes del orden de los 5 o 6 pies, terminados en tippet 1 y 2 X y estrímeres como Zonker, Matuka, Woolly Bugger y sus variantes, Egg Sucking Leech que simulan una sanguijuela llevando un huevo de trucha (buenas al comienzo de temporada cuando las arcoíris están en cola de desove) y largas String Leech con cabeza de tungsteno naranja o rosa, dándole peso e imitando un huevito, y con el anzuelo retrasado.

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Prospectando orillas

Una estrategia que resultó muy efectiva fue la de lanzar desde el bote hacia la orilla y que la mosca caiga bien cerca de las paredes de roca y las piedras costeras semisumergidas. La idea es lanzar cruzando la corriente y enmendar la línea aguas arriba, apenas cae, para mejorar la profundización y evitar la panza que puede hacer la línea con la corriente que tracciona la mosca aguas abajo. De esta manera logramos incitar a que ataquen nuestros ofrecimientos truchas marrones muy fuertes y combativas.

Si bien el inicio de ciclo no es la mejor época para la pesca con moscas secas, conviene llevar una línea de flote e incluir en la caja variedad de: Adams, Light Cahill, Elk Hair Caddis, Humpys, Madam X, Goodard Caddis y grandes Hoppers de ciervo y Chernobyl Ant y Fat Albert de foam. Hay momentos, eclosiones y ventanas de pique –como nos pasó en esta oportunidad a última hora– para todo tipo de pesca en el Grande. Un río notable, con infinidad de posibilidades y sorpresas que nos brindó unas cuantas escaramuzas de pesca y excelentes capturas tanto actuando desde el bote como vadeando.

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La estepa

El siguiente ambiente a relevar fue un río bien distinto, pequeño, casi de llanura, para pescar sólo caminando, en medio de una estepa despejada e inconmensurable, el Gualjaina. Para ello nos trasladamos hasta la localidad homónima y nos alojamos en el Mirador Huancache, de Daniel y Laura Fermani. Es un río en miniatura y hay que moverse y usar equipos acordes. Andar sigilosamente, sin hacer mucho ruido, lanzar agachados o desde unos metros atrás de la orilla y usar equipos livianos: #1 a #4. El Gualjaina permite desplegar infinidad de técnicas y estrategias de pesca con moscas secas y ninfas, aunque también se pueden emplear pequeños estrímeres.

El líder conviene que sea largo y que termine en un tippet fino. Nosotros pescamos con 4 X y 5 X. Durante una eclosión o cuando se nota que están comiendo algo específico, hay que tratar de usar la imitación más parecida que tengamos en la caja, en tamaño y color, pero a veces hay moscas que no imitan nada en particular y que representan un bocado interesante. Funcionan bien: Blue Dun, Royal Wulff, Adams y Quill Gordon. La pesca con ninfas también es productiva en un cauce que da para seguir caminándolo y descubriendo sus muchas facetas.

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Apostando al pique

Lanzar una mosca no es lo más sencillo del mundo pero tampoco tan complicado. Es arrojar una botella al mar, lanzar una esperanza, apostar a algo que no sabremos cuando vendrá la respuesta, si es que viene. Muchas veces las truchas nos desairan, nos ignoran o nos rechazan. Pero el acto de permanecer en su búsqueda, de insistir en el intento, nos convierte en optimistas crónicos, y cada tanto la diosa Fortuna se apiada y nos recompensa con alguna gran sorpresa. Premios que justifican todos los esfuerzos, momentos mágicos que hacen más feliz la existencia.


Nota completa en Revista Weekend del mes de Diciembre, 2018 (edición 555)

 

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Alejandro Inzaurraga

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