Sergipe, la joya desconocida de Brasil

Es el estado menos extenso del país y un destino casi desconocido para los argentinos pese a que encierra muchos atractivos, tantos que no se pueden ver en un solo viaje. Galería de imágenes.

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El paisaje que estábamos viendo hacía pensar en una corta frase: entorno paradisíaco… Navegábamos por un río ancho y calmo; una costa estaba cubierta por densos manglares de un verde brillante y, en la otra orilla, la de estribor, los cocoteros se alineaban junto a la playa, susurrando al ritmo del viento. De pronto, unos delfines aparecieron muy cerca de nosotros, persiguiendo un banco de peces, y nos regalaron una serie de saltos fuera del agua. A proa se comenzó a vislumbrar una pequeña isla, cuya arena blanca brillaba al sol. No cabía otra cosa que pensar: “¡Esto es como estar viviendo una película de aventuras! ¡Es el escenario perfecto!”.

¿Dónde quedaba ese escenario? Bueno, estábamos en Sergipe, en el  Nordeste de Brasil. Es el estado más pequeño del país pero está lleno de grandes atractivos para descubrir. Por ejemplo, un litoral atlántico de 163 km de extensión, con playas que presentan características muy variadas. Al norte están las más salvajes, al centro las urbanas y, hacia el sur, las que tienen el mar más azul. Aracaju, la capital, combina lo clásico del centro histórico con lo moderno, como por ejemplo en la Orla de Atalaia, la costanera más bonita de Brasil. Hasta hace poco era un destino escasamente visitado por los argentinos, casi desconocido, pero ahora tiene un vuelo directo semanal vía GOL que conecta Buenos Aires con Aracaju. Volvamos al viaje…

Aventuras en los ríos

En la Orla Pôr do Sol de la ciudad embarcamos en catamaranes fluviales que hacen salidas por el río Vaza Barris hacia dos destinos. La primera parada es Croa de Goré, una islita formada por un banco de arena, rodeada de aguas tibias, limpias, claras y saladas, ya que están conectadas al mar cercano. Goré (que es también el nombre de un pequeño cangrejo), tiene un muelle-restaurant flotante y palapas (sombrillas de troncos y paja). Además de tomar algo, comer, bañarse o disfrutar del sol, hay disponibles tablas de stand up paddle (o surf de remo) y bicicletas de agua. Llegamos a la islita con la marea baja que luego fue quedando cubierta por el agua, a medida que subía la marea. Después de un rato sólo se asomaban las sombrillas de estilo polinésico.

Partimos entonces hacia la segunda parada: Ilha dos Namorados, un banco bastante más grande al que la marea alta no llega a cubrir. Allí se pueden practicar deportes náuticos, caminar o jugar al vóley. En una zona de la playa hay unas hamacas en el agua para descansar: ¡lo máximo en ocio! Otra zona tiene carpas y sombrillas para disfrutar de muy buenos almuerzos, especialmente pescados y mariscos, acompañados por una variedad de ensaladas. Pero la que recién contamos no es la única propuesta fantástica que hay, ya que varios ríos de Sergipe están conectados al mar y tienen sus propias atracciones.

En Porto dos Cavalos abordamos la escuna (goleta) Gazzela, de Paulino Siquiera. Nuestro rumbo nos llevaría a Ilha da Sogra (Isla de la Suegra), navegando por el río Real. Con su atractivo aspecto, semejante a un barco pirata, las escunas (llamadas también saveiros) son un tipo de barco muy popular en Brasil. Tienen usualmente dos mástiles y potentes motores. Ofrecen una navegación muy segura, tanto en aguas abrigadas como mar abierto. El fondo es chato y el casco tiene forma de medialuna, con unas proa y popa bien elevadas. Recorrer el río Real a bordo de la Gazzela ya es todo un programa. En la navegación tuvimos la música en vivo del trío “Pe de Serra”, o de su líder Fabhino, que cambió el acordeón por la guitarra para pasar de los típicos temas de forró a sambas o, por pedido especial, a canciones de grupos de rock local como Paralamas o Capital Inicial. Eso, mientras tomábamos agua de coco, jugos de frutas como la mangaba (típica de Sergipe) o shots de cachaça, atenuados con trocitos de guayaba.

Anclamos en Ia Ilha da Sogra y, pese al cielo algo nublado, hacía calor y estaba ideal para tirarse al agua. Mientras el cocinero de a bordo preparaba el almuerzo, el resto de la tripulación bajó mesas, sillas y sombrillas para armar un campamento-restaurant pirata que duraría un par de horas. A la vuelta de la navegación, hicimos una parada en Mangue Seco, un pueblo que tiene un espectacular circuito para buggies en sus dunas y un lugar con mucha onda donde disfrutamos de una merienda en la Pousada Fantasias do Agreste.

Cañón de Xingó

Desde Aracaju hay que hacer unos 200 km para llegar a la ciudad de Canindé, pero bien vale la pena. Estamos en pleno sertão, una vasta región semiárida del Noreste brasileño, y hace mucho calor. Lo mejor es llegar y alojarse en el Xingó Parque Hotel, en lo alto de las sierras, con una vista panorámica del río San Francisco, el más extenso dentro del territorio de Brasil. Hacia arriba de la usina hidroeléctrica de Xingó, hay un embalse y después el río corre por un espectacular cañón navegable que se puede atravesar en catamaranes, escunas o lanchas rápidas de 26 pies, equipadas con motores fuera de borda de 200 HP. Estos viajes los ofrece MFtur.

En el cañón de Xingó (“río que corre entre las piedras”, en Tupí), todo es agreste pero, río arriba, hay un muelle flotante ubicado en una pequeña bahía. Desde allí se puede pasar a unas canoas a remo para introducirse en una parte muy estrecha del cañón, que regala unas postales impresionantes. El cauce del San Francisco, que corre por debajo de la usina hidroeléctrica, también tiene tours. Hay varios paradores que ofrecen servicios y actividades. En el Eco Parque Cangaço se pueden hacer cabalgatas, senderismo y stand up paddle. También hay un muro de escalada y espacio para hamacas bajo árboles de mango, lounges sobre la playa y un tobogán acuático. Imperdibles los jugos de fruta, licuados y helados. Antes de volver a Aracaju, hay que visitar el museo arqueológico MAX.

Un poco de adrenalina

El abanico de posibilidades es grande en Sergipe. Una de ellas es disfrutar del sandboard en las dunas de Praia de Caueira, a  29 km del centro de Aracaju. La playa, con un mar bastante agitado y de color oscuro, es también un muy buen point de surf, windsurf o kiteboard de olas. Lagoa Redonda, a 19 km de Pirambu, en el litoral norte de Sergipe, es una espectacular laguna circular rodeada de altas dunas, manglares y palmeras, escenario perfecto para la práctica del sandboard.

El kitesurf es el deporte náutico que más se ve junto con el stand up paddle. Se practica en las playas del litoral sur como Aruana, Robalo, Náufragos, Refugio o Praia do Saco. También en Praia de Atalaya, en el centro de Aracaju, o Praia de Atalaya Nova, un poco más al Norte, en la desembocadura del río Sergipe. Además del mar, se disfruta en varios ríos de Sergipe, como el San Francisco, el Real o el Vaza Barris.

El Municipio de Itabaiana contiene los mayores atractivos de ecoturismo del estado: el Parque dos Falcões y el Parque Nacional da Serra de Itabaiana. El primero, a unos 45 km de Aracaju, fue creado para el estudio, reproducción y rehabilitación de las aves de rapiña que habitan el cielo brasileño. Es un lugar muy visitado por turistas, biólogos y otros investigadores. Es una zona de montaña. También hay 12 trilhas (senderos) que permiten conocer la biodiversidad de la mata atlántica y la caatinga. A Sergipe se puede ir todo el año y, tener un vuelo directo semanal brinda una gran oportunidad para volver más de una vez.

Nota completa publicada en revista Weekend 545, febrero 2918.

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